Ayuda que se puede volver costumbre

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Por segunda vez en la historia del Banco Central (BCU), el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) anunció que capitalizará a la autoridad monetaria. La primera vez fue en septiembre de 2010 y la segunda tendrá lugar en breve de modo de cumplirse con lo establecido en la carta orgánica de la institución que rige desde 2008 cuando, entre otras cosas se discutiera, aunque finalmente no se dispusiera normativamente ni se practique en los hechos, su autonomía para el manejo de la política monetaria. La primera capitalización, considerada oficialmente como un hito histórico ante los déficits operativos que ocurrieran desde la creación en 1967 del BCU, es sucedida por otra cuya razón de ser es idéntica a la anterior: compensar los déficits operativos ocurridos en los últimos 16 meses. Tras la primera capitalización para cumplir con la norma que establece un capital mínimo del orden de los 600 millones de dólares, la autoridad monetaria no ha modificado el signo de sus resultados y ha seguido teniendo pérdidas. En esta segunda oportunidad el instrumento de la capitalización es como en la primera ocasión, la emisión de un título cuyo deudor es el MEF por un monto del orden de los 447 millones de dólares. Si en la primera vez se había cumplido con pasar de un capital negativo al exigido por la norma en la carta orgánica y ahora se le vuelve a capitalizar por la cantidad citada, la pérdida incurrida en el lapso entre ambas capitalizaciones debe ser aproximadamente el de la segunda inyección de recursos, algo que confirma el balance del BCU al 31 de diciembre de 2011 al mostrar un rojo de 416 millones de dólares (8.028 millones de pesos).

RAZONES. La razón del nuevo aporte de capital a través de bonos en unidades indexadas que debe hacer el MEF, es la habitual en instituciones con resultados negativos: los ingresos que recibe el BCU no cubren sus gastos tanto operativos como los que incurre para llevar adelante su función macroeconómica de manejo de la política monetaria. Habitualmente, los ingresos de un banco central derivan de lo que producen sus activos: colocación de sus reservas internacionales y retorno de su crédito al sector público, al sistema financiero y otras colocaciones por el estilo. Y, normalmente, los ingresos mayores provienen de la inversión de sus reservas internacionales sobre todo en el caso de nuestro país en el que la autoridad monetaria no financia al sistema financiero ni al sector público. Hoy, los rendimientos de esas colocaciones en el exterior a corto plazo tienen una rentabilidad prácticamente nula a juzgar por lo que alcanza el nivel de las tasas de interés básicas en los principales países del mundo con grado de inversión. En el corto plazo no superan al 0,25% en Estados Unidos, al 1% en el Banco Central Europeo, al 0,10% en el Banco de Japón y al 0,5% anual en el Banco de Inglaterra. Vale decir que los más de 10.300 millones de dólares que tiene el BCU como activos de reserva (reservas internacionales), prácticamente, no generan rendimientos.

En lo que tiene que ver con los gastos operativos de la autoridad monetaria, están los de funcionamiento. Estos son los pagos de salarios de sus empleados en lo que el BCU es altamente intensivo ya que es una institución que no solamente toma decisiones de política monetaria sino que además realiza la supervisión del sistema financiero, elabora estudios y recopila datos para sistematizar información sobre variables macroeconómicas como las de las cuentas nacionales, las monetarias y las del sector externo de la economía, entre otras, además del uso de recursos informáticos y los propios gastos generales. Entre los gastos relacionados con su función de desarrollar la política monetaria, el BCU incurre en gastos por los intereses que paga para la absorción de liquidez que realiza a través de las diarias operaciones de mercado abierto empleando letras de regulación monetaria en pesos y en unidades indexadas. Cuando el BCU entiende que la cantidad de dinero excede a la que es compatible con la inflación objetivo que tiene, extrae billetes y monedas en circulación colocando títulos en el sistema financiero por los que debe pagar una tasa de interés. Esos intereses constituyen un gasto o una pérdida que es el sacrificio que debe hacer para intentar cumplir con su objetivo antiinflacionario. El monto de esas colocaciones de títulos de absorción de liquidez al 31 de diciembre alcanzaba a 123.550 millones de pesos equivalentes a 6.190 millones de dólares.

DESDOLARIZACIÓN. Desde hace varios años, la desdolarización, en un país con fuerte inclinación de sus agentes económicos por mantener activos financieros en dólares, ha sido un objetivo de las autoridades económicas. Para ello, se ofrece un atractivo hacia los títulos en moneda local y ese "caramelo" es la tasa de interés que se paga por su tenencia. En la medida en que en el mundo desarrollado se viven momentos recesivos o de estancamiento y de crisis financiera a pesar de las bajísimas tasas de interés, se ha magnificado la práctica de administradores de fondos de inversión de financiarse en monedas con bajas tasas de interés y colocarse en títulos en monedas con tasas altas. Ese fenómeno, denominado "carry trade" coexiste con otro: el de la desinversión en los países desarrollados en situación recesiva o bajo crecimiento y la movilización de capitales hacia los países emergentes entre los que, como otros sudamericanos que ofrecen mejores tasas de retorno a la asignación de esos capitales, se encuentra Uruguay. La conjunción de ambos fenómenos, a los que se agregan inversores y bancos locales e inversores institucionales como las AFAP, lleva a una gran oferta de dólares que en caso de flotación libre del tipo de cambio derribaría su cotización a niveles aún más bajos que el actual. Para defender la competitividad de la producción transable que amenaza la baja del tipo de cambio, el BCU abandona su política de flotación, interviene en el mercado para evitar la caída del valor del dólar y emite billetes y monedas para comprar el excedente de moneda extranjera. Pero la emisión amenaza el objetivo inflacionario por lo que esteriliza esa emisión o parte de ella con la colocación de las letras de regulación monetaria ofreciendo tasas de interés que en definitiva incitan cada vez más a la desdolarización y a la venta de moneda extranjera. En otras palabras, compra dólares endeudándose a un costo mayor al que le reporta la colocación de esas reservas internacionales que adquiere.

Ese proceso de desdolarización es una de las principales razones del déficit del BCU. Un desequilibrio que, de seguir instancias como las que se vienen dando desde hace ya varios años ante las condiciones internacionales favorables para el ingreso de capitales y el "carry trade", y sin el apoyo de una política fiscal menos expansiva, no dará respiro a la autoridad monetaria y requerirá capitalizaciones periódicas.

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