—¿Qué grado de relación existe entre la segregación residencial y el empleo en Montevideo?
—Las tasas promedio de desempleo en los barrios de Montevideo están inversamente relacionadas con su nivel socioeconómico, siendo mayores cuanto más homogéneamente pobre es la composición social del barrio. Como se sabe, los años de estudio muestran una correlación fuerte negativa con las tasas de desempleo. Pero aun para cada categoría de nivel educativo, cuanto más pobre es la composición social del barrio mayor es el desempleo.
—¿Cuál es el orden causal de la relación barrio-desempleo?
—Se podría argumentar, por ejemplo, que, más allá de sus calificaciones formales, aquellas personas a las que por cualquier razón les resulta más difícil conseguir o mantener un empleo también mostrarán una propensión, mayor al resto de su categoría, a fijar su residencia en terrenos de bajo valor, o que se pueden ocupar sin mayores riesgos de ser expulsados. Desde esta perspectiva, no es que el barrio afecte las tasas de desempleo, sino que los desempleados tienden a agregarse en barrios que reflejan en su composición social las características de los desempleados.
Frente a este argumento, cabe considerar la relación causal opuesta. El perfil del barrio puede incidir en las tasas de desempleo por varias vías. En primer lugar, cuanto más homogéneamente pobre es el barrio, menores serán las oportunidades de un residente de relacionarse con personas que le pueden proporcionar información y contactos útiles para la obtención de empleos. Segundo, se sabe que muchos empleadores utilizan el dato sobre el lugar de residencia de postulantes como un criterio de reclutamiento importante. Es un hecho que el estigma asociado a la residencia en zonas con alta densidad de precariedades y en las que proliferan los "malos hábitos", lleva a rechazar personas con independencia de otras virtudes del potencial trabajador. Tercero, comparados con el resto de los barrios, aquellos donde se concentran las desventajas brindan generalmente menores oportunidades de empleo en el mismo vecindario. En los viejos barrios populares montevideanos, los muchachos tenían la posibilidad de emplearse como dependientes de un comercio o aprendices en un taller. La inexistencia o escasez de estas alternativas en los "guetos urbanos" implica que las relaciones primarias locales no tienen las implicaciones virtuosas en materia de trabajo que tenían en aquellos contextos. Cuarto, hemos recogido evidencia que muestra que la densidad de precariedades en un barrio se asocia a las tasas de delincuentes procesados que allí residen. A medida que cristalizan subculturas marginales las personas, especialmente los jóvenes, quedan expuestos a la eventual atracción de vías alternativas —no legales— para alcanzar las metas de consumo. Estas vías compiten con las legales, desalentando la búsqueda de empleo o reduciendo la significación económica de su mantenimiento. Por último, la concentración de desventajas en un barrio suele estar estrechamente asociada a la ausencia en el entorno de modelos de rol, de personas que a través de una vida de trabajo han mejorado significativamente sus condiciones de vida.
Una corroboración empírica de la importancia de esta línea causal que va del barrio al desempleo la brindan los resultados de estudios sobre la situación de jóvenes de quince a veinticuatro años, no emancipados, que no trabajan, no estudian ni buscan empleo. Independientemente del nivel de educación de sus padres, la proporción de estos jóvenes es significativamente mayor en los barrios con mayor concentración de pobreza. En términos de la doble línea de causalidad antes mencionada, dada la edad de estos jóvenes y la dependencia de sus hogares, resulta más difícil aceptar que sean ellos los que hayan tomado la decisión de radicarse en esos barrios en virtud de su particular desafiliación de las instituciones del trabajo y de la educación.