Dupla brasileña ganó la travesía de autos clásicos

Con un Hudson de 1951 que trajeron desde Porto Alegre

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El brasileño Rogério Franz, al volante de un robusto Hudson del 51 y con Mario Nardi como tripulante, se llevó la victoria en la X Semana Internacional del Automóvil Sport & Clásico, y ayer al mediodía recibió el máximo galardón de la competencia en la ceremonia de premiación que tuvo lugar en el Hotel San Rafael.

El Hudson, cuya carrocería beige sobresalía por su corpulencia entre otros modelos más delicados o vistosos que participaron de la travesía rutera, también se adjudicó el primer premio en su categoría (Contemporáneos III),

Álvaro López y María Laura Más, habituales participantes en pruebas de autos sport e históricos como el "19 Capitales" o las "Mil Millas", ganaron la categoría Contemporáneos II con un Porsche 911 de 1975 y quedaron segundos en la clasificación general.

En tercera posición, y primeros en la categoría Contemporáneos I, quedaron Jorge Sanguinetti y Mayra Tebot, a bordo de un Alfa Romeo GT Bertone.

Los argentinos Antonio Millé y María Isabel Sorondo, con un reluciente Vauxhall de 1927, vencieron en un duelo singular al Packard uruguayo de 1928 tripulado por César Gutiérrez y Christ Atkinson, únicos dos competidores que se disputaban la categoría que agrupa a los modelos vintage y de posguerra.

Franz y Nardi comentaron que ésta "fue la primera vez que competimos en la Semana Internacional", y que trajeron su Hudson "desde Porto Alegre, por carretera" especialmente para participar en la prueba.

La travesía de los vehículos clásicos constó de seis etapas por carreteras de la costa y rutas de sierra, a lo largo de tres jornadas.

Los pilotos recorrieron los paisajes y balnearios de Maldonado, Canelones, Lavalleja y Rocha, en un desfile de antigüedades que concitó la curiosidad de los veraneantes.

Daniel Cabeda, director de la prueba, explicó que este tipo de competencias automovilísticas "son más un encuentro de camaradería que una carrera".

Ese carácter era el que primaba ayer a las dos de la tarde en el San Rafael durante el almuerzo que precedió a la entrega de premios y plaquetas a los participantes.

Las vistosas máquinas, aún relucientes, permanecían silenciosas en el parking del establecimiento, reponiéndose de tres días de zarandeo.

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