Hecha la ley, hecha la trampa, según reza el dicho popular. Eso le puede caber a la actitud de los senadores y diputados en el Parlamento, la mayoría de quienes se saltea sin problemas la disposición presidencial y fuma -o permite hacerlo- en su despacho del Palacio Legislativo, bajo el argumento de que "es un ámbito privado", como "la casa de cada uno".
La cosa es rigurosa para la bancada del Frente Amplio, la más numerosa, cuyos integrantes respetan estrictamente la orden presidencial. Algunos de ellos, directamente, han dejado de fumar. Legisladores confiaron a El País que han ordenado a sus asistentes que en la secretaría no fumen.
Cuando se transitan los ambulatorios de ambas Cámaras, antes atestados de nicotina en el aire, lo que convertía la acción de caminar en un ir y venir atravesando una "nube tóxica", se ven las diferencias. El aire es más puro ahora, cuando hace casi un año que están en vigencia las directivas -luego apoyadas legalmente- prohibiendo que se fume en los espacios públicos.
EN CASA. A mediados del año pasado, luego que en mayo el presidente Tabaré Vázquez lanzara su campaña frontal contra el tabaco, el Palacio Legislativo fue escenario de un ciclo de conferencias sobre la incidencia del tabaquismo en la salud. El experto estadounidense Thomas Glynn brindó en esa ocasión algunos datos acerca de los resultados del hábito de fumar. En el mundo fuman 1.000 millones de personas. Actualmente mueren cinco millones por año por culpa del tabaco, y en el 2030 esa cifra aumentaría a 10 millones, de los cuales el 70% serán de los países más pobres. En el siglo pasado murieron 100 millones de personas por esta causa y en éste van a morir 1.000 millones. En los países más pobres, los fumadores gastan el 20% de sus ingresos en tabaco.
Muchos legisladores asistieron a ese evento pero continúan permitiendo fumar en sus despachos. La ex presidenta de la Cámara de Representantes durante 2005, Nora Castro, permitía que en las oficinas de Presidencia los jerarcas -como el secretario del cuerpo, Martín Dalgalarrondo- fumaran, algo de lo que fueron testigos los propios periodistas.
Conscientes de su responsabilidad, es habitual ver a los funcionarios legislativos en la puerta de calle, fumando solos o en ronda.
O incluso bajan al subsuelo, donde hay un patio abierto. Esta salida los ha dejado conformes, según explicaron a El País, pero el problema se presenta cuando llueve: no queda otro camino que sacar el brazo por la ventana y pitar para afuera, aunque el viento hace que el humo termine entrando igual.
En los balcones de cada piso del edificio anexo, que dan sobre la Avenida de las Leyes, se concentran los funcionarios y también algunos secretarios de legisladores para descargar sus ansias de nicotina.
De todos modos, debido al humo, ingresar a un baño del tercer piso del edificio es como caer en una tenebrosa calle de la Londres victoriana.
CONFESIONARIO. En tiendas nacionalistas, aunque son bastante pocos los que se mantienen fumando, se reconoció a El País que eso es así más por una cuestión de "convicción personal" que por estar de acuerdo con la política impartida por el Presidente.
Los colorados aplican el criterio restrictivo con otra filosofía: autorizan a quien llega a fumar en los despachos, al fin y al cabo porque admiten que cuando una persona va a hablar con un diputado o senador asiste a "un confesionario" y el cigarrillo estimula la franqueza en la charla mano a mano.
Cumplidores
Los legisladores frentistas acatan el mandato
que nació
desde la
Presidencia