JULIO PREVE FOLLE
El gobierno liberó la importación de pollo y es elogiable, no solo por terminar con una condición de excepción, sino porque lo ha fundamentado muy bien. Alguno dirá, por quitarle mérito a la medida, que fue arrancada bajo presión brasileña. No obstante esa presión no es la primera vez que ocurre, y no se puede decir que el gobierno cedió a ella, sino que compartió y lo celebro, los argumentos de fondo que son los causantes de esa presión. Así solucionó además, los problemas de otros sectores -pescado, lácteos, carne- que eran rehenes de una prohibición defendida de modo inusualmente hostil.
EL ACIERTO. Hace mucho tiempo que vengo batallando desde estas columnas y desde la propia administración pública, para voltear esta disposición injusta. Lo era por ausencia de fundamento técnico para la aplicación de una traba sanitaria, pero sobre todo por el uso de la mentira para proteger. Soy un liberal, y por tanto no entiendo como favorables para el país las políticas de encierro económico. Sin embargo, me molesta mucho menos la protección que el engaño; un arancel que una medida ilegal, como la traba sanitaria sin fundamento. Más aún; entiendo perfectamente que se necesite temporalmente proteger un sector. Lo que no acepto es hacerlo aplicando normas engañosas que se pagan siempre muy caro. Por eso es que siempre me disgustó más que nada el disfraz de esta protección. Debo señalar que el MGAP a lo largo de varias administraciones, evaluó el perjuicio anual del consumidor, por tener que pagar el pollo uruguayo por encima del precio de paridad de importación del brasileño, perjuicio que en algunos años llegó a 20 millones de dólares. Esta cifra sería hoy mayor si se cumpliera el pronóstico de un industrial que declaró a El Observador el 30 de marzo que el brasileño podría venderse a $ 45.
Señaló el ministro Aguerre con acierto: "cuando hablamos de establecer barreras paraarancelarias con una excusa sanitaria sin poder defenderla, tenemos que acordarnos que, además de los avicultores, existen muchos otros productores y trabajadores dependiendo de esas cadenas con competitividades genuinas, que se transforman en rehenes de una falta de competitividad y de decisión de crecer hacia fuera abriendo el mercado" (El País, 7 de abril).
El Ministro se situó en el plano técnico señalando que la traba del Newcastle era insostenible, algo obvio desde hace muchos años por ser Brasil el primer exportador mundial a países tan exigentes como Alemania o Japón. Pero dijo además, y es muy cierto, que un país exportador no puede darse el lujo de proteger su mercado a través de medidas para arancelarias ya que las represalias llegan más temprano que tarde. Por eso son ridículos algunos planteos de la cadena avícola pretendiendo consolidar corrientes exportadoras a partir de cerrar nuestro mercado interno por medio de excusas sanitarias.
APERTURA TOTAL. Cabe aclarar que las importaciones se han abierto del todo. En el corto plazo es posible que el gobierno encuentre alguna forma de administrar la importación de solo 120 toneladas mensuales. No es fácil. Se ha señalado que se haría a través de licencias no automáticas de importación entregadas por el gobierno. Pero hay que señalar que el uso de licencias no automáticas está regido por la OMC, en concreto por el Acuerdo sobre Procedimientos para el Trámite de Licencias de Importación. Este acuerdo establece disciplinas que precisamente excluyen el uso de las licencias como una restricción cuantitativa, exigen un procedimiento transparente, no se pueden aplicar a un solo país como se pretende con Brasil, etc. Además, en teoría no hay cupos en el Mercosur, y finalmente si la prohibición sanitaria cae, no puede caer solo para Brasil, sino para el mundo entero. Podrán pararse temporariamente importaciones de Argentina por su régimen de detracciones, pero en cualquier caso, más acá o más allá, la libertad de importación será completa, y la única defensa de la producción será la competitividad genuina. Por eso también acierta el Ministro cuando plantea que hay que reconvertirse a la exportación, porque de lo contrario se tiene de rehén a otros sectores, y yo agrego también al consumidor, quien quizás vea este año subir el precio de la carne vacuna. Como tampoco se puede decir que no habrá efectos en el precio porque los quilos importados son pocos. No es así. Mientras estén en las góndolas los pollos brasileños, toda la oferta nacional se venderá a un precio convergente con el de aquellos.
También me gustó la seriedad oficial al manejar cifras. No se trata de tirar cualquier "bolazo" sobre la gente que trabaja, cuando hay datos censales que cualquiera puede leer en el sitio web del MGAP sobre la gente directamente involucrada en el tema: entre producción de pollos (que no están en contra de la apertura), de huevos, y los empleados de las industrias (700), la mano de obra directa es de 3.500 personas como se señaló, lo que no es poco, y que nadie imagina que desaparezca por la apertura: no lo piensa algún industrial, no lo piensan los faconeros, ni muchos técnicos. En efecto, la explosión de la producción de maíz en los últimos años constituye una gran oportunidad para trabajar en la exportación a partir del cambio en los valores de aquel su principal insumo. Es valiente por tanto el Ministro cuando da vuelta toda la argumentación, enfrenta a las corporaciones que amenazan nada menos que con cortar rutas, y les plantea la competitividad y la exportación como único destino.
Falta saber cómo se administrarán mientras se pueda esas licencias, quién se quedará con la renta de la cuota que se abre. No es lo mismo rematarlas, que entregarlas a los industriales, o hacerlo a los supermercados; en cada caso los beneficiarios son diferentes.
OTROS RUBROS. Cuando se disfruta de una situación tan excepcional como es la prohibición de importación basada en razones insostenibles, es seguro que a la corta esa condición prebendaria se cae. Por eso imagino que las campanas tocan a rebato para los sectores que disfrutan de idéntica situación a la de los pollos: el vino, las frutas y verduras, en parte el aceite y el azúcar. Todos ellos deberán ir pensando en cambiar, como le ocurrió al trigo, al maíz, al cuero, y a tantos otros rubros que una vez expuestos a la competencia, lejos de desaparecer, crecieron hacia el exterior sin parar.