Con un tipo de cambio "competitivo", es decir un tipo de cambio real alto, los salarios en términos de adquisición de bienes son bajos. En realidad, la sociedad se vuelve más pobre, sostuvo el licenciado Abel Viglione, economista de FIEL y director de la calificadora de riesgo Evaluadora S.A. con sede en Buenos Aires. En diálogo con ECONOMIA & MERCADO, el experto argentino expresó su preocupación por las perspectivas de que este año se registre una inflación del 15% en su país, porque la demanda agregada va a seguir creciendo y no es factible que haya una ampliación significativa de la capacidad instalada. A continuación se publica un resumen de la entrevista.
—¿Se producirá una desaceleración de la economía argentina este año?
—El PIB de Argentina creció un 9% acumulativo anual entre 2003 y 2005 y el aumento de las importaciones fue aún mayor. Por el lado de la demanda, se incrementó el consumo, tanto público como privado, la inversión y las exportaciones. Sin duda el driver de esta expansión fue el consumo privado debido a la recomposición de empleo e ingresos. Si bien se producirá una pequeña desaceleración de la actividad económica este año, que crecerá un 6%-7%, el ingreso per cápita continuará ascendiendo significativamente porque la tasa de crecimiento demográfico del país es del 1% anual.
—¿Qué incidencia tiene en esa desaceleración de la economía el brote aftósico detectado en la provincia de Corrientes?
—La menor tasa del PIB va a estar dada por un menor crecimiento del consumo privado y una menor tasa de variación de la inversión, no así de las exportaciones. El brote de fiebre aftosa no afectará el crecimiento de la economía, pero sí van a caer las exportaciones cárnicas, que totalizaron unos U$S 1.400-1.500 millones el año pasado. En caso de mantenerse los precios de 2005, las ventas de carne al exterior descenderán un 20%-25% si el mercado argentino permanece cerrado por un año para todas las zonas ganaderas del país. En consecuencia, la oferta se va a trasladar al mercado local, con lo cual es probable que se produzca una caída del precio interno del producto y aumente el consumo de carne de la población, que hoy es de 75 kilos anuales por habitante.
—¿Cuáles son los problemas económicos más urgentes que deberá hacer frente el gobierno este año?
—En el frente político, el gobierno tiene el problema de la alta tasa de inflación y, por consiguiente, el de la política salarial. El presidente argentino piensa que será reelecto el año próximo si la economía local crece entre el 7% y el 9% anual y los precios no aumentan más allá de un 12% anual, pero el panorama se le complicaría en caso de que la inflación fuese mayor. En el frente económico, el tema más preocupante es la inversión bruta, o sea el incremento de la capacidad instalada. Como hoy el aumento de la demanda es mayor que el de la oferta, los precios internos están subiendo. Eso se podría corregir si estuvieran abiertas las importaciones; por el contrario, Argentina las está restringiendo a través de la negociación de medidas paraarancelarias o de cupos con el principal socio del Mercosur.
Acuerdos de precios
—¿Cómo estima que se comportará la inflación en 2006?
—En 2004 la inflación fue del 6% y en 2005 subió al doble. Aunque algunos analistas prevén una cifra similar a la del año pasado, soy pesimista al respecto. Posiblemente llegue al 15%, que es un nivel alto, porque la demanda agregada va a seguir creciendo y no es factible que haya una ampliación significativa de la capacidad instalada.
—¿Qué instrumentos maneja el gobierno para detener el avance de la inflación?
—Hasta el año pasado utilizaba el aumento de las retenciones a las exportaciones. Así lo hizo con el gas, la carne, el petróleo crudo, etc. En otros casos, Kirchner recurrió a efectuar fuertes críticas a los empresarios para detener las subas de precios, lo que derivó, por ejemplo, en la instalación de piquetes en las estaciones de servicio de Shell. Luego se introdujo la política de acuerdos de precios por entender que la inflación es un problema de expectativas. Las autoridades creen que si se establecen estos acuerdos, las empresas no van a remarcar los precios "por las dudas", o sea que se van a moderar las expectativas de los formadores de precios y la demanda de los "formadores de salarios".
—¿Qué riesgos entraña el actual monitoreo de precios en las diferentes etapas de la cadena de producción y distribución?
—Es la antesala, aunque no necesariamente, de un control de precios. Esta, a su vez, está a un paso atrás de la vieja ley de abastecimiento, que permite el decomiso de mercaderías en casos de comprobarse acaparamiento con fines de agio, aunque no creo que ese sea el camino que desean transitar las actuales autoridades.
—¿Qué opina de las declaraciones de la ministra Felicia Micelli con respecto a que los acuerdos de precios son un "puente de plata" hasta que maduren las inversiones y se logre estabilizar definitivamente la relación entre la oferta y la demanda?
—Esa idea es equivocada porque la inversión, que es lo que la ministra quiere atraer, opera en función de la rentabilidad, la confiabilidad, el clima de negocios, la oferta energética, etc. Hoy esas variables no son muy favorables para un eventual inversor en Argentina, ya sea nacional o extranjero. Últimamente las inversiones que se han hecho en este país fueron realizadas por empresas pequeñas y medianas. Reconozco que soy uno de los más sorprendidos del comportamiento de la tasa de inversión, que luego de registrar un mínimo en el año crítico de 2002, cuando representó el 11.9% del PIB, remontó hasta 19.5% en 2005. El problema actual es que la relación entre inversión en maquinaria y equipos y población económicamente activa es menor a la del período 1996-99. A pesar del fuerte crecimiento de la inversión el año pasado, el rubro de maquinaria y equipos representó sólo el 7.5% del PIB en comparación con el 9% registrado en 1998, año en que alcanzó su máximo nivel. Por lo tanto, los acuerdos de precios no son un "puente de plata" hasta que madure la inversión; más aún yo veo a los controles de precios como un puente colgante de sogas sobre un precipicio.
Tarifas públicas
—El gobierno de Kirchner ha mantenido una postura inamovible contraria a un eventual aumento del precio de las tarifas de electricidad y gas para los hogares. ¿Hasta cuándo podrá mantener esa actitud?
—En Argentina, aproximadamente el 40% de la demanda de electricidad y gas corresponde al consumo residencial, que desde hace tres años está dividido en tres segmentos. El objetivo del gobierno era mantener las mismas tarifas para los hogares de más bajo consumo y subirlas para las otras dos categorías, dado que ya se las había aumentado a los sectores industrial y comercial. En caso de que no se incrementen las tarifas residenciales de consumo medio y alto, es muy claro que las fábricas, los comercios y los automóviles a gas comprimido van a tener que pagar mayores precios, incluso en dólares, que antes de la salida de la convertibilidad. Si se dispusiera un aumento de tarifas residenciales el Índice de Precios del Consumidor (IPC) subiría por una "única vez", porque es un salto de precios debido a un cambio de precios relativos.
—¿Qué efectos tendría una eventual suba de las tarifas de los servicios públicos en el IPC?
—Incidiría muy poco ya que el conjunto de los consumos de pulsos telefónicos, electricidad y gas no tiene una ponderación mayor al 3% en el IPC. Sí me preocupa que con el actual nivel de precios, la demanda de electricidad y gas siga creciendo y la oferta se mantenga sin cambios porque en algún momento necesariamente va a operar la restricción. En síntesis, tendremos precios baratos pero no habrá electricidad.
Política monetaria
—Algunos economistas atribuyen la aceleración de la inflación a la laxitud de las políticas monetaria y de gasto aplicadas por el gobierno de Kirchner. ¿Qué opina al respecto?
—En primer término, la causa de la inflación es una expansión de la demanda agregada mayor que la oferta agregada tanto por el consumo privado como por el consumo público. Este último ha crecido significativamente a partir de octubre de 2004 cuando dio comienzo la campaña de las elecciones legislativas y provinciales de 2005. En segundo lugar, el gobierno ha decidido mantener un tipo de cambio "competitivo" —que se cotiza a unos tres pesos por dólar— mediante la compra de todas las reservas internacionales posibles. Esa política funcionó hasta 2004 porque la demanda de dinero aumentó hasta ese año. A partir de 2005 el incremento de la base monetaria es equivalente aproximadamente al aumento de reservas, habiendo tenido que ser esterilizado el incremento monetario mediante la colocación de deuda por el Banco Central. En realidad, el gobierno compra reservas con deuda. Esta estrategia no es consistente ad infinitum, pero sí en el corto plazo. Hoy el stock de deuda del Banco Central es equivalente en pesos a U$S 8.500 millones debido a esas compras de reservas.
—Las reservas internacionales de Argentina han crecido un 7.7%, alcanzando los U$S 20.000 millones, desde principios de enero cuando el gobierno pagó por adelantado la deuda con el FMI. ¿Puede provocar ese nivel de reservas un alza de precios al haber más dinero en circulación?
—Las reservas aumentan por las compras del Banco Central a través de la emisión y con una pequeña ayuda que le presta el Tesoro Nacional. Si este le acercara todo el dinero con superávit fiscal primario, no existiría problema alguno. El tema es que hoy esas reservas se compran con deuda, dado que la demanda de dinero en poder del público crece menos que la cantidad de dinero que expande el Banco Central. Entiendo que esta situación no es la fuente para una eventual suba de precios en el corto plazo, aunque no me cabe la menor duda que sí lo será en el largo plazo porque la deuda de la Autoridad Monetaria no puede seguir creciendo infinitamente.
Tipo de cambio
—¿Por qué el peso argentino no se ha apreciado con respecto al dólar como lo han hecho las otras monedas de la región?
—El valor del dólar se mantiene levemente superior a los tres pesos debido a las compras del Banco Central. Al igual que en cualquier mercado libre, si la oferta supera a la demanda, el precio del producto que se ofrece cae. En Argentina, la oferta de dólares es mayor que la demanda de divisas para ser utilizadas para el pago del servicio de la deuda, para el pago de importaciones o para atesoramiento. Si bien el tipo de cambio debería estar cayendo, no lo hace porque hay un comprador de última instancia que es el Banco Central.
—¿Cuál es el objetivo de esa política?
—Básicamente apunta a proteger a los exportadores y a los productores de sustitutos de importación. El esquema de razonamiento del gobierno es que un tipo de cambio "competitivo" implica rentabilidad, lo que genera mayor producción y ventas, da más ganancias, atrae más inversiones, crea mayor demanda de empleo y, finalmente, aumenta el gasto. Este es el círculo virtuoso de la administración Kirchner. Sin embargo, con un tipo de cambio "competitivo", es decir un tipo de cambio real alto, los salarios en términos de adquisición de bienes son bajos. En realidad, la sociedad se vuelve más pobre.
—¿Cómo prevé que evolucione el tipo de cambio hasta fin de año?
—A lo sumo llegará a los 3.15 pesos por dólar, lo que representa una pequeña devaluación del 5% anual. Como los precios internos van a crecer por encima de esa tasa, el tipo de cambio real va a caer este año.
Inversión
—En 2005 la inversión fue equivalente al 19% del PIB. ¿En qué se está invirtiendo en Argentina?
—Históricamente, el 60% del total de la inversión en Argentina ha sido en construcciones y el 40% restante en el rubro maquinaria y equipos, siendo una mitad de origen nacional y la otra importada. Hasta ahora se ha venido invirtiendo algo más de lo habitual en el sector de la construcción, que representó el 62% en 2005.
—Dada la debilidad que todavía exhibe el sector financiero de Argentina, ¿con qué fondos se invierte?
—Desde el 2002 hasta ahora se ha invertido con la caja de las empresas porque hubo un cambio de precios relativos que les aumentó los márgenes de utilidades. En la actualidad, el crédito al sector privado representa el 10% del PIB en comparación con un 20% en promedio que existía antes de la crisis. El sector manufacturero normalmente trabajaba con préstamos equivalentes al 25% del producto industrial bruto, mientras que hoy el crédito no llega al 9% de su producto. Como hubo una transferencia de riqueza enorme con la devaluación de 2002, ese fenómeno ha permitido aumentar la inversión con fondos propios de las empresas.
—¿Cómo vislumbra que evolucionará la inversión privada en 2006 y 2007?
—La inversión bruta total va a seguir creciendo, pero a una menor tasa. El año pasado aumentó un 21.2% respecto a 2004 y es probable que se incremente en un 13.3% en 2006 y 7.5% al año siguiente. La inversión privada también crecerá, y la misma representa el 87% del total de la inversión.
FMI y deuda
—¿Ha mejorado la relación del gobierno argentino con el FMI luego del pago adelantado de la deuda a ese organismo internacional?
—El FMI está satisfecho con el pago de la deuda porque deja de lidiar con Argentina. Esta cancelación es bastante distinta a la de Brasil, que tenía la deuda como apoyo de reservas. En cambio, Argentina había usado el dinero desembolsado por el FMI. Sin embargo, las cancelaciones de Argentina y Brasil le crean problemas a ese organismo internacional porque no le quedan créditos importantes para administrar, excepto el de Turquía.
De ahora en adelante Argentina queda comprometida sólo a la revisión anual que debe cumplir cada uno de los miembros del FMI —el llamado Capítulo 4— incluso aquellos que no han recibido préstamos del mismo. Por supuesto, Argentina todavía no ha arreglado el pago de los préstamos del Club de París, mientras se mantiene al día con el Banco Mundial y el BID. En caso de llegar a solicitar un aumento de esos créditos, se va a requerir el visto bueno de las autoridades del FMI, que se efectuará a través del Capítulo 4 si está actualizado y, en caso contrario, de una revisión de la política económica por parte de ese organismo internacional. En síntesis, la relación de Argentina con el FMI no ha cambiado básicamente, es decir sigue siendo bastante conflictiva. Parecería no haberse ganado nada, excepto que ahora se pueden emitir opiniones sobre sus políticas.
—¿No cree que la cancelación de la deuda con el FMI fue una medida acertada?
—En realidad, el gobierno argentino se vio obligado a hacerlo tras el anuncio que efectuó Brasil a fines del año pasado. Para ello tuvo que recurrir al uso de las reservas compradas con emisión entre los años 2004 y 2005. Considero que hubiera sido mejor cancelar la deuda en cuotas hasta llegar a su vencimiento. Por lo menos, no habría colocado al país en una posición de mayor vulnerabilidad. Además, esa deuda con el FMI estaba pagando una tasa de interés menor que otras obligaciones, por lo cual hubiese convenido cancelar la más cara. Lo interesante es que la sociedad argentina, incluyendo la izquierda, aplaudió ese acto; pero si hubiera sido llevado a cabo por otro partido, probablemente habría sido repudiado.
—¿Es factible que el gobierno argentino formule una nueva propuesta a los bonistas privados que quedaron fuera del canje, a quienes se les adeuda U$S 20.000 millones?
—Debería formularla en condiciones similares a las que obtuvieron los otros acreedores en el canje de deuda efectuado en 2005, porque el gobierno partió de la base de que pagaría el 7% del valor actual de la deuda, pero terminó abonando casi cinco veces más. Es claro que el país tiene que arreglar con todos los acreedores. De lo contrario, Argentina va a vivir pendiente de posibles embargos de acuerdo con lo que resuelva cada tribunal en que accione cada bonista.
Sin continuidad en políticas de Estado
—¿Cuál es el proyecto de país del gobierno de Néstor Kirchner?
—En Argentina cada presidente que asume funciones tiene su propio proyecto de país, lo que supone "borrón y cuenta nueva". No existe una continuidad en las políticas de Estado, ni siquiera en las más elementales. Por lo tanto, la discusión de ese tema carece de sentido. Siempre digo que los inversores privados, cuya participación en la economía es mucho más grande que la del sector público, son quienes definen el proyecto de país, porque son los que invierten y hunden plata en proyectos específicos, aunque el Estado pueda cambiar algunos aspectos a través del esquema de impuestos y subsidios.
—¿Qué rol aspira el presidente que tenga el Estado?
—Aparentemente quiere que el Estado tenga una mayor participación en la actividad económica, lo cual no es bueno ni malo. Entiendo que el Estado debe intervenir donde existan fallas del mercado mediante la introducción de regulaciones, fomentando la competencia e incluso invirtiendo si la rentabilidad social es positiva aun cuando la rentabilidad privada sea negativa. No debe actuar en la asignación de recursos y, por lo tanto, en la producción de bienes. No obstante, puede otorgar subsidios a sectores que considere prioritarios a través de mecanismos transparentes y con montos aprobados por el Congreso. Si este es el esquema que Kirchner tiene en mente, no habrá problemas de entidad. Pero hoy está actuando de otra manera. Le está asignando una participación mayor al Estado al hacer inversión pública en donde debería haber inversión privada. No la hay porque el gobierno no define los marcos regulatorios ni asegura estabilidad jurídica. Espero que eso desaparezca en el futuro.
—¿Cómo definiría a Kirchner?
—Es un populista posmoderno producto del PJ. Pero no olvidemos que dentro de ese conglomerado conviven desde la extrema izquierda furiosa hasta la derecha, porque como decía el Gral. Perón, "el justicialismo es un movimiento" más que un partido.
Las plantas de celulosa son un hierro caliente que nadie quiere agarrar
—¿Es el conflicto de las plantas de celulosa sólo un problema ambiental?
—Toda transformación de la naturaleza conlleva problemas ambientales, ya sea una industria, un proyecto agrícola e incluso, en menor grado, una actividad de servicios como, por ejemplo, el turismo. Toda inversión genera riqueza, que es apropiada por el trabajo, el capital, la tierra y la capacidad empresarial; por lo tanto, existen beneficios para ser apropiados por los factores de producción. Si los beneficios privados son mayores que los costos privados y los costos públicos, eso implica que la inversión se debe realizar siempre y cuando cumpla con las reglas ambientales internacionales, que pueden variar entre las poco exigentes de Rusia y las muy estrictas de Suecia o alguna otra intermedia, para resguardar la salud de los habitantes.
—¿Qué intereses económicos estarían fomentando las diferencias entre ambos países?
—El diferendo tiene razones económicas que han derivado en razones políticas. Las primeras se deben a la decisión de realizar la inversión del otro lado del río, o sea en Uruguay. No sé precisamente en qué se basaron las empresas para tomar tal decisión. Es probable que haya sido por confiar más en las políticas de Uruguay que en las de Argentina, sean nacionales o provinciales. Si imagináramos la situación a la inversa, Fray Bentos estaría hoy día convulsionada con movimientos ambientalistas similares a los actuales de Gualeguaychú, aunque sin el corte de los puentes binacionales. Es lógico que esa inversión se realice porque Uruguay ha tenido desde hace dieciocho años una política de subsidios a la forestación muy importante. Por lo tanto, era de esperar que no sólo exportara rollizos sino también otros productos de la madera.
Estas razones económicas derivaron en razones políticas porque un gobernador, Busti, y un canciller, Bielsa, expandieron ese problema dándole carácter de conflicto nacional. Hoy se ha convertido en un "hierro caliente" que nadie quiere agarrar: ni Entre Ríos ni el gobierno nacional. Por eso Kirchner optó por enviarlo al Congreso para que los legisladores decidan si se impugna la construcción de las papeleras ante la Corte de La Haya. Si bien no soy jurisconsulto ni conozco de negociaciones internacionales, el sentido común me dice que la inversión se realizará y, por consiguiente, el litigio deberá ser resuelto de manera civilizada entre ambos países en una mesa de negociación tratando de minimizar los costos ambientales. Asimismo, se deberá mirar a otros proyectos que también contaminan al río Uruguay y que están del lado argentino. El resto será palabra de Dios porque donde pasa la civilización comienza algún tipo de contaminación.