Opinión

Educación y habilidades para el futuro

Un reporte sobre el futuro del trabajo del Foro Económico Mundial afirma que el 65% de los niños que hoy ingresan a la educación primaria, tendrán empleos que aún no existen.

El 45% de los que se les suspende la asignación son escolares. Foto: F. Ponzetto
Foto: F. Ponzetto

El cambio tecnológico es tan vertiginoso que empleos como Gerente de Club de Video o Telefonista están desapareciendo, y otros como Gerente de Redes Sociales o Influenciador no existían hace apenas cinco años.

Otro ejemplo es el impacto que la introducción de robots está teniendo en el empleo en la industria manufacturera y otros sectores. Esto plantea varias interrogantes, una de ellas es el papel de la educación en la creación de habilidades para responder a estos desafíos.

El estado de la educación en América Latina presenta buenas y malas noticias. En el lado positivo, la mayoría de los países de la región ha aumentado significativamente las tasas de cobertura a nivel de primaria y secundaria, logrando prácticamente la universalización en primaria. Sin embargo, a nivel de secundaria las tasas de deserción continúan siendo elevadas cuando se comparan con estándares internacionales. Por ejemplo, en Uruguay más del 95% de los niños entre los 5 y 14 años asistieron a centros educativos en 2017, mientras que aproximadamente el 56% de los jóvenes entre 18 y 24 años no lo hacen.

Las altas tasas de deserción en educación media en América Latina responden principalmente a la falta de interés de los estudiantes o porque los jóvenes comienzan a trabajar, muchas veces en el sector informal.

Por otra parte, cuando se consulta a las empresas cuáles son sus problemas para operar en la región, una de las razones que manifiestan es que no encuentran mano de obra calificada. Esto indica que los contenidos educativos en la educación media no son lo suficientemente atractivos para mantener el interés de los alumnos, y además no son pertinentes para las demandas del mercado laboral.

Una de las problemáticas más importante de la educación en América Latina es su calidad. Los resultados de las pruebas estandarizadas internacionales muestran que la calidad de la educación en la región es baja, comparada con otras regiones. Por ejemplo, cerca de dos tercios de los estudiantes no alcanzan los niveles de competencia básica en matemáticas de la prueba PISA.

En el caso de Uruguay, si bien se ubica entre los mejores de la región, alrededor del 40% de los estudiantes de 15 años no superan el nivel dos de la prueba PISA, que se asocia a los conocimientos mínimos requeridos en una sociedad del conocimiento. Con contadas excepciones, ha habido poco progreso en este aspecto en la última década en Latinoamérica.

Dadas estas circunstancias, es necesario repensar los sistemas educativos de la región. La agenda de reformas en el sector pasa por preparar a los niños y jóvenes para el futuro, y uno de los ingredientes clave es inculcar habilidades socioemocionales tales como responsabilidad, perseverancia, convivencia, autocontrol y motivación. Esto debe ir acompañado por el fortalecimiento de las habilidades cognitivas. Las políticas públicas para lograrlo son el trabajo con los niños en edades tempranas y el desarrollo de programas de formación continua para los docentes.

Otro reto no menos importante es mejorar la correspondencia entre la formación escolar y las habilidades y competencias demandadas por las empresas. Aquí es fundamental el trabajo conjunto del sector público y privado en el diseño de programas de educación para el trabajo, de prácticas laborales y de primer empleo, de educación dual y de formación continua en la empresa.

CAF —banco de desarrollo de América Latina— apoya los esfuerzos de sus países miembros en la mejora de la educación. En particular, la institución ha contribuido a mejorar el entorno, principalmente en comunidades desfavorecidas, a través del financiamiento de la construcción, expansión, rehabilitación, gestión y mejoramiento de la infraestructura educativa, dotando a los centros con equipos y tecnologías que mejoren el ambiente del aprendizaje. En el caso de Uruguay, CAF apoya a las iniciativas público-privadas educativas que construyen y aportan equipamiento a los centros educativos y polideportivos.

En el ámbito de la deserción escolar y educación técnica y para el trabajo, CAF recientemente aprobó una cooperación técnica para la Administración Nacional de Educación Pública (ANEP) con el fin de apoyar la concreción de trayectorias educativas integrales, continuas, completas y protegidas en educación media. Por otra parte, contribuye a la formación dual a través del apoyo a Ánima, que ofrece un bachillerato tecnológico en Administración y Tecnología de la Información y Comunicación a jóvenes en situación de vulnerabilidad social y combina la formación en el centro de estudios con la formación en el trabajo.

La velocidad de los cambios tecnológicos es un desafío para los sistemas educativos y los mercados laborales de América Latina. Además de completar las reformas pendientes, como la universalización de la educación media y la mejora en la calidad, los responsables de la política educativa de la región tienen la tarea de diseñar e implementar programas que doten a los niños y adolescentes de las habilidades necesarias para la vida y para los trabajos del futuro.

(*) German Ríos, Representante de CAF —banco de desarrollo de América Latina— en Uruguay.

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