JAVIER DE HAEDO
Dos destacados colegas, y apreciados amigos, hicieron valiosos aportes hace algunos días a la discusión pública de los aspectos políticos, económicos, sociales y culturales que nos caracterizan.
Uno de ellos, Gabriel Oddone, publicó el libro titulado "El declive. Una mirada a la economía de Uruguay del siglo XX". El otro, Ernesto Talvi, hizo su habitual presentación semestral en el marco del CERES, uno de los pocos "think tanks" uruguayos.
Se trata de dos propuestas de diferente naturaleza y alcance. Mientras que Oddone presenta en su libro una versión de su tesis doctoral, resultado de una profunda investigación del Uruguay en el siglo pasado, Talvi expone los puntos de vista de CERES sobre la coyuntura. Es decir que se trata de productos que no son comparables, pero que tienen en común el querer ayudar a pensar mejor a nuestro país. En realidad tienen en común mucho más que eso: Talvi, sin proponérselo, ayuda a darle vigencia al contenido del libro de Oddone y al concepto de declive que, lejos de quedar acotado al desempeño de nuestro país en el siglo pasado, parece seguir estando presente al día de hoy, si nos atenemos a las serias advertencias que Talvi realiza a partir de un profundo y detallado repaso de la realidad actual. Es decir que el de declive es un concepto que para nada hay que darlo por obsoleto en lo que a nuestra performance refiere.
El gran aporte de Oddone consiste en buscar evidencia empírica y modelar la realidad para mostrar que nuestro país, tras un extraordinario inicio de siglo XX, cuando era un atractivo país de inmigración, se fue quedando con el transcurso de los años, hasta que definitivamente en torno a Maracaná se quedó. El concepto de declive es relativo y no absoluto, como bien muestra Oddone, porque mal o bien se siguió creciendo a lo largo del siglo pasado. No obstante, la performance fue lamentable: los países que hace un siglo estaban por delante nuestro o en nuestras mismas circunstancias, nos sacaron considerable ventaja, mientras que los países que entonces estaban rezagados respecto a nosotros, en muchos casos nos alcanzaron.
También es muy importante el fundamento que da Oddone a tal performance: es nuestra propia culpa, no por culpas de otros; son errores de política doméstica; dependemos en última instancia de nosotros mismos. Siempre consideré emblemático de nuestra pobre performance al cierre comercial de la economía a partir de la aplicación de políticas de sustitución de importaciones. Se trata de un claro ejemplo del tipo de cosas que explican el declive al que alude Oddone.
La cuestión, en definitiva, consiste en quebrar la tendencia histórica a rezagarnos del mundo y, ciertamente, la seguidilla actual de años con tasas de crecimiento extraordinarias nos da la ilusión de poder hacerlo. Obsérvese que este año habremos de completar un período de siete años con una tasa de crecimiento económico promedio anual de casi 7%: el triple de la tasa histórica y casi el doble de la que muchos consideramos (Oddone incluido) que es hoy la tasa de crecimiento a largo plazo de Uruguay. Y ahí es donde Talvi nos aterriza en la realidad y nos hace temer que el concepto de declive siga vigente.
Expresa que el gobierno no está aprovechando la ventanilla de oportunidades más importante que se le haya abierto al país en los últimos cincuenta años. En vez de ahorrar en la abundancia repite los errores tradicionales (de los que habla Oddone en su libro) y lleva adelante políticas procíclicas. Fundamenta ese comportamiento en la inexistencia de instituciones o reglas que generen incentivos para ahorrar.
La calidad y el diseño apropiado de las instituciones es para los economistas un factor clave para explicar el desempeño de una economía. Y Talvi pone el foco en la calidad de la democracia y el Estado de Derecho, afirmando que se aprecia una tendencia preocupante a la concentración de poder y al debilitamiento de las garantías institucionales y los derechos ciudadanos que deben regir en una democracia plena.
En particular puso énfasis en la concentración de poder que se observa (desde el período anterior) en los sindicatos, corporaciones afines a la fuerza política que gobierna.
Pero lo más destacado en la exposición de Talvi fue lo referido a la enseñanza pública, que es donde se ve lo peor del corporativismo, tanto por los procedimientos como por los resultados. Sin embargo, Talvi mostró una luz de esperanza al describir la situación de una experiencia de educación en contextos críticos, el caso del Liceo Jubilar en Casavalle. Se trata de un modelo de gestión diferente al oficial, del que forman parte conceptos que casi no existen en los diccionarios oficiales: autonomía del establecimiento educativo, mayor carga horaria, selección de docentes con compromiso, incentivos a los estudiantes, educación en nutrición y salud, apoyo integral para los padres de los estudiantes e involucramiento de estos en las actividades del centro educativo. Es un modelo de gestión que no requiere de mayores recursos que los que hoy asigna el presupuesto público por estudiante.
QUÉ NOS ESPERA. El declive uruguayo es consecuencia de nuestra manera de ser. De dormirnos en los laureles tras un tempranero desarrollo a la europea. De la Suiza de América y de Maracaná. Del socialestatismo batllista hoy representado mejor que nadie por el Frente Amplio pero no por Mujica, y por esto es que choca con parte del Frente y de los sindicatos. De estar atentos a nuestros derechos pero no tanto a nuestras obligaciones. De esperarlo todo del Estado aún cuando muchos terminamos pagando dos veces por la educación, la salud y hasta la seguridad. De la falta de vocación e iniciativa emprendedoras.
Estamos viviendo una etapa sin precedentes, creciendo como nunca. Pero no es por nosotros mismos, viene de afuera, en el barrio a todos nos va más o menos igual, hasta Argentina que ha hecho todo lo posible para que le vaya mal. Pero esta situación extraordinaria, no sabemos cuánto tiempo más va a durar. Días, meses o años.
Es, por su esencia, una oportunidad óptima para no ser cortoplacistas y pensar en grande, trabajar para la historia: generar colchones para amortiguar futuras caídas e introducir reformas cuyos costos inherentes, en la abundancia, van a doler menos. Para elaborar las políticas y las instituciones, al decir de Oddone, que nos hagan cambiar la pisada definitivamente, salir del declive, lo que está en nosotros como él bien expresa.
Pero hay muchas señales que nos hacen pensar en que no zafaremos del declive y que vamos a perder el tren, algo a lo que estamos acostumbrados desde hace décadas y refrescamos dos por tres. Señales que Talvi, con acierto, se preocupó de enumerar y ordenar.
Quiero hacer notar que no veo en Oddone ni en Talvi críticas partidarias, focalizadas en un partido u otro. Veo, en todo caso, una alerta al sistema, un aviso a los navegantes, a todos ellos. De algún modo, le marcan la agenda al gobierno y a la oposición, donde, para seguir con el caso del Liceo Jubilar, los más lúcidos y abiertos llegan hasta el concepto de escuela de tiempo completo pero no ven que se trata de un diferente modelo de gestionar la educación. No es sólo más cantidad, es esencialmente más calidad.
Hoy tenemos un gobierno al que le cuesta mandar. No pretendo que sea patrón de estancia ni comandante de cuartel, pero en la esencia de un gobierno está saber mandar. Y le cuesta hacerlo porque es víctima de su propia historia, llena de promesas fáciles desde la oposición. Entonces es débil, pone plata arriba de la mesa, se gasta todo el boom y no le alcanza. Los sindicatos son protagonistas y la enseñanza pública es un desastre. Si sigue el viento de cola habrá menos pobres pero aumentarán la exclusión y la fragmentación entre las dos sociedades que ya somos.