"Es que los hombres también lloran"

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Miguel Ángel Moratinos se despidió de su cargo como canciller español con lágrimas en los ojos. "Es que los hombres también lloran", les dijo a sus compañeros socialistas sobre sus lágrimas en el Congreso de los Diputados. El escritor Arturo Pérez-Reverte lo criticó en su Twitter y el tema ganó los microblogs. Hilario Sáez, miembro del movimiento Hombres por la Igualdad sostuvo: "Lo que no nos permiten enseñar a los hombres es la vulnerabilidad. El mundo masculino es un mundo de depredadores. Se pueden mostrar sentimientos pero en la dirección socialmente aceptada". ¿Cómo gestionan los hombres sus sentimientos? ¿Cada vez se acepta mejor el llanto masculino en público? ¿Y la expresión de otras emociones? ¿El cambio ha llegado a la política?

EL PAÍS DE MADRID

"La gente me observa. Aun así lloro. Tengo el hombro de Dios para llorar. Y lloro mucho. Lloro mucho en mi trabajo. Apuesto a que he derramado más lágrimas de las que usted puede contar". Con esta naturalidad contaba en una biografía el entonces político más poderoso del mundo, George W. Bush, su facilidad para el llanto.

Hace pocos días, Miguel Ángel Moratinos abandonó su cargo de ministro de Relaciones Exteriores con lágrimas en los ojos. Y el escritor Arturo Pérez-Reverte lo criticó: "Por cierto, que no se me olvide. Vi llorar a Moratinos. Ni para irse tuvo huevos", escribió el novelista en su Twitter.

Y claro, los internautas reaccionaron. Noventa y tantos lo rebotaron de inmediato. Y él respondió a las dos horas: "No se es menos hombre (hablamos del ministro Moratinos) por llorar. Nadie habla de eso"; "A la política y a los ministerios se va llorado de casa" o "Moratinos, gimoteando en público, se fue como un perfecto mierda".

Y el tema se convirtió en la sensación del momento en la red de microblogs. La tradición pesa. Ya lo decían The Cure en Boys don`t cry o Miguel Bosé en Los chicos no lloran. Y mucho antes, según una leyenda, se lo dijo a Boabdil su madre cuando abandonaban Granada tras la derrota: "No llores como una mujer por lo que no has sabido defender como un hombre".

La tradición pesa, ahí está Pérez-Reverte, pero las actitudes cambian.

Erick Pescador Albiach, sociólogo experto en cuestiones de género, da un ejemplo de un grupo de discusión con adolescentes varones de 13 a 16 años. "Reconocen que lloran, que lo hacen en presencia de amigos, por ejemplo. Y que lo admitan, que lo digan ante otros chavales... era impensable hace 10 años", asegura. "Lloran pero con límites ¿eh? El límite era que los demás les consideren blandengues, mariquitas", cuenta.

Persiste el miedo a parecer menos hombre. El reto para Pescador es "conseguir que los chavales se liberen del miedo a sentir, porque así serán más libres, porque las emociones no debilitan a los hombres sino que les fortalecen". Este experto opina que el que un varón exprese en público ciertos sentimientos está mejor visto hoy, siempre y cuando la gente que representa el modelo de poder tradicional masculino -como Pérez-Reverte", dice- no se sienta amenazada.

Moratinos es solo el ejemplo más reciente. "Es que los hombres también lloran", les dijo a sus compañeros socialistas sobre sus lágrimas en el Congreso de los Diputados.

Ahí van unos cuantos ejemplos que han dado la vuelta al mundo: el brasileño Lula da Silva lloró sin consuelo cuando Rio de Janeiro ganó los Juegos Olímpicos de 2016. Y no pudo contener el llanto por dos veces en una entrevista televisiva. "Creo que estoy mayor", comentó al final. Un lagrimón sobre la mejilla de Bush hijo, en el homenaje póstumo a un héroe de una guerra, la de Irak, que él empezó -un uniformado que se echó sobre una granada para salvar a sus compañeros- fue portada en 2007. Barack Obama lo hizo al recordar a su abuela Madelyn, muerta horas antes, justo la víspera de ganar las elecciones. El príncipe Federico de Dinamarca no paró de llorar el día de su boda; por fin se casaba con Mary Donaldson, que no derramó una lágrima.

El llanto, en la victoria y también en la derrota (y esto es menos frecuente en el deporte), es una seña de identidad del tenista Roger Federer. La Copa del Mundo convirtió a Iker Casillas en un mar de lágrimas. El presidente afgano, Hamid Karzai, lloró hace menos de un mes en un discurso televisado al explicar que si el país se pone aún más peligroso quizá tenga que enviar a su hijo Mirwais, de tres años, a vivir al extranjero. O el entonces primer ministro libanés, Fouad Siniora, en una reunión de ministros árabes en Beirut en plena guerra contra Israel. Y la lista sigue.

"Debemos normalizar y no montar el espectáculo cuando un ministro llora al irse", argumenta Gaspar Hernández, periodista, escritor y presentador del programa Bricolaje emocional de la catalana TV3. Y explica por qué: "Porque cuando se está triste se llora. Y si se está alegre se ríe".

Puede sonar a obviedad pero se ve que no lo es. Explica que contener el llanto "es cultural`. "Es reprimir una emoción. Y para tener salud emocional es necesario gestionar y canalizar las emociones de modo adecuado". Sostiene que los españoles tienen mucho que mejorar. E insiste: "No somos menos hombres por llorar ni somos más hombres por insultar o usar violencia verbal".

Frente al ejemplo de Federer, quien a ojos de muchos es entrañable por su llantina, este periodista recuerda el ejemplo de John McEnroe, que hacía exhibicionismo de su ira mal canalizada al destrozar raquetas. Advierte que una cosa es llorar cuando te lo pide el cuerpo y otra muy distinta es "exhibir las emociones sin sentido". Pone de ejemplo al casi eterno presidente del Barca, Josep Lluís Núñez, "que convirtió el llanto en una marca de la casa, que lloraba para hacerse querer más. Y esa ya no es una gestión correcta de las emociones".

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