China es una superpotencia tentativa

| Más allá de si es precoz o prematura, mientras siga preocupada por el futuro sus rivales no necesitan inquietarse demasiado

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Es probablemente una medida de resistencia de Estados Unidos como potencia económica que su caída sea pronosticada tantas veces. En 1956 los rusos informaron gentilmente a los occidentales que "la historia está de nuestro lado. Los vamos a enterrar". En los ochenta la historia pareció ponerse del lado de Japón. Ahora parece estar del lado de China.

Estas profecías son "auto-negadas", de acuerdo a Larry Summers, ex-consejero económico del presidente Barack Obama. No logran ser ciertas en parte porque Estados Unidos las cree, y después se ocupa de desafiarlas. "Mientras estemos preocupados por el futuro, el futuro va a ser mejor", afirmó, poco antes de dejar la Casa Blanca. Su discurso es citado en "Eclipse", un nuevo libro de Arvind Subramanian del Instituto Peterson de Economía Internacional. Subramanian sostiene que el poderío económico de China va a eclipsar al de Estados Unidos más pronto de lo que la gente cree. Niega que su profecía sea "auto-negada". Incluso si Estados Unidos presta atención a su advertencia, hay muy poco que pueda hacer al respecto.

Tres fuerzas van a sostener el ascenso de China, afirma Subramanian: demografía, convergencia y "gravedad". Dado que China tiene una población cuatro veces mayor que la de Estados Unidos, necesita producir solamente la cuarta parte del producto per cápita que Estados Unidos para superar el producto total de éste. De hecho, Subramanian piensa que China ya es la mayor economía mundial, cuando se toman en cuenta los bajos precios de muchos bienes y servicios locales chinos fuera de sus ciudades. A pesar de ser grande, la economía china está un tanto "rezagada". Eso le otorga mucho margen para disfrutar de un crecimiento extra, mientras se acerca al producto per cápita de los países desarrollados, a diferencia de la economía japonesa, que aún era mucho más pequeña que la estadounidense cuando alcanzó la frontera tecnológica.

Impulsada por estas dos fuerzas, Subramanian calcula que China va a significar más del 23% del PIB mundial para el 2030, medido en paridad de poderes de compra. Estados Unidos va a representar menos del 12%. China va a ser igualmente dominante en el comercio, representando el doble de la participación de Estados Unidos en importaciones y exportaciones. Esa proyección se basa en el modelo "gravitacional" de comercio, el que asume que el comercio entre países depende de su peso económico y de la distancia entre ellos. El comercio de China va a superar al de Estados Unidos tanto porque su economía se va a expandir más rápidamente, como porque sus vecinos van a crecer más rápido que los del patio trasero de Estados Unidos.

Subramanian combina la participación de cada país en el PIB, el comercio y la inversión extranjera mundiales en un índice de "dominancia" económica. Para el 2030 la participación de China en el poder económico global va a alcanzar al que Estados Unidos tenía en 1970 y al de Gran Bretaña un siglo antes (ver gráfico). Los prudentes estrategas estadounidenses que preparan a sus compatriotas para un mundo "multipolar" están equivocados. La economía global va a seguir siendo unipolar, dominada por un "G1", sostiene Subramanian. Es solo que ese uno va a ser China y no Estados Unidos.

La conclusión de Subramanian es controversial. Los supuestos, sin embargo, son conservadores. Él no descarta una "gran crisis financiera". Proyecta que el ingreso per cápita de China va a subir un 5,5% anual en las próximas dos décadas, 3,3 puntos porcentuales por debajo de lo que creció en las últimas dos décadas aproximadamente. Se podría casi decir que Subramanian es un "pesimista chino". Lista varios países (Japón, Hong Kong, Alemania, España, Taiwán, Grecia, Corea del Sur) que alcanzaron un estadio comparable de desarrollo -un estándar de vida equivalente a 25% del de Estados Unidos en su momento- y luego crecieron a más del 5,5% per cápita en los veinte años subsiguientes. Pudo encontrar solo uno, la Rumania de Nicolás Ceausescu, que alcanzó ese umbral y después sufrió un enlentecimiento mayor al que imagina para China.

Solamente muestra un excesivo optimismo con los problemas que implica una población china cada vez más envejecida. En los próximos años, el ratio de trabajadores chinos versus dependientes va a dejar de crecer y va a empezar a disminuir. Descarta este inconveniente demográfico en un pie de página, sosteniendo que no va a resultar muy pesado para el crecimiento de China hasta después de 2030.

Tanto China como Estados Unidos pueden sorprender a la gente, por supuesto. Si el sistema político chino implosiona, "se caen todas las apuestas", admite Subramanian. La economía de Indonesia, a modo de ejemplo, necesitó cuatro años para recuperarse de la crisis financiera que terminó con el reinado de treinta y dos años del presidente Suharto. Pero incluso esa conmoción solo interrumpió el progreso de Indonesia, sin detenerlo. Por otro lado, Estados Unidos también podría redescubrir el empuje del boom de los noventa, creciendo 2,7% per cápita en lugar del 1,7% que asume Subramanian. Pero incluso ese espectacular cambio no impediría que cayera por debajo de una economía china que crece el doble de rápido. Por lo tanto, los americanos están equivocados al pensar que "ellos serán los responsables de perder su preeminencia".

LÍMITES. Si China realmente le quita el lugar a Estados Unidos, ¿qué tipo de hegemonía será? Algunos sostienen que va a ser una superpotencia "prematura". Dado que va a ser grande antes de ser rica, se va a concentrar en sus necesidades domésticas sin cumplir con sus obligaciones globales. Si eso pasa, el mundo podría parecerse a la economía global sin cabeza de los años inter guerras, cuando Gran Bretaña no podía y Estados Unidos no quería liderar. Pero Subramanian prefiere describir a China como una superpotencia precoz. Podrá no estar entre las economías más ricas, pero no va a ser pobre tampoco. Su estándar de vida va a estar cerca de la mitad del de Estados Unidos en 2030, y un poco más alto de lo que es hoy el de la Unión Europea.

Con suerte China va a combinar su precocidad en desarrollo económico con un conservadurismo trabajoso en diplomacia económica. Debería permanecer comprometida a preservar una economía global abierta. De hecho, su compromiso podría ser más profundo que el de Estados Unidos, porque su ratio comercio/PIB es mucho mayor.

La predominancia de China también va a tener límites, como señala Subramanian. A diferencia de Estados Unidos en los cuarenta, no va a heredar una situación institucional en blanco gracias a la guerra. El orden económico no cederá fácilmente ante nuevos diseños arriesgados y es poco probable que China ofrezca ninguno. ¿Por qué usar su posición dominante para destruir el mismo sistema que la ayudó a asegurar su posición en primer lugar? En un informe oficial publicado a fines de septiembre, el Consejo de Estado de China insistió en que "China no busca la hegemonía regional o un ámbito de influencia". Más allá de si es precoz o prematura, China es aún una superpotencia tentativa. Mientras permanezca preocupada por el futuro, sus rivales no necesitan inquietarse demasiado.

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