Para disfrutar de la bebida de Baco como si realmente fuera el néctar de los dioses, el primer paso es optar por un buen vino. El siguiente, tan crucial como el anterior, es la elección de la cristalería adecuada. La variedad de copas existentes en el mercado puede ser abrumadora, pero una marca logra el reconocimiento de ser la mejor: Riedel.
Estas copas austriacas son las más aclamadas por los críticos a nivel internacional porque fueron pensadas para enfatizar las cualidades de cada vino. Son incoloras, transparentes, sin adornos, con paredes finas y con bordes finamente cortados y pulidos. Como si esto no bastara, son de cristal soplado trabajado a mano y permiten un buen agarre gracias a un pie alto y fino.
El tamaño de cada pieza y su forma son determinantes a la hora de apreciar cada vino porque cada uno tiene una exclusiva mezcla de cualidades (fruta, acidez, minerales, taninos, alcohol) basada en la variedad de la uva, en el clima y en el suelo donde creció.
Riedel estudió las características de cada varietal y logró que sus copas hagan llegar el vino a la nariz y la boca de tal forma que realmente exprese su personalidad. Las formas de cada nueva pieza nacen de experimentos de prueba y error, con la ayuda de los mejores paladares del mundo.
Nada de esto hubiera imaginado Johann Christoph Riedel cuando inició la apertura de nuevos mercados para el cristal de Bohemia en toda Europa y ultramar. Sus descendientes crearon una empresa que tres siglos más tarde sería conocida por elaborar los mejores cristales para disfrutar del placer de beber vino.
La revolución de la cristalería Riedel se inició en 1958, con la presentación de la copa especial para beber el Grand Cru de Borgoña, que se expone en el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MOMA). Desde entonces, la empresa diseñó más de 100 copas específicas para beber diferentes tipos de vino. En 1961 el catálogo de Riedel mostró por primera vez un juego de copas para vino con tamaños y formas diferentes, sopladas con cristal del mínimo espesor posible, sin adornos y reduciendo su diseño a lo esencial. Quizá un amante del vino sólo se plantee un problema antes de comprar una copa Riedel: su precio (oscilan entre U$S 15 y U$S 95 cada una), pero pagarlo bien vale la pena. No en vano los catadores profesionales aseguran que el mismo vino bebido en una copa de Riedel adquiere mayor profundidad y está dotado de un mayor número de matices aromáticos y sabores. Quienes quieran probar, pueden descubrir una variada oferta en los locales de Licorerías Savoy.