Para celebrar el 30° aniversario de su creación, el Club del Ford A de Uruguay organizó una exhibición de vehículos este pasado fin de semana en Playa Hermosa, y una caravana de relucientes cachilas por la rambla.
En Uruguay se calcula que aún existe un millar de Ford A, entre los que se llaman "vivos" y algunos en proceso de restauración. En los años 70 y 80 del siglo XX, se viajaba hasta el Río de la Plata a comprar esas cachilas y otras, por unos pocos pesos. Tanto las que se conseguían en Buenos Aires como en Montevideo se embarcaban aquí. Los expertos dicen que hubo una sangría, se llevaba de a 30 coches por embarque.
En la actualidad, el vicepresidente del Club del Ford A de Uruguay, Carlos Balceiro, dijo que "puede costar menos traer a Uruguay una cachila semirrestaurada en Estados Unidos, que hacer el trabajo de reparación acá".
El presidente Rogelio Coll agrega que el país norteamericano "hoy se está fabricando todo lo de Ford A, el chasis, el motor, los faroles".
El precio de mercado de estos vehículos es relativo. Sin contar las cachilas que pertenecieron a figuras celebérrimas de la política o el canto (se ha dicho que Carlos Gardel tuvo un Ford A), la cotización de cada unidad ronda los US$ 10.000 en nuestro medio.
PARA FANÁTICOS.
El Club del Ford A se fundó hace 30 años, un 22 de noviembre, y desde hace poco más de tres, tiene su sede propia entre los barrios La Figurita y Jacinto Vera, en la calle Yaguarí, esquina Porongos. Allí, una treintena de socios se reúnen los martes de cada semana a compartir un asado, anécdotas de todo tipo y experiencias actuales, en un 90% vinculadas a la mecánica automotriz y el descubrimiento de reliquias.
En su origen, la institución se conformó por un grupo de amigos que tenían un Ford A, el primer coche popularizado, que tuvo palanca de cambios, trabajaba con embrague, poseía acelerador de pie y llegaba a velocidades de 100 kilómetros por hora, como lo hace todavía cuando su motor y accesorios se encuentran a punto. El grupo inicial, de ocho aficionados, solía reunirse en bares de Pocitos, como el Atlántico, el Haití o el Náutico.
Por estatutos, solo se admitía a los fanáticos del Ford A, pero después se fueron sumando socios atraídos por diversos modelos (el Ford T y el B) y también por otras marcas, por ejemplo, Chevrolet o Cadillac. "La idea o el objetivo principal radica en la protección de es- ta área del patrimonio nacio-nal, en la recuperación de los vehículos antiguos y en su mantenimiento para usarlos. Para eso nos vinculamos con clubes de países vecinos, de Chile, Argentina, Brasil", afirmó Coll.
En Uruguay se ha encontrado entre los más viejos coches Ford A uno que se fabricó entre el primer millón de unidades, y que puede verse en el Museo Fernando García. Otra pieza curiosa, pero por motivos distintos, es la que se exhibe en el Museo del Automóvil Club del Uruguay. Es un Ford A gasógeno, utilizado en años de la Segunda Guerra Mundial, durante el racionamiento de combustible. En su parte trasera porta un gigante aparataje de ingeniería, casi tan pesado como la carrocería.
Según los especialistas, ese sistema comprendía un depósito en donde se quemaba el carbón de leña y otro por el que pasaban los gases hacia un filtro, evitando que partículas de carbono ingresaran al motor.
A 30 KPH.
De andar en carretas tiradas por bueyes a 5 kilómetros por hora, con el Ford T se pasó a viajar a 30 kilómetros por hora en zonas camperas. Pero aquellas máquinas, en calles pavimentadas, eran mucho más veloces. Las que hoy están a punto, tienen una marcha no forzada de 50 kilómetros por hora, pero llegan a más de 84 si se las prueba a fondo, como una que posee Sarandí Colman, otro directivo del club. Según él "no hay ninguno que supere al Ford T, premiado como el mejor auto del siglo XX, en Inglaterra, donde el Morris entró en cuarto lugar. Cuando lo conocí no me gustó nada, pero después lo fui valorando cada día más".
El presidente Coll , al contrario, señaló que le parece magnífico como ejemplar histórico, pero no le agradó en ningún momento estar al volante de un Ford T, "es muy complicado de manejar", acotó.
Antes de Ford, los coches eran accesibles solo para millonarios, que podían pagar US$ 7.000 de la época. El cachilo Ford T se promocionó a poco más de US$ 500.
"Para que aquellos 80.000 obreros no le hicieran paro, Ford llegó a pagarles US$ 5 por día a cada uno; de ese modo no se detenía la cadena de producción", expresó Balceiro.