En cantegril de Malvín Norte acusan de abuso a coraceros

| Desde la noche del lunes mismo, se realizan operativos para controlar la identidad. La fuerza niega los excesos

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Como este cantegril está quemado, vienen gente de otros lados a robar en el puente del arroyo Malvín. Después corren por los pasillos de este asentamiento", dijo Ricardo Ursi (24), quién vive de juntar cartones y retirar escombros.

Por lo menos tres pasillos "cortan" el cantegril del puente del arroyo Malvín. Se trata de espléndidas vías de escape en caso de ser perseguido.

Esos pasajes, que soportan el paso de una persona y poco más, son utilizados por rateros que huyen, tras cometer arrebatos sobre el puente, según testimonios de los moradores del asentamiento.

Comienzan en Hipólito Irigoyen. Zigzaguean entre unos ranchos y desembocan en Candelaria. Al otro lado de esa calle, salen otros pasajes que finalizan en Everens.

Al costado del cantegril, fluyen las aguas oscuras y sucias del arroyo. Cuando llueve, el cauce se desborda y amenaza con llegar hasta los ranchos.

A unos 50 metros del puente, ya en los límites del complejo Euskal Erría 70, se encuentra el escenario del incidente ocurrido el lunes 22 entre el agente C.H.R.T. (31) y seis adolescentes

La balacera, efectuada por el policía, culminó en el homicidio de Santiago Yerle (18) y los restantes jóvenes resultaron con heridas de bala de distinta entidad. El policía fue remitido al Comcar por seis delitos de homicidio, cinco de ellos en grado de tentativa.

Ricardo Ursi señaló que los ladrones que asolan en el puente pertenecen a un cantegril ubicado detrás de la cancha de Danubio, al final de las calles 101 y 102.

"También vienen delincuentes que viven en los apartamentos (de Euskal Erría 70) y hay dos o tres de acá", dijo

Beatriz Sosía, una ama de casa de 26 años, coincidió con Ursi al afirmar que los rateros "roban en el puente y se meten por acá. Todos los días los veo pasar corriendo".

"Los ladrones de este cantegril son conocidos por la Policía. Sin embargo, se llevan a los que no tienen que llevar o pegan a los inocentes", dijo.

Los rateros prefieren golpear de mañana temprano. A la hora que muchos residentes de Euskal Erría se dirigen a sus trabajos. Los arrebatos son los delitos más comunes.

El chapista Angel Ramón Casas (50), quién vive sobre el pasaje que une Candelaria con Everens, explicó que los ladrones que usufructúan los pasillos "son ‘chorros’ de otros lados" que utilizan estos "piques" (salidas).

Agregó que también ocurre que "hay gente que roba" en las viviendas de Euskal Erría y "raja para este lado".

ROCES. Todos los entrevistados que viven en el cantegril "del puente" criticaron el patrullaje de los coraceros, a quienes acusaron de provocarlos con insultos, gestos y realizar propuestas obscenas a las mujeres.

El obrero de la construcción Walter Leivas (34) explicó que los coraceros buscan provocar "mirando de pesado. Me pregunto qué pasaría si el muerto hubiera sido un policía. Nos darían palos".

Perla Olivera (20), quién trabaja cuidando niños, coincidió con Leivas. "La Policía pretende hacer cumplir con la ley, pero no se pueden controlar a ellos mismos. De día, los coraceros actúan en forma ‘light’. Mientras que, de noche, buscan el enfrentamiento", expresó.

El mayor Raúl Guarino, jefe de la Guardia de Coraceros, dijo a El País que su unidad "trata de modernizarse" y actúa "con respeto" hacia el ciudadano sin importar su clase social o posición económica.

Buena relación con el complejo

A partir del lunes 22, cuando ocurrió el incidente donde cayó Yerle fulminado de cuatro balazos, mucho se habló de la relación entre los vecinos del Euskal Erría 70 y el cantegril "del puente".

Varios residentes del complejo sindicaron a los habitantes del cantegril como los culpables de la inseguridad existente en la zona.

Además, afirmaron que los niños y adolescentes del asentamiento habían "copado" en estos días la plaza de deportes de Euskal Erría.

En cambio, otros destacaron que fueron habitantes del cantegril quienes primero llamaron a la ambulancia para atender a los adolescentes heridos por las balas del agente C.H.R.T.

Alexandro Fernández (24) es propietario de un pequeño kiosko y hace changas como jardinero.

"La relación con la gente del complejo es buena. Hay personas que discuten o se insultan. Pero no es algo de todos los días", dijo.

Marisa Rodríguez, una ama de casa de 31 años, explicó que "es injusto" que residentes del Euskal Erría 70 diga que "esta es una zona roja. Somos gente pobre, pero no robamos".

Rodríguez vive en uno de los pasillos que une Hipólito Irigoyen con Candelaria.

"Por acá se ven cada caras que dan ganas de salir corriendo", advirtió.

Una opinión muy distinta tiene el chapista Angel Ramón Casas. Desde hace tiempo, agregó, los propietarios de las viviendas "quieren sacarnos. Ese es un problema que se arrastra desde hace varios años".

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