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Turismo alternativo: hospedaje por trabajo

Cada vez más sistemas de intercambio para obtener comida y alojamiento en viajes a cambio de tareas voluntarias funcionan en decenas de países, incluido Uruguay. Y ya son una tendencia.

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El contacto con la naturaleza es uno de los intereses comunes de los wwoofers

Julia se despierta temprano, respira hondo disfrutando el aire limpio de la campiña francesa y se asoma al comedor para compartir el momento del desayuno con su familia anfitriona, aprovechando también para practicar un poco de su oxidado francés. De inmediato comienza su tarea en la granja: cinco horas cada día, en las que ayuda con los cultivos a la vez que aprende sobre agricultura orgánica y hasta construcción en adobe. Pasado el almuerzo también en familia, luego de ayudar a limpiar la cocina y ya con el trabajo diario terminado, en las tardes y los fines de semana aprovecha para acercarse a los poblados cercanos o viajar hasta alguno de los grandes centros europeos para hacer un turismo más convencional. Julia es uruguaya, tiene 26 años, y optó por el wwoofing como método para costearse estadías largas en países, y culturas, que siempre quiso conocer.

En el siglo de la globalización recargada, el mundo es cada vez más chico. Decenas de sitios web ofrecen una suerte de turismo alternativo, con una gran dosis de intercambio cultural, sin dinero de por medio. La fórmula es brindar un servicio a cambio de alojamiento y comida, y viceversa, por períodos cortos de tiempo. De esta manera, los viajeros capitalizan mejor su presupuesto, practican idiomas, aprenden sobre un oficio, conviven con locales, captan mejor la cultura del lugar, conocen rincones a los que difícilmente llegarían de otro modo, y ganan una experiencia única. Los anfitriones, en tanto, reciben ayuda en sus proyectos y se enriquecen culturalmente con lo que esos visitantes les aporten.

Workaway, HelpStay, Helpx, Volunteers Base, World Packers, Staydu y WWOOF son solo algunos de los sitios web más conocidos que posibilitan registrarse, ya sea como viajero o como anfitrión. Iniciar la aventura de su vida está a un click de distancia.

Granjas ecológicas.

WWOOF es uno de los referentes indiscutidos cuando se habla de este tipo de sistemas de intercambio. Es la sigla de World Wide Opportunities on Organic Farms (Oportunidades internacionales en granjas orgánicas), aunque cuando la idea nació, hace más de cuarenta años en Londres, su creadora, Sue Coppard, la bautizó Working Weekends on Organic Farms (Trabajando los fines de semana en granjas orgánicas). Es que fue un fin de semana de 1971 cuando Coppard asistió con algunos compañeros de trabajo a una granja en las afueras.Sin que fuera la intención primera, terminaron trabajando y aprendiendo sobre cultivos naturales. Surgía así el espíritu de los llamados wwoofers.

Actualmente, la mayoría de los que se ofrecen para el trabajo voluntario son jóvenes, muchas veces graduados universitarios, que quieren hacer una experiencia viajera diferente de la de los mochileros. Además, los hostels —la primera alternativa de alojamiento para estudiantes al momento de hacer turismo— generalmente están ubicados en el centro de grandes ciudades y no permiten conocer un país por dentro, menos aún el campo.

El sistema de wwoofing es bastante simple. El voluntario ingresa a la página web de la organización, www.wwoof.net, elige el país al que desea llegar, completa un formulario y paga anualmente alrededor de 40 dólares para acceder a un listado con todas las granjas asociadas. Allí se especifica qué régimen ofrecen: cuántas horas diarias de trabajo esperan por parte del voluntario (en general, entre cuatro y seis), qué tipo de tareas adjudican, cuáles son los días libres, cuál es el máximo tiempo de estadía que desean por voluntario (algunos ponen un tope en dos o tres semanas, otros aceptan tiempo indefinido, y se puede negociar durante la propia estadía), y si el acuerdo incluye o no las comidas. El voluntario puede entonces ponerse en contacto con los agricultores para acordar cuándo llegará y terminar de definir las reglas de convivencia.

Un denominador común que suelen tener quienes se aprestan a vivir este intercambio es el interés por la ecología. En las granjas orgánicas, además de practicar una agricultura que respeta a la naturaleza, se suelen utilizar fuentes de energía renovable, se aprovecha el abono y se cuenta con aceitados sistemas de reciclaje.

Andrew Strange, director de Wwoof Internacional, tiene una pequeña oficina en Nueva Zelanda y es granjero orgánico, igual que su mujer. Ambos desean que todos conozcan el estilo de vida en lugares así y creen que su organización es una buena forma de fomentarlo.

De todo un poco.

"HelpX es un listado online de granjas orgánicas, granjas no orgánicas, estancias turísticas, casas de familia, ranchos, bed and breakfasts, hostels de mochileros y hasta veleros que invitan a ayudantes voluntarios a quedarse con ellos por períodos cortos de tiempo a cambio de comida y alojamiento". Así se define en su página web, helpx.net, Help Exchange (Intercambio de Ayuda), otra de las organizaciones referentes entre estos sistemas de turismo alternativo.

HelpX funciona de modo muy similar a Wwoof, pero con un amplio abanico de proyectos. Los trabajos disponibles pueden ser desde ayudar en la construcción de un bote hasta cuidar niños, enseñar idiomas, pintar un rancho, limpiar un terreno, cocinar, todo a cambio, otra vez, de alojamiento y comida. Algunos también incluyen como beneficio para los voluntarios clases de surf, kayak, traslados, bicicletas, paseos o clases de inglés. Nunca hay dinero de por medio.

En este caso, además, hay dos tipos de membresía: una gratuita y otra "premier" que cuesta 20 euros anuales, lo que les permite contactarse con todos los anfitriones y leer todas las reseñas. El acceso a la web de los miembros gratuitos es más restringido.

Hay proyectos en más de 120 países, incluido Uruguay, que cuenta con nueve propuestas de trabajo en la página para diversos emprendimientos. Entre ellos, se buscan voluntarios para ayudar en una estancia en Fray Bentos, una granja en Migues o un hostel en La Pedrera; algunos solo ofrecen alojamiento, pero no las comidas. Los países con más proyectos de voluntariado listados son Australia, Nueva Zelanda, Canadá, Francia, Estados Unidos, Portugal, Irlanda e Italia.

En cualquier caso, los involucrados destacan que no se deben tomar estas experiencia tan solo como una forma alternativa de hacer turismo más fácil. Porque no lo es. Se requiere buena voluntad y buen estado físico para el trabajo, tolerancia y respeto por la diversidad cultural. Los voluntarios deben tener en cuenta que van a vivir en una casa de familia que les abre las puertas de su hogar y su intimidad.

Esto también es caldo de cultivo para choques de convivencia. Que el voluntario sea descuidado con la casa, irresponsable o tenga problema de higiene es uno de los riesgos, así como que el anfitrión abuse de sus pedidos o encargue tareas que son más propias de un profesional que de alguien sin conocimientos. Por eso mismo, se requiere siempre que se informen bien sobre la otra parte, preguntando todo lo necesario antes de iniciar la experiencia, como por ejemplo referencias de viajeros y anfitriones anteriores.

Mascotas.

Los amantes de perros y gatos —y todo tipo de animales, de hecho—tienen su propio sistema de intercambio para hacer turismo. Se trata del llamado housesitting, que no es otra cosa que cuidar una casa y las mascotas que viven en ella cuando los dueños salen de vacaciones (o se ausentan por la razón que sea).

TrusteedHousesitters, MindMyHouse y House Carers son algunos de los sitios orientados a contactar cuidadores con dueños. En estos casos, el costo de los registros es un poco más alto. En el caso de TrusteedHousesitters, por ejemplo, la membresía por tres meses cuesta 72 dólares y la anual, 95. Si ingresa podrá ver, entre cientos de posibilidades, la oferta de quedarse en una casa en Nottingham, Inglaterra, durante dos semanas, a cambio de cuidar a dos gatos y regar las plantas. O de pasar 20 días en una casa de Corlay, en las afueras de Francia, si el voluntario accede a alimentar y pasear diariamente a dos galgos, ser cariñoso con ellos, y también cuidar la casa.

Lo cierto es que las posibilidades para conocer el mundo están ahí. Es cuestión de saber buscarlas.

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