Las políticas de empleo tienen, a grandes rasgos, dos objetivos básicos: cantidad y calidad. Cantidad significa que en el mercado de empleo haya suficientes puestos de trabajo para satisfacer la demanda de los adultos que quieren trabajar. En términos sencillos, que no exista desempleo o -dado que esto es una utopía-que el desempleo sea bajo. Calidad significa muchas cosas. Desde el salario y la cantidad de horas de trabajo, hasta las percepciones subjetivas (es decir, cómo se "siente" el trabajador respecto a su empleo).
Los gobiernos deben preocuparse por ambos componentes de la ecuación y el gobierno uruguayo actual, en particular, ha apostado en ambos frentes. Se ha propuesto reducir el desempleo tanto como mejorar las condiciones de los trabajadores.
En el primer frente no ha habido resultados significativos por el momento. El anuncio esta semana de una reducción en los niveles de desempleo en el mes de febrero está afectado por una disminución de la cantidad de gente que busca trabajo (de hecho, la ocupación también cae), y por un efecto zafral producto de la "temporada" veraniega. Pero ya se sabe que estas cosas llevan tiempo.
En el segundo frente el gobierno ha hecho cambios importantes, que han mostrado una intención clara de volcarse más hacia el lado de los trabajadores de lo que estaban los gobiernos anteriores. La convocatoria de los Consejos de Salarios (hace casi un año) fue el primer movimiento importante en esta línea, y fue aprobado mayoritariamente por los uruguayos (ver nota de Equipos MORI en El País del día 12 de junio de 2005), tanto por quienes habían votado a Vázquez como por quienes no lo habían hecho. El intento de reglamentar las ocupaciones fue, en cambio, mucho menos aceptado. Los incidentes en torno a la curtiembre Naussa, independientemente de responsables y culpables, dejó en la opinión pública una sensación de que en torno al tema "algo andaba mal".
PREOCUPADOS. ¿Cómo le está yendo hoy al gobierno en esta lucha por la calidad del empleo? El artículo de Equipos MORI de hoy, preparado en exclusividad para el diario El País, se centra en uno de los indicadores básicos de percepción sobre calidad de empleo, que es el nivel de estabilidad percibido por los trabajadores respecto a su trabajo.
Si las personas sienten su empleo seguro esto es un indicador de un empleo de calidad, y obviamente beneficia al propio trabajador, pero también tiene consecuencias que van mucho más allá. Un trabajador que considera su empleo seguro, y no teme perderlo en el corto plazo, planifica mucho más eficientemente su economía familiar. Si considera estable su nivel de ingresos, puede asumir niveles de gasto mayores en pagos a plazos y empujar de esta forma el consumo interno. Los niveles de seguridad "percibidos", entonces, implican bastante más que una simple sensación subjetiva que afecta sólo al trabajador, y por eso es tan importante para los gobiernos.
Equipos MORI consultó a los uruguayos trabajadores mayores de 18 años residentes en todo el territorio nacional, cuán preocupados estaban por perder su empleo en los próximos meses, un indicador clásico a nivel internacional para el estudio de estos temas: 23% dijo que se sentía "muy preocupado", 22% "bastante preocupado", 21% "poco preocupado", y 33% "nada preocupado". Si se agrupan las dos primeras categorías como respuestas que reflejan inseguridad, y las últimas dos como reflejos de seguridad, a pesar de que las respuestas se dividen casi en mitades se inclinan algo más hacia el lado de la seguridad (45% inseguros y 54% seguros).
La mayoría de los estudios sobre empleo ha mostrado que existe una relación fuerte entre los niveles educativos de las personas y otras dos variables: la posibilidad de conseguir trabajo y los niveles promedio de remuneración. En buen romance que, a grandes rasgos, a mayores estudios mayores posibilidades de tener trabajo, y además sueldos más altos. ¿Cómo afecta el nivel educativo la percepción de seguridad en el trabajo? En la forma esperada: a medida que aumenta la educación de las personas, los temores de perder el empleo disminuyen. Estudiar parece "buen negocio" entonces, también desde la óptica de la "tranquilidad" laboral.
Otra de las variables que segmenta habitualmente los mercados de empleo es la edad. Y se tiende a pensar que los empleos entre los jóvenes son menos estables que los del resto de la población. En este caso, los resultados del trabajo van en sentido inverso a lo que se podría esperar de la premisa anterior: los jóvenes son menos temerosos de perder sus empleos, y este temor aumenta conjuntamente con la edad. Parte de estos temores crecientes con la edad pueden implicar no sólo percepciones sobre las "probabilidades" reales de perder el empleo, sino también reflejar niveles de preocupación por qué ocurriría si se pierde el empleo.
COMPARACION. Los resultados actuales muestran que los niveles de preocupación de los uruguayos por sus empleos, no siendo malos, distan bastante de ser los ideales. La comparación internacional reafirma estas percepciones iniciales.
Por un lado, datos del Latinobarómetro de 2005 muestran que Uruguay es, después de Venezuela, el país de América Latina y el Caribe con menores niveles de percepción de inestabilidad laboral. Desde esta óptica, la comparación resulta satisfactoria para nuestro país. Por cierto, los niveles de 2005 son algo más altos que los actuales. A pesar de que las metodologías de relevamiento no son estrictamente iguales, los resultados sugerirían que ha habido una moderada mejora entre 2005 y 2006 .
Sin embargo, datos de la consultora ACNielsen muestran que los niveles de estabilidad laboral percibidos en los principales países europeos superan a los nuestros. En el promedio, los europeos que consideran a sus trabajos inseguros son el 35% (20% menos que los uruguayos). En algunos países la distancia con nuestra realidad es muy amplia. En Suecia y Dinamarca, por ejemplo, casi siete de cada diez (68%) consideran su trabajo seguro. Pero en algunos países del sur de Europa, la distancia es menor. En España, los trabajadores preocupados por perder su trabajo son casi tantos como los nuestros (40%).
En los Estados Unidos la realidad es muy diferente. Estudios de Gallup muestran que, sistemáticamente, desde 1975 hasta ahora, los norteamericanos que temen perder su trabajo son menos del 20% (y, particularmente en 2006, son apenas el 10%).
El 60% siente desprotección legal
El gobierno uruguayo también ha implementado un conjunto de medidas que apuntan a dar señales de "protección" a los trabajadores. No necesariamente mediante la generación de nuevas leyes sino también a partir de la aplicación de las normativas vigentes. Uno de los ejemplos de mayor notoriedad tiene que ver con la regulación de la situación de las trabajadoras del servicio doméstico, donde el gobierno ha dado mensajes claros de preocupación por este vasto sector del mercado de empleo.
Pero, en términos generales, ¿cuán protegidos se sienten los trabajadores uruguayos por las leyes laborales de nuestro país? Esta fue otra de las preguntas que Equipos MORI les realizó en el marco de este estudio.
Los resultados muestran que poco más de uno de cada tres trabajadores (35%) dijeron sentirse "muy" o "bastante" protegidos, mientras una amplia mayoría (60%) manifiestan sentirse "poco" o "nada" protegidos por las leyes laborales vigentes.
Sin embargo, también en este indicador la comparación latinoamericana nos muestra como "los campeones del barrio", superando en mucho a todos nuestros vecinos, incluso a los más desarrollados.
No en vano el ex Ministro de Trabajo chileno, recientemente de visita en Uruguay, manifestó que, más que enseñarnos sobre legislación laboral, deberían venir a aprender de nosotros.
Pero, aun así, los resultados están muy lejos del ideal, y sugieren que en este campo el gobierno todavía tiene mucho por hacer.
Ficha técnica
Los resultados y el análisis presentados en el presente artículo fueron elaborados especialmente por Equipos MORI para El País, sobre la base de su sistema regular de medición de Opinión Pública y su Banco de Datos. En la última encuesta fueron entrevistadas 700 personas de 18 años y más de edad en zonas urbanas de todo el país entre los días 11 y 18 de febrero de 2006. Las personas encuestadas fueron seleccionadas del total en base a una muestra probabilística de hogares. El margen de error esperado es de +-3,7% para el total de la muestra, con un 95% de confianza. En los casos donde se presenta información para un segmento específico de la población el margen de error es mayor. Los resultados presentados pueden no sumar exactamente 100 debido al redondeo.