Orador, político, constituyente, parlamentario, dirigente, escritor, periodista, diplomático. Todo esto fue y en todo esto brilló Leonel Aguirre. Han transcurrido seis décadas desde su desaparición física y ese lapso no ha hecho más que provocar aún mayores destellos a partir de aquellos perfiles que marcaron su vida de batalla y que hoy marcan rumbos.
Como dijo Wilfredo Pérez, "Leonel Aguirre transitó por la vida con una solvencia moral e intelectual que conformó una personalidad de primerísima línea en los distintos rubros en los que dejó el rastro positivo de su paso… Político forjado en un hogar donde eran más las dificultades y desilusiones que la alegría y el bienestar por causa de defender ideas de libertad y justicia, contrapuestas a las que provenían de los gobiernos de su tiempo. La actuación partidaria de Leonel Aguirre da la visión de un accionar que mereció respeto y admiración".
Fundó el diario El País junto a Eduardo Rodríguez Larreta y Washington Beltrán, a quienes enseguida se sumó Carlos Scheck, arquitecto económico de la empresa. No eran tiempos fáciles. A menudo el enfrentamiento político significaba jugarse la vida. Por ejemplo, el 13 de enero de 1920 se batió a duelo con el señor José Batlle y Ordóñez, a quien asestó una herida que por muy pequeña distancia no le interesó el corazón. Herida que estuvo a punto de cambiar la historia, ya que tres meses más tarde en duelo a pistola con Batlle, caía exánime Washington Beltrán.
Puede decirse pues que Leonel Aguirre constituyó un verdadero pilar en la historia, cultivando con admirable lealtad el ideal recogido de sus mayores. Por algo Adolfo Tejera dijo: "Creo que él fue el más elocuente e iluminado cultor de las gallardas tradiciones del Partido Nacional. Sus artículos y sus discursos sobre Oribe, Leandro Gómez, Aparicio Saravia, Diego Sa-ravia, Beltrán, Lavandeira, Pampillón y tantos otros héroes del ideal nacionalista, tienen la fuerza evocadora del narrador patriótico y la noble exaltación de la sangre ardiente precipitándose en la fúlgida intención de los conceptos consagratorios".
Sesenta años después de aquel 30 de octubre de 1948 en que se apagó la vida de Leonel Aguirre, no puede menos que evocársele con redoblada emoción ya que su principismo conserva plena vigencia y es un hermoso ejemplo para las juventudes de nuestros tiempos tan agitados como atribulados.