Río de Janeiro - Grupos ecologistas brasileños celebran su primera victoria legal contra una empresa de Japón que ha patentado el nombre de un fruto amazónico de gran valor comercial, en un nuevo caso de piratería biológica que concierne a Brasil, Colombia, Perú y Venezuela.
La Oficina de Marcas de Japón (OPJ) decidió esta semana cancelar el registro de patente como marca comercial del "Cupuazú", que había concedido a la empresa nipona Asahi Foods y su filial Cupuazu Internacional.
Este fruto, primo del cacao, está presente en toda la cuenca amazónica, donde es aprovechado desde tiempos inmemoriales por indígenas y criollos. En Brasil es donde su pulpa y semilla han sido más aprovechadas comercialmente por pequeños productores.
El registro de Ashai Foods fue hecho en Japón en 1998, pero Brasil sólo lo descubrió en 2002, cuando una cooperativa de dulces intentó exportar sus productos hacia Alemania y se encontró con el "insólito" registro del nombre, dijeron hoy expertos en el caso.
Con la revocación de la patente en Japón se ha logrado ganar una importante batalla, afirmó a EFE Filipe Texeira, gerente de propiedad intelectual de la Empresa Brasileña de Investigación Agropecuaria (Embrapa, estatal).
Además de registrar el "Cupuazú" como marca comercial, la empresa japonesa también se había apropiado del proceso de producción industrial del "cupulate", una bebida extraída de las semillas del mismo fruto y parecida al chocolate.
Embrapa alega que el "cupulate" ya había sido desarrollado en Brasil. Esta patente también fue revocada en Japón.
"Eso nos da más fuerza para continuar la lucha en Europa y Estados Unidos", donde el nombre y el proceso siguen registrados como propiedad de Ashai Foods, explicó Texeira.
De la pulpa del cupuazú los habitantes de la Amazonía fabrican jaleas, bombones, helados y jugos. Las semillas, usada por tribus indígenas para aliviar dolores abdominales y facilitar partos difíciles, son ricas en grasas.
El organismo japonés decidió que una marca no puede ser registrada para designar un producto comercial cuando ella indica de forma descriptiva el nombre común de una materia prima.
"Sería como si Embrapa patentara en Brasil la palabra naranja, y se prohibiera la venta del jugo de esa fruta", explicó Texeira en entrevista con EFE.
Esos argumentos fueron presentados en marzo de 2003 por las organizaciones no gubernamentales Amazonlink y el Grupo de Trabajo Amazónico, que encabezaron el pedido de revocación de patentes y la obligatoriedad de pago de derechos a Asahi Foods.
Pero, según ecologistas, lo más importante de este caso es que ha llamado la atención sobre la creciente "biopiratería" o apropiación por parte de países industrializados de los recursos de la Amazonía.
Según biólogos, el cupuazú es sólo una de las más promisorias entre las 271 especies de frutas descritas en la región, donde "centenas de recursos genéticos" estarían siendo expoliados por empresas extranjeras.
En febrero pasado, un informe de la Universidad de la ONU advirtió de que la "piratería biológica" afecta a comunidades indígenas de todo el mundo, a las que se les roban ancestrales conocimientos curativos.
Las leyes de propiedad intelectual no protegen los conocimientos de esas poblaciones, sino que favorecen su expoliación, según este informe.
Con los progresos de la biotecnología, en los últimos años se ha multiplicado la facilidad de registrar marcas y patentes a escala internacional, y se ignora el conocimiento y uso popular de especies autóctonas, según expertos.
El Grupo de Trabajo Amazónico (GTA) es una red de 430 organizaciones que incluye a ecologistas y movimientos sociales de pescadores, comunidades indígenas y cooperativas de quienes viven de recolectar los frutos de la selva.
Este caso se convirtió en un símbolo de la lucha contra la biopiratería y unió movimientos ecologistas y comunidades de toda la Amazonía, afirmó a EFE Arnaldo de Oliveira, portavoz del GTA.
Para el biólogo estadounidense Charles Clement, del brasileño Instituto de Investigaciones de la Amazonía (INPA), el caso del cupuazú es emblemático.
"En realidad no es biopiratería, sino capitalismo salvaje" en un mundo globalizado, dijo Clement a EFE.
El registro en el exterior del chocolate desarrollado por Embrapa prueba que Brasil, como el resto de América Latina, no invierte lo suficiente en investigación y desarrollo ni se preocupa con obtener sus propias patentes, destacó.
En lo que respecta al registro de la marca "es una desfachatez" de la empresa japonesa, dijo Clement. "Cualquier producto de la Amazonía corre el riesgo de sufrir la misma embestida".
EFE