CARLOS STENERI

Consecuencias del nuevo proteccionismo

El presidente electo de Estados Unidos Donald Trump anunció oficialmente el retiro de su país del Acuerdo Comercial TransPacífico en sus primeros 100 días de gobierno. Además agregó que comenzará la renegociación del Nafta, bajo la estrategia de canalizar el comercio externo hacia acuerdos bilaterales donde primarán los intereses de Estados Unidos.

Se confirmó entonces que entramos en un escenario nuevo cuyo denominador común es el proteccionismo, donde experiencias históricas similares que surcaron el siglo pasado mostraron sus efectos adversos sobre la economía mundial.

Pero una diferencia que contrasta aquellos episodios es la presencia ascendente de China, a quien este cambio le abre un abanico de oportunidades inesperado, fortaleciéndola como potencia mundial tanto en lo geopolítico como en lo comercial.

Las declaraciones recientes del Presidente Xi en la reunión de países de la cuenca del Pacífico celebrada en Lima días pasados son elocuentes… "China no cerrará sus puertas hacia el mundo exterior sino que las abrirá aun más, …para envolvernos completamente en la globalización económica".

Ello resalta la visión antagónica de China con la futura administración Trump sobre el papel de la globalización en el desempeño de sus economías. En un caso aparece como una traba; en el otro como una herramienta ineludible para fortalecer su crecimiento. Ante ello se encuentra con una coyuntura histórica inesperada, donde intentará ocupar el lugar dejado por Estados Unidos como campeón de la apertura comercial.

Una pregunta que surge de inmediato es si China será capaz de compensar la retracción comercial promovida por la postura proteccionista de Estados Unidos. Ante ello surgen dudas.

Si consideramos como un bloque al mundo integrado por Estados Unidos y Europa, vemos que representan el 47% del PIB mundial calculado en Paridad de Poder de Compra. China explica el 15% del total. Respecto a la participación en las importaciones globales, el guarismo es 31% y 12% respectivamente.

Eso muestra que la determinante final de las importaciones mundiales es la postura de las políticas comerciales de los países más industrializados. Y lo que se percibe hacia delante es que ese mundo entra en una tónica proteccionista inédita en las últimas décadas. Por tanto el aporte de China como importador de última instancia no lograría compensar los efectos del proteccionismo del mundo desarrollado. La razón es que la masa de consumidores finales con mayor poder adquisitivo, pertenece aun a los países más desarrollados. Y las medidas anunciadas pretenden abastecerlos con menos productos importados. Eso debilitará al comercio mundial, el cual ya se viene contrayendo desde hace ya un tiempo. Pero por detrás de este panorama, surgen algunas interrogantes que pueden relativizar la magnitud de esa predicción. Su explicación deviene de las características actuales de la globalización.

En primer lugar la reducción de los costos logísticos, de transporte y de las comunicaciones, incluida la informática, posibilitó desconcentrar geográficamente las cadenas productivas aprovechando las ventajas de cada localización en la reducción de costos de producción. En general, la tecnología básica aplicada en la invención, el diseño posterior, la fabricación de componentes y luego el montaje del producto final se ejecutan en orígenes diferentes. Por tanto la competencia entre trabajadores muchas veces se produce dentro de una misma cadena productiva, donde hay ganadores y perdedores. Como ejemplo, el operario de una cadena de producción de automóviles estadounidense desplazado por su par mejicano es resultado de una decisión empresarial que usa las prerrogativas de un acuerdo comercial como el Nafta. Suponer que el acuerdo fue diseñado sin el acuerdo empresarial es pecar de inocentes. Y no hacerlo los hubiera dejado fuera de competencia ante el arribo de la eficiente industria automovilística asiática. Mire por donde se mire, hoy la mayoría de los productos transados internacionalmente son un sandwich de componentes de orígenes diversos que será muy difícil de revertir por razones técnicas y económicas.

En definitiva fueron los empresarios, aprovechando de los avances tecnológicos, y en menor medida los gobiernos, los que motorizaron el proceso de globalización tal como hoy lo conocemos.

Y esto plantea dudas sobre los alcances finales de los cambios anunciados por el futuro presidente de Estados Unidos. Llevarlos hasta sus últimas consecuencias implica un choque frontal con corporaciones empresariales muy poderosas, poseedoras del activo intangible insustituible que es el conocimiento para desarrollar nuevos productos. En el mundo actual esa es la llave que posibilita expandirse o penetrar nuevos mercados. Y ningún país mortifica lo que es una de sus fuentes básicas de riqueza y de empleo.

Obviamente que las promesas electorales apuntaron al reverdecimiento de actividades que pertenecen a un pasado sin retorno.

Sobre este manojo de fuerzas contradictorias se movilizará un futuro incierto que nos debe poner en guardia, para evitar probables contratiempos pero también aprovechar oportunidades por aquello de que "a río revuelto…".

China sin duda intentará aprovechar esta oportunidad histórica.

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