Brasil: balance del 2006

El balance anual que suelo hacer en estas páginas sobre la economía brasileña hace ya algunos años puede resultar algo repetitivo para quienes estén acostumbrados a seguir de cerca los grandes números de la economía brasileña. Sin embargo, a pesar del inevitable tono de lo que los economistas llamamos de "análisis de ascensor" (en base al relato de cuales variables subieron y cuales bajaron) creo que la descripción puede ser útil para aquellos lectores que tienen poca familiaridad con el tema, para fijar en pocas líneas y en un cuadro sintético qué fue lo más importante que ocurrió en materia de economía con Brasil en el año que acaba de cerrar, tomando como parámetro de comparación las cifras del 2005.

Como se puede ver en el cuadro adjunto, podemos decir que los grandes rasgos del desempeño macroeconómico del país en los últimos años volvieron a hacerse presentes en el 2006. En particular, lo que se vio, en líneas generales, fue una economía que, primero, tiene dificultades importantes para poder crecer a un ritmo más intenso; segundo, exhibe una vez más un superávit comercial de dimensiones "asiáticas", mejorando así el frente externo; tercero, mantiene la caída de la inflación; cuarto, conserva elevados niveles de desocupación; quinto, "entrega" por octavo año consecutivo un superávit primario robusto.

Veamos esos diversos puntos poniéndole rápidamente la lupa a cada uno de ellos. El crecimiento del PIB -nuevamente inferior al 3% en el 2006- se ha ido convirtiendo en el principal punto débil de la macroeconomía de Brasil, reflejo a su vez de otras debilidades ligadas a la composición del gasto público y a los bajos niveles de inversión. Mientras antes se creía -y debo confesar que yo mismo llegué a simpatizar con la tesis- que una vez ordenadas las cuentas públicas y domada la inflación, Brasil estaría apto para crecer por lo menos 4% al año, los problemas estructurales ligados a la baja productividad, la escasa educación y la precaria inversión pública del país empiezan a pasar la factura de años y años de cuestiones acumuladas y, como se dice coloquialmente, "empujadas con la barriga" sin ser encaradas de frente. Una vez superada la etapa "fácil" de la simple ocupación de capacidad ociosa disponible, como en el crecimiento del 2004, asoman los problemas existentes que representan obstáculos a la ampliación de la inversión y hay grandes dificultades para sostener un ritmo de crecimiento de 4% a 5% anual. En ese contexto, no es de extrañar que la tasa de desocupación medida por el Instituto Brasileño de Geografía y Estadísticas (IBGE) haya vuelto a crecer, localizándose alrededor del 10% como promedio anual.

Al mismo tiempo, otro elemento algo preocupante de la llamada "economía real" es que tasa de inversión, representada por la participación de la Formación Bruta de Capital Fijo en el PIB, sigue "patinando" en Brasil alrededor del 20%, cuando casi todos los analistas coinciden en apuntar que si el país desea crecer al citado ritmo sostenido de entre 4% y 5%, dicha variable debería alcanzar cifras de por lo menos 24% a 25% del producto. Aunque con algunas oscilaciones (y en este caso en el 2006 la inversión creció algo por encima del producto, pero no llegó a despegarse mucho) los últimos años no modificaron la tendencia de la mencionada variable a quedarse relativamente estancada en el citado nivel cercano al 20% del PIB.

Por otra parte, en materia de los principales indicadores macroeconómicos, la buena noticia es claramente que la inflación ha dejado de ser una preocupación relevante para los brasileños. En efecto, el aumento de los precios el año pasado fue del orden de apenas 3% y, lo que es más importante, contrariamente a otras ocasiones efímeras en las cuales la tasa de inflación fue baja un año, apenas para explotar al año siguiente, nadie proyecta nada demasiado grave en ese campo para el 2006. Es posible, por lo tanto, que en algún momento de los próximos años el Banco Central sea pautado por un régimen de metas permanentes de inflación en un rango de entre 3% y 4% .

El superávit primario cayó alrededor de 0,5% del PIB, debido al aumento del gasto por encima del aumento de los ingresos, completando el tercer año consecutivo en que el gasto primario del gobierno nacional, en términos reales, crece a un promedio de 9% a 10%. Como ese efecto de disminución del superávit primario compensó la caída del pago de intereses, aunque aquel se mantuvo dentro de los parámetros fijados por el gobierno (meta de 4,25% del producto) el hecho es que el déficit público se mantuvo alrededor del 3% del PIB, pese a la caída de la tasa de interés. La explicación para tal suceso está en el pago de intereses del sector público del orden de 7% a 8% del producto, ya que la tasa real de interés -aunque menor que en el 2005- siguió siendo bastante alta.

Por último, la balanza comercial sigue trayendo buenas noticias. La novedad es que el excelente resultado de las exportaciones dejó de estar asociado a la expansión de las ventas en términos reales, ya que el aumento de las ventas al exterior estuvo básicamente asociado a un fenómeno de incremento de precios en dólares. En efecto, el crecimiento de las exportaciones en términos reales se estima que haya sido de menos de 5%, contra 12% en el 2005. Pese a eso y al aumento de las importaciones, el superávit comercial siguió siendo notable, superando con holgura los U$S 40 mil millones, con lo cual el país alcanzó un robusto superávit también en la balanza en cuenta corriente por cuarto año consecutivo y el Banco Central tuvo condiciones de adquirir reservas internacionales a un ritmo bastante fuerte, completando el año con cerca de U$S 85 mil millones en sus cofres, bastante más del doble de las que tenía al concluir el gobierno de Cardoso en el 2002.

En resumen, el año 2006 consolidó la impresión de Brasil como un país que crece poco y que no llega a dar vuelta definitivamente la página de sus problemas fiscales, al mismo tiempo que va dejando atrás la inflación y mejora sus indicadores externos. La imagen de un vaso "lleno por la mitad, o vacío por la mitad", por lo tanto, es algo que parece ajustarse bien a una realidad con matices, donde indicadores positivos acompañan a otros que resultan claramente frustrantes.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar