LA CAPITAL MÁS VERDE DEL MUNDO

Solo 1% de árboles de Montevideo son nativos

El aumento de la plantación de especies indígenas es tema de análisis de norte a sur del Uruguay.

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En la Avenida del Libertador reina el ibirapitá. Foto. archivo El País

El ingeniero forestal Andrés Berrutti estuvo a fines de julio en la ciudad de Paysandú para disertar acerca de las especies leñosas nativas. Lo invitaron el Grupo Ecológico Naturista Sanducero (Gensa) y Paysandú Nuestro, interesados en que la intendencia sanducera entienda que en el ornato público perfectamente se pueden plantar especies indígenas, georreferenciadas para hacerle un seguimiento una vez al año, fertilizarlas y podarlas.

"Tenemos que mejorar mucho el arbolado público, a veces se usan especies demasiado grandes, que levantan las veredas, que provocan problemas en el cableado. En Tacuarembó ya hemos probado, por ejemplo, guayabo blanco, guayabo del país, arrayán, pitanga, arazá; son arbolitos no tan grandes que no provocan tantos problemas, son muy rústicos; hay otras especies como el ibirapitá o el timbó para avenidas grandes o parques y paseos", explicó el ingeniero Berruti.

"Es todo un tema a ir mejorando, nosotros animamos mucho a la gente a unirse, a hablar con cooperativas y, por supuesto, con las autoridades municipales. Hay que sensibilizar a la gente sobre el tema de usar cada vez más y mejor especies nuestras", agregó el experto, según lo documentó El Telégrafo.

En Montevideo.

En la capital del país hay entre 210.000 y 220.000 árboles alineados en las aceras, y a eso debe sumarse la cantidad existente en los parques, que no está inventariada, pero podría rondar los 160.000. La cifra convierte a la ciudad en una de las más arboladas del mundo, con ejemplares añosos y un peso patrimonial enorme en cualquier barrio. Pero es escasa la presencia de flora indígena regional y estrictamente nativa.

Gerardo Monza, perito agrónomo de la comuna al frente de la casona semillero de la calle Lucas Obes, ex Casa Quinta Storace, construida alrededor del año 1850, confirmó a El País que la presencia de lo nativo o indígena es minúscula, alrededor de un 1%.

En las aceras hay un 22% de paraísos, 21% de fresnos americanos y 11% de plátanos, en sus tres especies. En porcentajes que oscilan entre el 2% y el 3% aparecen la tipa o acacia llorona (que es de la región), y el fresno europeo, el acer negundo de norteamérica, sauces, laureles de jardín, anacahuitas, jacarandaes, álamos, y eucaliptus en un 1%.

El ingeniero agrónomo Mario Lázaro, director del servicio de Áreas Verdes de la Intendencia, dijo a El País que siempre se está trabajando para definir cómo se puede mejorar la introducción de más flora nativa, cuando lo que se tiene es básicamente exótico.

"Se fueron introduciendo especies como el ibirapitá, desde hace unos treinta y pico de años, en la Avenida del Libertador. Esos árboles crecieron divinamente y los tenemos en Avenida Italia, en General Flores, en la Universidad. El lapacho también anduvo bien en Bulevar Artigas, en Ponce o Castro. Pero no todas las plantas nativas son para colocar al lado de las calles. No tienen un hábito de crecimiento apropiado, por los obstáculos de los cables, de las columnas o las casas bajas, cuando deben tener la posibilidad de elevarse. Algunas especies se pueden conducir y darle un buen porte. Conviven con el medio urbano", indicó Mario Lázaro.

No antes de cumplir cuatro años en el vivero, la planta se halla en condiciones de ser conducida a un espacio urbano. Algunas especies requieren más tiempo, hasta siete años. Y eso incrementa el costo por ejemplar, que ronda los $ 1.500.

La flora indígena es más lenta en desarrollarse que la exótica. Un plátano puede estar listo en dos años, alcanzando dos metros de altura. El lapacho demanda hasta cinco años.

"Con la planta indígena estamos mejorando la calidad de la semilla para sacar mejores ejemplares; esto llevará tiempo. El resultado va a estar dentro de veinte años", precisó Monza.

En el mundo nativo hay por su parte un corte entre lo regional y lo local. El jacarandá es regional, pero no pertenece a la flora local, no aparece en forma espontánea. El ibirapitá en cambio puede surgir en el norte de Uruguay como lo hace en Brasil o Argentina, al igual que la palmera pindó. La palmera butiá capitata es de Uruguay y parte de Rio Grande. El butiá yatay es nativo pero se da también en la Mesopotamia argentina.

Atendiendo solo a las grandes alineaciones de árboles indígenas, no hay que perderse los lapachos de Bulevar Artigas —de Millán a General Flores—, la serie de ibirapitá de Avenida del Libertador que aguantan fuertes vientos, o las palmeras pindó del cantero central de Luis Alberto de Herrera y las novísimas del Corredor General Flores.

Plaza Fabini: dos ejemplares de guaviyú a pasos de 18 de julio. Foto: Darwin Borrelli
Plaza Fabini: dos ejemplares de guaviyú a pasos de 18 de julio. Foto: Darwin Borrelli

Desde el Jardín Botánico hasta parques y plazas de la ciudad.

Ya sea en el Jardín Botánico del Prado y también en otros espacios amplios como el parque del ex Edificio Libertad, es posible descubrir concentraciones importantes de flora indígena, con ombúes centenarios o ejemplares de anacahuita, arazá, ibirapitá, arrayán, blanquillo, butiá, caa obeti o Francisco Álvarez, cedrón de monte, ceibo, espinillo, guaviyú, guayabo blanco, lapacho o lapachillo, laurel negro, pezuña de vaca, palo de fierro, palo de jabón, palo de leche, palmeras pindó, tala blanco y timbó u oreja negra.

En la entrada al Parque Rodó hay plumerillos, espinillos, algarrobos, coronillas y ceibos.

Frente al club de golf, desde la estación de Ancap hasta el Memorial del Holocausto del Pueblo Judío hay ombúes y palmeras pindó, a pesar de que no prosperó allí un proyecto que cumple 20 años y consistía en hacer un gran parque de 4 hectáreas con especies en su mayoría indígenas , con un gran palmar de 40 ejemplares de butiá, 19 espinillos, 13 plantas de timbó, 15 de ceibo, 13 de ibirapitá, 40 de chilca del monte, 23 ombúes y 13 curupíes, entre otros.

El Parque Batlle fue uno de los proyectados con muchos árboles indígenas y es de los que más tiene, aunque aparecen dominados por las especies exóticas como las araucarias o el ginkgo biloba, que se agigantan en busca de la luz, según ilustró el perito agrónomo Gerardo Monza en entrevista con El País. En plazas como la Fabini, también hay flora nativa imperdible, por ejemplo dos frondosos ejemplares de guaviyú.

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