Existen desde hace algunos meses presiones inflacionarias que llevaron a la autoridad monetaria a hacer explícita una modificación en la política con la finalidad de contener el alza en los precios y poder así cumplir con las metas fijadas. El objetivo de este análisis de coyuntura es centrarse en el proceso inflacionario reciente, en particular en la evolución de los precios en el primer trimestre del año. En una próxima entrega se profundizará en los aspectos monetarios.
Un primer indicio de que existe una presión al alza en los precios para los consumidores finales es la evolución de los precios al por mayor. Muchas veces es utilizado este índice como un anticipo de lo que será la evolución del IPC. En el Gráfico Nº 1 se presenta la evolución de la variación en períodos de doce meses para el índice de precios de productos nacionales (IPPN) excluyendo de esta canasta el precio de los derivados del petróleo. Esta corrección se realiza por el alto peso individual que tienen los precios de Ancap en la canasta y por la volatilidad que han demostrado estos precios administrados.
Hace cuatro meses que a nivel mayorista se vienen registrando variaciones en los años móviles que superan el 10%. En particular en el año terminado en marzo del 2007 esta canasta de precios se ubica 11,8% por encima de lo observado un año atrás. Hay una aceleración desde diciembre que no cede en un entorno macroeconómico con un alto nivel de indexación.
POLÍTICA. Hay algunas definiciones de la política económica que no resultan neutras al momento de analizar el proceso inflacionario. La primera es que se ha promocionado la indexación de los costos salariales. Esto genera un proceso que se autoalimenta cuando la inflación supera las expectativas. El año pasado sucedió esto con los salarios públicos y con la mayor parte de los convenios salariales que en menor o mayor medida debieron reconocer en enero un incremento por la diferencia al momento de proyectar la inflación.
La indexación, al igual que las presiones por el lado de los costos no generan inflación de por sí, punto que vale la pena recordar en cada análisis sobre la evolución de precios pues en el ambiente político existe la tentación a pensar exclusivamente poniendo énfasis en esta parte del análisis. La otra pata necesaria para que las presiones se concreten en incrementos generalizados de precios es la oferta monetaria. En este sentido en los dos últimos años ha habido una convalidación importante al sostener tasas de crecimiento de los agregados monetarios sensiblemente por encima de la inflación esperada y el crecimiento proyectado de la economía.
Hasta el momento, el deseo de la gente por mantener saldos monetarios disponibles ha permitido que el incremento de dinero no generara inflación. Este proceso de monetización de la economía tiene sus límites y claramente el año en curso promete cambios en esta materia.
Una primera señal es el anuncio realizado a fines de marzo por el Banco Central de una modificación en la política monetaria, con medidas que restringen la tasa de crecimiento de la cantidad de dinero. Esta decisión se adoptó a partir de la consideración de que existe en la economía un repunte de la presión inflacionaria y que se mantiene la decisión de política económica de mantener el rango de inflación entre el 4% y el 6% para el año terminado en septiembre del 2008.
CONSUMIDOR. ¿Qué ha sucedido con los precios al consumidor hasta el momento? En el Gráfico Nº 2 se presenta una descomposición de la variación del índice para períodos anuales terminados en cada mes. Las categorías que interesa analizar son los precios de los bienes que son transables internacionalmente, los bienes con precios administrados con fuerte injerencia estatal y los bienes que se transan preferentemente en el mercado interno.
La inflación observada en el año terminado en marzo fue de 7,4% y se desagrega en un 5.5% de variación en el precio de la canasta de bienes transables, un 5,1% en los bienes y servicios con precios administrados y un 11,3% en los restantes precios, característicos del mercado interno.
No es solo por la diferencia en el nivel que se le asigna responsabilidad en el aumento del índice a los bienes internos. También surge al observar la evolución y ver cómo hay una relativa estabilidad en los precios administrados y que el aumento en la tasa de variación de los precios de bienes que se exportan o importan es mucho más lento que el de los bienes y servicios exclusivos del mercado interno.
SUBYACENTE. Para evitar las fluctuaciones de precios que sean muy volátiles o la incidencia de los precios administrados se suele recurrir al concepto de inflación subyacente. Existen varias medidas, todas proporcionan una óptica para entender la evolución en el corto plazo (de un mes a tres meses). Es de suponer que en el largo plazo la historia que cuenta la inflación subyacente debería ser la misma que cuenta el IPC.
En el Gráfico Nº 3 se presenta la medida más sencilla de inflación subyacente, se excluye de la canasta del IPC el precio de los combustibles y de las frutas y verduras frescas. La tendencia en períodos de doce meses no difiere significativamente de la del IPC que se incorpora como testigo en el mismo gráfico. De todas formas, en los dos últimos años hay una leve subestimación de la inflación por parte del indicador subyacente seleccionado, que promedia 0,2% anual.
Lo verdaderamente importante de la información de este indicador es el impulso que tomaron los precios en los tres últimos meses, superando notoriamente la tendencia marcada por las variaciones en períodos anuales. Incuso es la primera vez en los dos últimos años que la variación de corto plazo supera el nivel de los dos dígitos. Valores de corto plazo por encima de la tendencia son una señal de probabilidad alta de una trayectoria alcista para el futuro cercano en la serie que mide variaciones de largo plazo.
El contenido de información de estas variaciones es similar al que se obtiene del análisis de los precios al por mayor. Sin lugar a dudas es uno de los componentes analíticos que explica el anuncio reciente del BCU.
EXPECTATIVAS. Pero las series de variaciones presentadas miran hacia atrás, contando la historia reciente con mayor o menor antigüedad. Gracias a la labor de recopilación que realiza el BCU sobre las expectativas a futuro de la evolución de precios en los analistas económicos que ofrecen dichas proyecciones en el mercado, se puede especular en cuanto a la trayectoria esperada en la inflación.
En el Gráfico Nº 4 se presenta para cada mes la expectativa mediana de los analistas que contestan la encuesta junto a la máxima y la mínima que se han presentado en dicha oportunidad. Es interesante observar cómo hay un proceso de concentración en las expectativas por fuerza de la reducción de las proyecciones más pesimistas en cuanto a la inflación que bajan a niveles entre el 7,0% y 7,5% hasta febrero pasado. Simultáneamente la expectativa mínima se ha mantenido en el orden del 5% y el promedio en el 6%.
Hay que considerar que en este caso, el último dato no incorpora la información de los últimos anuncios de la autoridad monetaria ni los guarismos registrados por el INE en marzo para los precios al consumidor, puesto que la encuesta se efectuó con anterioridad a los mismos. Sería razonable si en la próxima edición de la encuesta se acentúa el proceso de divergencia entre la punta máxima y mínima y se incrementa la expectativa mediana. Todo va a depender de la confianza que genere el anuncio de cambio en la política monetaria, tema sobre el que volveremos en una próxima semana.