De gerente en Miami a vivir en la calle

Inmigración. En una redada fue detenido con los papeles "en trámite" Estuvo preso tres meses y devuelto a Uruguay en enero de 2011 Nunca pudo recuperar sus bienes, y aquí no tiene a nadie | Inmigración. "Cada día que pasaba en la calle atentaba contra mi persona (...) Nunca había vivido la discriminación" Después de 3 meses consiguió una "changa" como ladrillero y un galpón para vivir

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GASTÓN PÉRGOLA

Se fue a EE.UU. en 1994, con 25 años. Empezó en una panadería, fue gerente de la cadena de tiendas K-Mart y hasta abrió una empresa. Sin papeles, fue detectado por Migración y deportado. Llegó a Uruguay con US$ 3 y ahora vive en la calle.

"Es una pesadilla. Quiero salir de esto. Me ha calado hondo en mi corazón y en mis huesos". Esas son las palabras que el uruguayo Sergio Medina, de 41 años, encontró para resumir lo que ha vivido desde el 9 de enero de este año, cuando un avión lo "aterrizó" en el Aeropuerto de Carrasco, como un deportado de los Estados Unidos.

Llegó de Miami con lo puesto, más US$ 3 en el bolsillo y la llave de su auto Toyota Corolla, (que quedó en U.S.A., claro). Allá también quedó su familia (la madre y dos hermanos) y el paso del tiempo hizo que acá, en Uruguay, cada puerta que golpeara, la abriera una cara desconocida.

"Me bajé y lo primero que dije es `para dónde voy, qué carajo hago ahora`. No tenía nada. Familia, ni amigos. Hacía mucho me había ido de Uruguay. Nunca pensé que fuese tan difícil salir adelante acá", dice al tiempo que acaricia a uno de los perros que lo rodean, sentado al frente de un galpón que le prestaron como techo, mientras hace una "changa".

Es que su vida cambió radicalmente. Hasta octubre del año pasado vivía a una cuadra de la playa, en "la Collins", la avenida principal de Miami Beach. Tenía su auto, apartamento, trabajo y novia, además de los papeles "en trámite" para documentarse.

Así como Sergio, entre 20 y 30 uruguayos por mes son deportados desde el extranjero, aunque la inmensa mayoría proviene de Estados Unidos, según las consultas que llegan a la oficina del Ministerio de Relaciones Exteriores de Uruguay.

En estos cuatro meses en Montevideo, Sergio -que escribe y habla inglés a la perfección, es técnico en Informática, tiene Secundaria completa y varios cursos de Marketing encima, entre otras ricas experiencias laborales en EE.UU.- trabajó de cuidacoches, vendió lentes en la calle, colaboró en la refacción de una casa y ahora hace changas en un horno de ladrillos en Manga.

"¡Qué lujo este país! Tenemos cuidacoches que hablan inglés y llegaron lejos en otro lugar. Pero acá no pueden encontrar un trabajo como la gente. Y el hombre solo quiere trabajar. Nada más ¿Lloramos o reímos?", bromea uno de sus compañeros ocasionales de "changa", mientras le palmea la espalda.

Sergio baja la cabeza y se limita a decir que solo quiere un empleo. "Desde que llegué estoy desesperado. Estoy dispuesto a trabajar de cualquier cosa. No quiero nada gratis. He conseguido changas, pero quiero salir adelante de nuevo y lo que me falta es una oportunidad laboral constante. La verdad, no pensé que fuera tan difícil", se lamenta el uruguayo.

No contar con un contacto en el país, lo atribuye como el principal problema. "Cuando llegué a Uruguay se me vinieron nombres a la cabeza de amigos. Caminé, caminé, me fui arrimando a donde recordaba que vivían, pero ya no quedaba nadie allí. Fue una fea sensación", resumió.

También explicó que se dirigió al Ministerio de Relaciones Exteriores para que le ofrecieran algún plan de "reinserción social". Pero no tuvo la suerte que esperaba.

"Creía que allí tenían algún plan de reinserción a la sociedad. Pero no. Me dijeron que vaya al Mides (Ministerio de Desarrollo). Fui, me ayudaron a sacar la cédula y quedé en una lista de espera. Pero justamente, yo no podía, ni puedo, esperar. Quiero trabajar ahora", relató con preocupación.

IDA Y VUELTA. Sergio fue el último de su familia en emigrar a Estados Unidos. Después de la ruptura del matrimonio de la familia Medina, la situación económica se complicó. La primera en irse fue su hermana. Al tiempo se llevó a su madre. Y luego a su hermano.

"Me quedé yo solo acá como 4 años. Mi familia ya se había ido toda. No tenía urgencia por irme, porque estaba con mis cosas, me iba bien, aunque sabía que tarde o temprano me iba a ir", narra. En 1994, con 24 años, un amigo le "consiguió" una visa por US$ 100 y marchó a lo de su hermana, en Detroit.

Su primer empleo fue en una panadería. "Hacía de todo, trabajaba cerca de 15 horas por día. Cuando llegué no hablaba inglés, no tenía amigos, estaba para trabajar. Para mejor, empecé a ver plata, y más quería trabajar", recuerda. A los dos años se independizó y cambió de rubro. Esta vez, en una empresa de limpieza, que tenía como cliente exclusivo a la cadena de tiendas K-Mart, en Detroit. Allí empezó "barriendo" y terminó como jefe de cuadrilla, debido a su buen manejo del inglés para tratar con los estadounidenses, además del español para dirigir a los inmigrantes. Fue así que en el contacto diario con los encargados de las distintas áreas de K-Mart se fue haciendo conocer, hasta que le ofrecieron trabajar como gerente de la sección lácteos.

"Les conté que no tenía papeles. Pero me tomaron igual. Valoraban que trabajara sin mirar la hora. Yo estaba loco de la vida. Tenía recibo americano, descuento de sueldo. Me dieron un número social trucho que estaba activo, la empresa hacía la vista gorda, y yo podía trabajar sin problema", afirma. Con US$ 15,25 la hora (casi $ 3.000 por día) su nivel de vida fue mucho mejor. En el año y medio que estuvo allí se capacitó en cuanto curso de marketing y Servicio al Cliente hubiera.

Al año y medio empezó a sacar cuentas y decidió abrir su propia empresa de limpieza. Invirtió sus ahorros, compró máquinas y se hizo de un contrato para limpiar tres establecimientos de K-Mart. Después del 11 de septiembre de 2001 paró la empresa, ya que los controles se habían endurecido y él tenía empleados inmigrantes. Volvió a K-Mart, donde estuvo 5 años, hasta que finalmente, en 2007, decidió relajarse y buscar su lugar en el mundo: Miami.

Con una carta de K-Mart se dirigió a un supermercado en Miami, de menor dimensión, y consiguió empleo.

"Estaba muy contento allá, todo el año verano. Me encantaba, vivía a una cuadra de la playa. Descubrí que era mi lugar en el mundo", expresó con la mirada perdida.

Pero ese paraíso no iba a durar para siempre.

Una mañana de octubre de 2010, mientras trabajaba en el supermercado, llegó una camioneta de Migración. La suerte estaba echada.

"Me preguntaron mi situación. Si les inventaba algo podía ser peor, entonces les dije que estaba trabajando desde hacía años allá y que mis papeles estaban en trámite, lo que era cierto. Les mostré incluso comprobantes, pero la respuesta fue tajante: `Lo lamento, deberá esperar afuera a que le den los papeles. Pero no en Estados Unidos`. Me sacaron y punto", cuenta Sergio.

Del supermercado se lo llevaron directo a un centro de reclusión, donde estuvo detenido tres meses, con miles de inmigrantes de todas partes. Durante su estadía en la cárcel se contactó con el consulado en Miami, que ofició de nexo con la familia, con la cual hacía tiempo no mantenía contacto.

Pero nada se podía hacer para revertir la situación.

"Yo quedé shockeado. Buscaba pensar cómo podía revertir esa situación. No esperaba nunca terminar así. Jamás. Yo trabajaba y vivía bien. Fue y es muy doloroso lo que viví", se lamenta Sergio.

De golpe y porrazo (en enero de este año) Sergio se encontró durmiendo en la plaza del Hospital Pasteur (en el barrio Unión), comiendo de las volquetas y haciendo changas. Fue buscando ayuda, pero al no encontrarla su situación empeoró. Hoy le dieron un techo provisorio para dormir. "Estuve arriba y ahora abajo, pero yo quiero salir de acá y lo voy a lograr".

"Crueldad"

El Estado de Nueva York deporta a un uruguayo por semana, mientras que Nueva Orleans a tres por mes, según los datos proporcionados por los cónsules de ambos estados. El aumento de los controles en la frontera con México y las inspecciones a empresas que emplean a inmigrantes, provocaron 80 deportaciones de uruguayos a diciembre del año pasado.

n A juicio del director de Migración, José Chavat, Uruguay es "humanista". "Nos preocupamos por la gente que entra al país en situación de necesidad e indocumentada, tanto jurídica como humanamente. En otros países actúan con crueldad y a los ilegales se los expulsa sin más, no importa si es una persona de bien. Y son los mismos países que después vienen con expertos a darnos charlas y lecciones sobre derechos humanos", dice tajante Chavat.

La desesperación de empezar a desfigurarse y el miedo de la calle

"Desde que llegué a Uruguay empecé a darme cuenta que tenía una lucha contra el tiempo. Cada día que pasaba en la calle atentaba contra mi persona, significaba verme un poco más sucio, barbudo y peludo. No tenía espejo, pero lo sentí. Nunca había vivido en mi vida la discriminación. Siempre estuve de punta en blanco. Es más, yo seguramente haya discriminado a gente. Quería conversar con alguien y me evadían. Iba caminando y la gente se corría para un costado, o cruzaba la calle. Es horrible. Hoy estoy un poco mejor, me ofrecieron un lugar donde puedo estar y cuidarme. Es lo que necesito para poder estar prolijo", cuenta Sergio Medina, que reconoce en un momento haber bajado los brazos.

"Te deteriorás físicamente, y anímicamente. Perdés voluntad, para qué quiero estar afeitado si no hay vuelta. Si todos los días es luchar en vano. Y te vas juntando con mucha gente mayor que está en la calle y sola. Empezás a rodearte de gente que ya bajó los brazos, e inconscientemente empezás a bajar los brazos también. Te empezás a identificar con esos viejitos mayores, que te cuentan de qué forma perdieron todo. Te vas identificando. Me pasó. Viví en un mundo al que no pertenecía y que me dejó marcado a fuego en un montón de cosas; la discriminación, el hambre, la desesperación, la supervivencia, los jóvenes arruinados en la calle. Por suerte hice un quiebre cuando estaba a punto de vencerme y me propuse salir".

Testimonios

"Acá no hay Justicia"

Mi papá fue detenido en Elizabeth, en Nueva Jersey. Cuando fui a verlo me encontré con que ni siquiera podía acercarme a donde estaba él y me tenía que comunicar a través de un vidrio y utilizando un teléfono. Ni siquiera lo podía abrazar y eso es muy chocante. Estaba con un uniforme azul, igual al de todos los criminales que están detenidos. Al principio me dijeron que era una semana que iba a estar allí. Después fueron dos y tres. Los días pasan y ahí adentro es muy difícil conseguir información de cuál es la situación de un detenido. Le preguntás a uno y te dice que le tiene que preguntar a otro. En fin, hay mucha burocracia y todo es bien difícil. Las personas que están allí son muy duras y es muy difícil que haya justicia en este tipo de situaciones"

"No soy una delincuente"

Yo no quiero esconderme porque no soy una delincuente. Pero no tengo documentos y tengo que trabajar en este país con otro nombre. Es muy engorroso; sentís vergüenza ajena porque sabés que estás haciendo algo mal pero lo tenés que hacer porque no tenés otra. Yo no tengo otra porque necesito trabajar para mantener a mi hijo. Es lamentable que tenga que estar trabajando con la identidad de una persona que no sé si existe, si existió o si la estoy perjudicando. La realidad es que estoy en esa situación lamentable porque no tengo opción". (El testimonio es brindado por la mujer de espalda a cámara y con un pañuelo en la cabeza para no mostrar su rostro. Aunque su voz denota que es una persona joven no se da ningún tipo de datos sobre ella o su familia).

"Quedé sola con mi hijo"

Una mañana mi esposo iba camino a su trabajo como todos los días y la Policía de Nueva Jersey estaba haciendo un control junto a la gente de Migración, y como mi esposo no tenía la documentación lo llevaron detenido rápidamente. Además de él también fue detenido otro muchacho uruguayo. Como él ingresó hace 10 años con la visa waiver (otorgada en Uruguay hasta 2003) no tenía derecho a nada y lo deportaron de inmediato a Uruguay. Yo me quedé acá con nuestro hijo de dos años. No tengo más familia ni a más nadie acá. Ahora con el apoyo de toda la gente que me conoce o que pasó por esta situación estamos juntando dinero para que pueda volver a mi país. Hoy hicimos una chorizada a beneficio". (Testimonios tomados de: www.losdeafuera.com)

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