POR G. VECINO
La colorida cultura local dibuja un folklore que hace vibrar las calles, plazas e iglesias.
Apesar de que el departamento de Tarija -vecino a los de Potosí y Chuquisiaca- es uno de los más pequeños de Bolivia, posee un lugar de gran relevancia en su historia nacional. Su capital fue fundada un 4 de julio de 1547 por Don Luis de Fuentes y Vargas, y bautizada en honor de Francisco de Tarija, el primer español en llegar al valle del río Guadalquivir. Poetas, historiadores, viajeros y folletos de la zona comparan a Tarija con la región de Andalucía en España; de hecho, ambas fueron fundadas por un sevillano y lindan con ríos con el mismo nombre: Guadalquivir.
Sin embargo, la influencia española va más allá de estas meras coincidencias: cuando las primeras expediciones llegaron a la zona, la misma estaba habitada por los tomatas -pueblo quechua- con quienes los colonizadores desarrollaron buenas relaciones dando paso a un mestizaje que derivó en los "chapacos". Sus descendientes son campesinos de a caballo, francos y campechanos, con un cierto garbo andaluz y sus mujeres, las "cuñas", visten faldones cortos, mantones con coloridos bordados y sombreros de ala ancha.
Atracciones de la ciudad. Existen algunos imperdibles que permiten trazar una línea histórica a través de edificios y reliquias. El primer piso de la fachada recargada de La Casa de Oro data de finales del siglo XIX y está pintada en colores peltre y dorado mientras que en el segundo nivel, el amarillo y el blanco se combinan con balcones coloniales recargados. La Catedral, por su parte, es muy sobria, con doble campanario, sorprende con la austeridad de su fachada. Se fundó como Iglesia y Colegio Jesuita en 1680 y en 1925 fue elevada a la categoría de Iglesia Catedral. La Plaza Luis de Fuentes es el epicentro de la vida política, social y económica de la ciudad; a su alrededor se encuentran los edificios gubernamentales en el infaltable estilo arquitectónico colonial. Como toda plaza, es un vital punto de encuentro donde escuchar leyendas locales de boca de los más ancianos o disfrutar con los niños que alimentan a las palomas.
La Iglesia de San Roque es digna de visitarse ya que posee un curioso balcón mirador que servía de puesto de vigilancia. Los fieles de San Roque -un popular santo de Tarija- rinden culto a su patrono en este recinto. La Avenida de las Américas que bordea el Guadalquivir está considerada una de las más hermosas de Bolivia y es un popular paseo peatonal. En el camino se puede apreciar la Fuente de los Deseos, con sus aguas que se iluminan al atardecer. En las márgenes de la Calle General Bernardo Trigo se ubican antiquísimas construcciones de dos plantas -con los típicos balcones de madera labrados- que albergan bares, almacenes y tiendas de ramos generales. Otros edificios notables incluyen el Convento Franciscano, cuyo interior es una verdadera colección de arte religioso con piezas estatuarias, pinturas e imágenes sacras. En la misma tónica, la Biblioteca de los Padres Franciscanos sorprende por su arquitectura y su acervo literario que incluye textos sobre las poblaciones autóctonas, registros escritos de la resistencia de las tribus locales a la evangelización, diccionarios chiriguano-castellano y apuntes sobre las lenguas mataco, toba, noctene y cuentos en guaraní, entre otros. Finalmente, el Museo Universitario exhibe en su sección de Paleontología la impresionante cantidad de 700 piezas.
COLOR LOCAL El alma de Tarija es única, dice Jorge Siles Salinas, reconocido hombre de letras de Bolivia; la vida cotidiana de los Tarijeños discurre entre tareas tales como rendir culto a sus santos, ir a misa, encender un sirio sagrado, comer roquetes (una especie de donnut gigante glaseada), cantar el amplio repertorio popular y homenajear una vez por año a San Lorenzo de Tarija -el más importante de los santos locales- con un colorido y casi grotesco desfile de chunchos y cañeros que llevan sus caras ocultas tras coloridos velos, coronados. En Semana Santa, la población revive la Pasión de Cristo brindando un colorido y sentido espectáculo, con tocados emplumados, vestidos con faldas y borlas y soplando larguísimas flautas hechas de caña. De esta forma, Tarija se vive, se saborea y se siente a través de canciones, aromas y sabores que se imprimen de forma indefectible en el recuerdo de sus visitantes.
Paseos por los alrededores. Ubicado a 5km de la ciudad de Tarija se encuentra Tomatas; este complejo de baños naturales está emplazado en la conjunción de los ríos Guadalquivir y Erquis. Posee hermosas playas de río y una zona para camping forestada a la cual se puede acceder por un pintoresco puente colgante. A tan sólo 100m se encuentra el pueblo vecino de Tomatitas.
San Lorenzo, por su parte, se emplaza a 16km de Tarija y posee encantos arquitectónicos que datan de la época de la colonia entre los que se cuentan los clásicos balcones labrados en madera y calles empedradas con adoquines. En sus alrededores abundan los establecimientos lecheros y campos de cultivo; sus artesanías y cocina autóctona son verdaderos imanes para el turismo. La principal atracción del pueblo es la Casa Museo de Eustaquio "Moto" Méndez, líder revolucionario y comandante del movimiento independentista que luchó en La Tablada por la independencia de Bolivia. El interior del edificio de 2 plantas se conserva en el mismo estado que cuando Méndez lo habitaba. Las festividades locales más importantes son la Fiesta de San Lorenzo, el 10 de agosto y la Pascua de las Flores, donde es posible ver toda la ciudad adornada con un tipo de rosa local. Los Chorros de Jurina son dos cascadas gemelas de casi 40m de altura, inmersas en un paisaje de ensueño a tan solo 21km de Tarija. Finalmente, el Valle de Concepción es el mejor lugar para visitar viñedos y probar los tan reputados vinos tarijeños. Queda a 36km de la ciudad y el momento ideal para conocerlo es en las fiestas de la vendimia entre febrero y marzo.