Las energías alternativas

En mi nota anterior, había comentado la situación energética actual del país concluyendo en la necesidad de recurrir a otras alternativas, ante los problemas que se observan. En esta intentaré mostrar otras opciones tanto o más atractivas que las mencionadas.

LA ENERGIA ELECTRICA. Históricamente, la política energética aplicada llevó a elevar de manera significativa la generación hidráulica (la principal fuente renovable), que llegó a cubrir casi toda la demanda, ante factores climáticos favorables. Por otra parte, se encuentra la Central Batlle, alimentada a fuel oil elaborado en base a petróleo (fuente no renovable). La oferta termoeléctrica se vio incrementada con la implementación de la planta de La Tablada alimentada también con combustibles fósiles no renovables.

Ante los bajos costos y la elevada oferta regional de gas natural, la política energética de los últimos años diversificó la oferta con la introducción de esa fuente energética, a través de la construcción de dos gasoductos (Sur y Norte) desde Argentina, junto al proyecto de una planta de generación de ciclo combinado, en base a gas natural y gasoil. Parecía que ello solucionaría los problemas de oferta que pudieran ocurrir en el futuro, a la vez que permitiría sustituir el actual uso de energía, a costos menores y con energía más limpia, aunque mantenía el uso de fuentes no renovables y, en cierta medida, cuestionaba la sustentabilidad del abastecimiento a largo plazo.

LA CRISIS ACTUAL. Esta perspectiva favorable se vio rápidamente frustrada por la actual crisis energética de Argentina que incumplió los contratos y frenó bruscamente el abastecimiento de gas natural.

Esta crisis se dio, además, en un momento muy especial en el país, ya que ocurrió en forma casi simultánea con una importante sequía que retrajo la oferta hidroeléctrica en forma importante. Esta crítica situación energética se completó con los fuertes incrementos en los precios internacionales del petróleo.

Además, hoy se tiene la casi certeza de que los precios del crudo difícilmente se reducirán en el mediano plazo por las condiciones actuales de la oferta y demanda mundiales de este insumo, ya analizadas en notas anteriores.

Recientemente, se observó una caída en el precio del petróleo crudo de Texas a casi U$S 35 el barril, para rebotar rápidamente a más de U$S 40 la tonelada, sólo ante anuncios de irregularidades en la oferta rusa. El aumento reciente en los precios de los combustibles locales es una consecuencia lógica de esta situación.

Por tanto, los precios del petróleo continuarán elevados, el abastecimiento de gas natural tendrá restricciones y mayores precios y la oferta de energía local presentará mayores costos. La recuperación de la energía hidráulica podrá aliviar las tensiones actuales, pero no despejará las incógnitas de mediano plazo en materia energética.

ENERGIAS RENOVABLES. En este marco, parece importante pensar en una mayor diversificación de la oferta energética a fin de reducir los niveles de riesgo, recurriendo a fuentes renovables de energía que posee el país, que complementen las actuales fuentes hidráulica y térmica, a la vez que contribuyan a la sustentabilidad ambiental, al reducir la dependencia con relación a los combustibles fósiles y recurrir a energía limpia. Ello ameritaría considerarlas como alternativas viables y en ese sentido es que se plantean algunos casos de utilidad.

Como ejemplos de esta nueva situación, la propia UTE ha solicitado la presentación de alternativas de energías renovables, mientras que el uso de energía solar se está extendiendo a nivel rural.

En mi nota anterior comenté la alternativa eólica que estudia la Facultad de Ingeniería, cuyo costo se estimaba en U$S 60 el kWh, lo que lo acercaba a los costos actuales de la Central Batlle, ubicándose por debajo de los de La Tablada, aunque eran bastante superiores a los estimados para la importación de energía eléctrica proveniente de gas natural y a los previsibles costos de la central de ciclo combinado, los cuales podrían ubicarse en el orden de los U$S 40 el MWh, ante los previsibles mayores precios de su principal insumo, el gas natural.

IDEAS DE PROYECTOS. Para el análisis de alternativas, recopilé un conjunto de iniciativas de energía de fuentes renovables, correspondientes a estudios que se presentaron en el marco del Protocolo de Kyoto.

Dentro de ellos, he considerado básicamente tres tipos de proyectos referidos al uso de biomasa como fuente para la generación de energía eléctrica, los cuales corresponden a residuos sólidos urbanos de la ciudad de Montevideo, residuos de la forestación y procesamiento de madera y cáscara de arroz.

En el primer caso, se considera una idea de proyecto sobre la generación de energía eléctrica a partir de los residuos sólidos urbanos del relleno sanitario de Montevideo, actualmente en ejecución. Esta planta tendría una potencia de entre 8 y 10 MW, con una inversión del orden de los U$S 10 millones. Debe tenerse en cuenta que el proyecto eólico era de 20 MW de potencia, lo cual muestra la importancia de esta alternativa. Dados los datos que se poseen en la actualidad sobre esta idea, se pueden estimar costos del orden de los U$S 45 el MWh; por tanto, como este costo es similar al de la mayoría de las actuales alternativas, debería tenerse en cuenta este tipo de proyectos como una alternativa viable para complementar la actual oferta de energéticos, además de la mejora ambiental que implica.

Estos proyectos son relativamente grandes por lo que, además de poder abastecer directamente a uno o varios grandes consumidores, deberían colocar excedentes de energía eléctrica en el sistema interconectado. En ello se juega una parte importante de su viabilidad futura ya que el precio a fijar debería responder a sus costos.

En el pasado, el precio a percibir se ubicaba bastante por debajo de dichos valores, pero la situación ha cambiado sustancialmente y ello también debería reflejarse en los precios a pagar por estas alternativas de energías renovables, con lo cual se podría superar la mayor barrera existente hasta hoy que eran las diferencias entre este precio y los costos de generación por medio de estas fuentes.

En el caso de los residuos de la forestación y procesamiento de la madera, esta idea de proyecto tendría costos del orden de los U$S 40 a U$S 50 el MWh, dependiendo de la eficiencia de la planta de generación eléctrica, lo cual la ubica también como una alternativa viable junto con la anterior, con similares limitaciones en cuanto a la venta de la energía eléctrica excedente, al preverse la posibilidad de instalar varias plantas con una potencia del orden de los 5 MW en diversos puntos del país. La inversión sería alrededor de la mitad de la idea anterior.

Por último, también es importante considerar el uso de la cáscara de arroz, uno de los principales residuos industriales junto con los de la madera, para generar energía eléctrica. Aunque la generación de estas plantas se dirigiría sustancialmente a atender las necesidades de las industrias arroceras de donde se obtiene el residuo, también se tendrían excedentes que deberían venderse al sistema, con los consabidos problemas del precio a fijar. El costo de la energía eléctrica a partir del uso de cáscara de arroz se estima en el orden de los U$S 35 el MWh, según la información disponible, el cual es inferior a varias de las opciones de hoy. La inversión sería de algo más de U$S 1 millón, para plantas de una potencia de alrededor de 1 MW.

CONCLUSIONES. Por tanto, los sucesos ocurridos en el presente año, con la crisis energética argentina, los altos precios del petróleo y la propia sequía en Uruguay han empezado a mostrar que la energía proveniente de fuentes renovables está pasando a constituirse en una alternativa viable en los marcos actuales, a partir de la diversificación de la oferta energética de mediano plazo, al no ubicarse sus costos en niveles demasiado diferentes de las alternativas manejadas con fuentes no renovables.

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