Todo comenzó con los primeros intentos de comunicación del hombre cuando aún no había lenguaje, luego se convirtió en parte de la cultura y, por sobre todo, en una forma de pasarlo bien.
El Centro de Psicología del Baile de la Universidad de Hertfordshire descubrió que el baile no sólo eleva el ánimo, sino también ayuda a la autoestima, a la salud, a buscar pareja e, incluso, a mejorar la vida de quienes tienen Parkinson.
"Bailar es fundamentalmente instintivo", dice Peter Lovatt a "El Mercurio". Lovatt, bailarín profesional y psicólogo, decidió unir ambas pasiones para estudiar los efectos de la danza en el cerebro. Lo que ha encontrado es de lo más variado.
"En sociedades como la inglesa o las europeas, en general, la gente baila más cuando está buscando pareja", dice. "Esto es evidente con la gente joven, pero también se ve un alza cuando se está en la edad promedio del primer divorcio. En el Reino Unido hay muchas discotecas para `mayores de 30` o clubes de salsa que son muy populares entre hombres y mujeres por igual".
Pero el estado civil no es lo único que pueden revelar las destrezas rítmicas. Un estudio realizado en discotecas, descubrió que los hombres son más atractivos al bailar cuando tienen altos niveles de testosterona, y las mujeres lo son cuando están en la etapa fértil de su ciclo.
Lovatt también quiso saber qué pasa con la autoestima y el desempeño del bailarín. Luego de encuestar a casi 14 mil personas, concluyó que las mujeres se sienten más seguras al bailar que los hombres, pero que ambos tienen altibajos de confianza.
Ellas bailan sin temor desde la preadolescencia hasta los 16 -momento donde aparece el temor al ridículo-, hasta recobrar la confianza al entrar en la veintena, descubrió Lovatt. En cambio, los hombres entran en confianza lentamente y en forma sostenida hasta que pasan los 30, momento en que la pista de baile los vuelve a intimidar. Sólo a mediados de los 50 años ellas vuelven a confiar en su baile, mientras que ellos lo logran pasados los 60.
Pero el baile no sólo cambia las percepciones internas y externas, también tiene consecuencias en las acciones. "Moverse al ritmo de la música tiene efectos tanto psicológicos como fisiológicos. Entre estos últimos están la producción de hormonas y cambios en el ritmo cardíaco, presión sanguínea y el tono muscular".
Incluso, agrega Lovatt, agiliza la mente. Tras seguir una rutina de pasos dada -como la coreografía de "Macarena"-, aumenta significativamente la velocidad con que el bailarín resuelve multiplicaciones simples. La conclusión, dice, es que bailar sirve para el cuerpo y la mente. ¿Tiene miedo al ridículo? No lo tenga, se trata de "dejar los complejos, relajarse y ser libre".
Estudios recientes han comprobado que personas con Parkinson y que han tomado clases de tango recuperan visiblemente la estabilidad al caminar y mejoran su movilidad. En el Centro de Psicología del Baile quieren ir más allá y descubrir si bailar puede retardar el inicio de esa y otras enfermedades degenerativas.
EL MERCURIO/GDA