De la mano del boom que vive la construcción en el país, los proyectos inmobiliarios se reproducen como hongos en Montevideo y traen aparejada una verdadera guerra por espacios tan escasos como codiciados.
Es así que ante la falta de terrenos baldíos en las zonas de mayor expansión de la ciudad, las firmas dedicadas a la demolición han incrementado su volumen de negocio tanto en la cantidad de operaciones que hacen por año como en el porte de los nuevos emprendimientos para los que trabajan.
De esta manera, quienes se encargan de generar los espacios hoy inexistentes observan con entusiasmo las proyecciones positivas de la construcción para al menos los próximos dos años, ya que se trata de trabajo asegurado para sus empresas.
"Siempre que hay una construcción existe alguna demolición", graficó en diálogo con El Empresario Pablo Fernández, director de la firma Fecolina. A pesar de que la empresa trabaja en todo el país, el ejecutivo explicó que el fenómeno de las demoliciones ha tenido su mayor expansión en Montevideo, ya que en general en el interior hay muchos más terrenos libres y, por tanto, los desarrolladores tienden a preferir esos espacios para evitar los costos de tener que destruir todo lo existente para edificar algo nuevo.
Por ejemplo, demoler una casa convencional tiene un costo que puede ir desde los US$ 8.000 hasta los US$ 15.000 aunque cada caso tiene sus particularidades. Además de los metros cuadrados a tirar abajo, influyen a la hora de cotizar un proyecto otros factores como la cercanía a otros inmuebles habitados, que obligan a trabajar con menos maquinaria y, por consiguiente, requieren más mano de obra elevando la cotización.
A su vez, otro aspecto que juega a la hora de definir un presupuesto es el reciclaje de todo lo utilizable que haya en el lugar a demoler. En este sentido, el propietario de Tramec, Sandro Mazzoli, dijo que fundamentalmente aquello que tenga madera como puertas y ventanas, así como también todo lo que contenga hierro, es quitado y luego vendido o rematado casi siempre por las propias compañías demoledoras. Además de ser otra fuente de ingreso para las firmas, sacar provecho de la madera y el hierro implica una rebaja en el presupuesto original.
Disputa de gigantes
Tramec, Fecolina, Oddone Zunino y Carrara son las principales empresas demoledoras en el mercado local. Ante la creciente demanda de los servicios que brindan, la competencia crece y cada una juega sus principales cartas disputando la guerra de precios y exhibiendo la maquinaria que disponen para afrontar los proyectos.
En este último aspecto, las empresas invierten en retroescabadoras, martillos hidráulicos y otras costosas máquinas para tirar abajo las estructuras, debido a que contar con ellas es vital a la hora de hacerse de los grandes proyectos.
Por ejemplo, en estos días las principales empresas, ya con su cotización presentada, cruzan los dedos por saber quién se encargará de demoler los viejos talleres de Cutcsa ubicados frente al edificio Libertad, donde se edificará un nuevo shopping.
Proyectos de este porte son los más disputados por su gran costo. Hace dos años, Tramec se hizo cargo de tirar abajo la emblemática fábrica de Cristalerías del Uruguay ubicada en Comercio y Rivera, un proyecto que demandó dos meses de trabajo con una facturación superior a los US$ 300.000. Como parte del trabajo, hubo que demoler dos chimeneas de 30 metros, además de galpones, ya que en ese lugar ahora se están construyendo tres torres de 21 pisos.