Juan Miguel Petit
De quijotesca historia, "El Quijote de Tasende" empezó a gestarse cuando Adela Neffa, que hoy tiene 83 años y vive en un apartamento frente al mar, "defraudó" a su familia y no se dedicó a cocinar, coser y ser ama de casa sino a crear insólitos seres con los más diversos materiales que pudo encontrar. Así, como una niña que garabatea su imaginación en una hoja de cuaderno, dio vida a peces, aves, dinosaurios, payasos, gatos, mujeres con sombrillas. Pero los hizo en arcilla, piedra, yeso, portland, aluminio o bronce.
A su momento, también le llegó la edad de hierro, todo un descubrimiento, y para dominarlo a su antojo terminó llendo a la Escuela Industrial a aprender a soldar junto a los muchachos que se preparaban para ingresar en talleres mecánicos. Con el duro metal sometido, en los años 70 empezó a crear varios Quijotes. Para eso recorrió chatarrerías rebuscando restos de motores, barcos o bicicletas. De esa masa informe salida de perdidos desguazaderos nacieron cinco hidalgos que partieron con rumbos diversos: uno terminó en la calle La Paloma de Punta del Este, otro en Colonia, otro en Durazno, uno en Argentina y el último en el Bar Tasende, en San José y Florida.
Este Quijote de clavos, cadenas de bicicleta, escoria de metales, roldanas, encastres y cilindros, tiene más de tres metros de alto, por lo que ha sido más fácil refugiarlo entre las charlas de un bar que dejarlo libre por ahí. Lo que no evita sus andaduras. Como es desmontable, hace poco lo llevaron al local del Centro Cultural de España en la Ciudad Vieja con motivo de los 400 años de la publicación de la novela de Cervantes. También le han llegado otras invitaciones, incluso para exposiciones y actos oficiales, y no han faltado los interesados en comprarlo. Pero se sabe que eso con este caballero no es fácil.
Su actual dueño, José Luis Tasende, dueño del bar homónimo que heredó de su padre, Jesús Tasende, dice que "ya esta bien", basta de salidas por ahora. Tolera, sí, que turistas y curiosos se saquen fotos junto al duro hidalgo.
Hoy es fácil encontrar al Quijote de Tasende. Porque en Montevideo hay uno solo y siempre está ahí. Y porque bar Tasende también ahora hay uno solo. Porque hubo una época en que los hermanos Tasende (padre y primos de Jose Luis) llegaron a tener unos veinte bares en Montevideo, que competían entre sí con el nombre más allá del afecto familiar. Tanto que una extraña lid futbolera sesentista llegó a enfrentar a dos equipos con las enigmáticas denominaciones de "Jesús Tasende no tiene sucursales" y "Tasende siete sucursales".