La receta de las instituciones del interior del país

La Federación Médica del Interior (Femi) es una organización que representa gremialmente a unos 2.400 médicos, y reúne a 23 cooperativas médicas del interior del país que asisten en forma directa a 460 mil afiliados. Aproximadamente 6.500 funcionarios están vinculados laboralmente a la cooperativa.

A pesar de que arrojó un déficit de un 1 por ciento, el resultado del último balance de Femi que cerró el 30 de setiembre del año pasado, se consideró equilibrado y con un estado de situación patrimonial también positivo. Pero desde entonces la situación se ha deteriorado.

El próximo balance cierra recién en setiembre, pero en los acumulados hoy encontramos algunas instituciones con un porcentaje de déficit que ronda el 5 por ciento, y percibimos en el conjunto de las cooperativas que la situación se ha ido deteriorando como resultado de la situación del país.

No podemos decir que las cooperativas médicas están a salvo de la crisis. Hemos tenido la posibilidad de resolver las dificultades mejor, pero las causas que afectan al sector son generales.

Ese equilibrio que alcanzamos lo atribuímos a algunos aspectos de la gestión.

Uno de esos aspectos son las retribuciones de los médicos que en el interior se manejan en base a un laudo, a pesar que en el año 93 se diferenció. No pagamos por acto médico. Eso nos ha permitido manejarnos de una manera diferente con buenos resultados. Ese aspecto pesa mucho; las remuneraciones personales, los costos salariales tienen una incidencia muy alta porque estamos hablando de mano de obra calificada. El salario médico promedio es de25 a 30 mil pesos nominales, teniendo en cuenta que en el interior no existe el multiempleo.

El laudo establece la remuneración en base a la función y a la carga horaria. Cuando hablo de esa cifra me refiero al conjunto de los médicos vinculados a las cooperativas de Femi.

Otro aspecto que contribuye a mantener el equilibrio en la gestión es la propiedad de los medios de producción. Así identificamos a algunos servicios; por ejemplo, un equipo de radiología, un servicio de CTI, un laboratorio, un equipo para hacer ecografías, que no están en manos de grupos médicos o de corporaciones sino que son propiedad de la institución. Por lo tanto, cuando la institución realiza una actividad terapéutica no genera un pago de honorarios adicionales, sino que lo maneja dentro de su estructura de costos y forma parte de un servicio más de la institución.

Es más barato mantener el servicio propio que contratarlo. Además se elimina una situación —que muchas veces se ha señalado— en la que pueden existir intereses cruzados.

La organización también está compuesta por una central que compra los medicamentos e insumos médicos para las 23 cooperativas médicas del interior. De esta manera se logra un mejor capacidad de negociación con los laboratorios y lo proveedores en general. Esta es otra forma de controlar los gastos.

Quizás podemos decir también que, como somos instituciones más pequeñas porque tenemos un promedio de 5 mil afiliados por cooperativa, la gestión se hace más controlable.

Ha sido una preocupación constante de la federación formar a los médicos en la gestión de los servicios de salud. A los médicos en la facultad no nos forman para administrar empresas, y esa habilidad tenemos que adquirirla. Desde hace muchos años Femi lleva adelante, en forma permanente, cursos de gestión de gerenciamiento, no sólo para los médicos sino también para los mandos medios no médicos que operan en su estructura.

Pero insisto, todo esto es muy bueno, pero seguramente nos falta todavía muchísimo por mejorar. Si no resolvemos las causas estructurales, y si en la variable ingresos-egresos no hay un equilibrio, por mejores gestores que seamos es imposible hacer frente a las obligaciones.

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