Los nuevos y caros anillos de Rio

Tras adjudicarse la organización de los Juegos Olímpicos en 2016, ahora viene la parte difícil.

 20091015 490x267

El juego de ganar los Juegos Olímpicos, el que juegan jefes de Estado, expertos en marketing y grupos de presión peso pesados, se volvió tan feroz como cualquier competencia. Con el fin de obtener los juegos de 2016 para Río de Janeiro, Brasil gastó cerca de US$ 50 millones. Puso en acción a personas como Pelé, Paulo Coelho y a todo el cuerpo diplomático. Mientras que Barack Obama, en nombre de Chicago, entró a la reunión del Comité Olímpico Internacional en Copenhague minutos antes de que se tomara la decisión el 2 de octubre, el presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva escribió cartas a los 106 miembros con poder de voto, las que un embajador había entregado por mano. ¿Por qué ganó Río? "Lo deseábamos más", dijo Carlos Roberto Osório, del Comité Olímpico de Brasil.

Esa fue la parte fácil. Realizar los juegos requerirá de un esfuerzo y gasto a una escala que Río, una metrópolis plagada de problemas de 12 millones de habitantes, jamás ha visto. Además de nuevos estadios y otras instalaciones deportivas de todo tipo, los planes exigen nuevos puentes y caminos como también el doble de la cantidad de habitaciones de hotel. Para renovar un caótico sistema de transporte, los ingenieros tendrán que abrirse paso a través de montañas de granito para extender el metro desde Ipanema hasta Barra da Tijuca.

Seguridad

La Policía, ya sobreexigida, debe mantener los Juegos Olímpicos a salvo de algunos de los delincuentes más audaces de América Latina; éstos cometieron más de 2.000 asesinatos en Río el año pasado. Donde los contratos de obras públicas abultados fraudulentamente y los políticos corruptos son la norma, ¿quién asegurará que a los presupuestados US$ 14.400 millones para los juegos se les dará buen uso, sin mencionar los cerca de US$ 50 mil millones en inversión indirecta? Abundan los escépticos, en especial en San Pablo, el centro financiero e industrial de Brasil, donde a Río a menudo se la descarta como una ciudad de las fiestas. (Puesto que Brasil va a organizar el Campeonato Mundial de Fútbol en 2014, los paulistas bromean que los cariocas están planeando tomarse libre 2015). Los juegos Panamericanos de Río en 2007 costaron, se informa, 10 veces más del presupuesto oficial, y dejaron campos de juego subutilizados.

Sin embargo, hay razones para creer que Río podría tener éxito donde otros lugares han fracasado, al imitar el logro de Barcelona, el que utilizó los juegos de 1992 para reinventar una ciudad.

Río ha estado decayendo desde que perdió su estatus como la capital nacional ante Brasilia. Gran parte del tiempo, la ciudad y el Estado han tenido un mal gobierno y la vigilancia del orden público ha sido brutal y deficiente. Las industrias y los bancos se trasladaron a San Pablo, las favelas se multiplicaron y las únicas industrias crecientes parecieron ser el narcotráfico y la guerra de pandillas. Uno de cada seis cariocas es pobre.

Algunas cosas están mejorando, en parte como resultado de la economía. El petróleo costa afuera está inyectando ingresos al Estado. La pobreza está disminuyendo y la propiedad está en auge.

Las nuevas líneas de transporte que se prometieron para el Mundial de Fútbol y los Juegos Olímpicos se necesitan urgentemente. Los elefantes blancos de los juegos Panamericanos encontrarán un nuevo uso.

¿Los juegos regenerarán Río o distorsionarán sus prioridades? El folleto habla de desarrollar de nuevo la deteriorada área portuaria y limpiar al fin la Bahía de Guanabara. Pero mientras Barcelona construyó su villa olímpica en un sector abandonado de su puerto, en Río estará en Barra da Tijuca, un barrio de nuevos ricos en el extremo más adinerado de la ciudad.

Durante los juegos Panamericanos, la Policía y el Ejército inundaron las calles, lo que reprimió la delincuencia. Más útil sería usar los próximos años para lograr que los jóvenes violentos de las favelas se interesen en el deporte o consigan empleos en la construcción. "¿Por qué no hacemos de la eliminación de la pobreza en Río y la pacificación de los barrios pobres violentos nuestra meta para 2016?" dice André Urani del Instituto de Estudios sobre Trabajo y Sociedad.

Para Brasil, el premio de los juegos, pisándole los talones al Mundial de Fútbol, es otro símbolo de su creciente estatus en el mundo. Como Lula, Brasil ya no es más un "país de segunda clase". Eso puede traer beneficios intangibles. Ahora es labor de los políticos asegurar que ellos pesen más que los costos. EL MERCURIO, GDA

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar