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Costos imprevistos de una reforma de la salud

La iniciativa puesta en marcha en Brasil no logró los resultados esperados, ni en el plano económico ni en materia de seguridad.

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Getty Images

Intentaron sustituir las hospitalizaciones psiquiátricas creando centros comunitarios. Pero los ahorros en camas de hospital fueron menores que los gastos que ocasionaron esos nuevos centros. Además, aumentaron los delitos violentos a consecuencia de esta reforma. Fue un mal negocio.

Fue una reforma brasileña de salud pública, aplicada en gran escala. Los aprendizajes hechos son útiles para Uruguay, donde hoy se está discutiendo el tratamiento de las personas en situación de calle que tienen problemas serios de salud mental por adicciones. ¿Internación hospitalaria compulsiva? ¿Terapias en centros barriales? Veamos las pistas que nos puede dar la investigación de Mateus Dias y Luiz Felipe Fontes que será publicada próximamente en la revista científica Economic Policy de la American Economic Association.

Desafío mundial y respuesta brasileña

Los problemas de salud mental afectan a mil millones de personas. La Organización Mundial de la Salud indica que hay una brecha importante entre las necesidades de la gente de recibir tratamiento en materia de salud mental y lo que los países realmente ofrecen. Dejar de atender los problemas de salud mental puede tener consecuencias económicas negativas severas (por ejemplo, días de trabajo perdidos o menor productividad laboral), que impactan especialmente en los más pobres.

Aunque hay consenso sobre la necesidad de suministrar tratamiento a los que padecen problemas de salud mental, existe un debate importante acerca de cuál es el mejor camino. En la segunda mitad del siglo XX, muchos países se apartaron del modelo imperante de atención en hospitales psiquiátricos y se inclinaron más hacia los cuidados comunitarios. Sin embargo, hasta la presente investigación, no estaba claro el efecto de una u otra alternativa de tratamiento.

Centros comunitarios en detalle

El estudio se centra en examinar las consecuencias de una reforma realizada por el sector público en Brasil en 2002. Se crearon Centros de Cuidado Psicosocial (se conocen como CAPS, por sus siglas en portugués) para sustituir internaciones hospitalarias. Desde los CAPS se ofrecía tratamiento psicosocial, consultas médicas, y derivaciones a otras especialidades. Los equipos técnicos incluían psiquiatras, psicólogos, terapistas ocupacionales y trabajadores sociales.

La mayoría de los que dicen tener problemas de salud mental en Brasil sufren de depresión (76%), mientras que una pequeña fracción sufre esquizofrenia (6%). Sin embargo, sólo el 12% de la población tratada en los CAPS sufre depresión, mientras que la esquizofrenia es la enfermedad mental más común (28% de los pacientes) entre las personas atendidas en dichos centros.

¿Internación o centros comunitarios?

Cuando un centro comunitario CAPS se establecía en un municipio, pasaba a ser la primera fuente de atención psiquiátrica. El objetivo era reemplazar los hospitales. De esta manera, la aparición de los CAPS afectó la decisión de buscar o no tratamiento (gracias su aparición se hizo más fácil buscar atención médica, porque están más cerca, en el propio barrio). Y también afectó el tipo de tratamiento que decidió tomar la gente (atenderse en los centros en lugar de internarse). Así, la reforma hizo que la gente —incluso los que tenían problemas mentales severos, como la esquizofrenia— abandonara la atención en hospitales y pasara a atenderse en los centros comunitarios.

Resultados de la reforma

Apareció un primer problema: la reforma significó una pérdida monetaria para el Estado. Es decir, los gastos generados por la creación de centros comunitarios fueron superiores a lo que se ahorró por la menor utilización de camas en los hospitales. La reforma fue deficitaria.

Otra consecuencia de la reforma brasileña: aumentó la tasa de homicidios en los lugares donde se crearon los centros CAPS. Existen personas con problemas de salud mental que son más propensos a cometer actos violentos (y por lo tanto también son candidatos a ser víctimas de violencia). Si esas personas más peligrosas estuvieran internadas, bajaría la chance de que cometan delitos violentos: los centros comunitarios no resultaron efectivos para tratar a los violentos.

Antes de la creación de los centros comunitarios CAPS, las municipalidades eran muy parecidas en la evolución de las tasas de homicidios. Sin embargo, a consecuencia de la reforma, las municipalidades que pasaron a tener centros CAPS aumentaron 7,7% la tasa de homicidios. El problema fue abandonar la internación de pacientes propensos a la violencia.

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