Trastorno que mezcla alcohol y anorexia

DR. PABLO PERA PIROTTO

Desde hace varios años que se diagnostican y tratan distintos trastornos alimentarios que afectan, sobre todo, a las adolescentes, siendo los más conocidos la anorexia y la bulimia.

Por otra parte, la ingesta de grandes cantidades de alcohol es un problema que está afectando a chicas de edades cada vez más jóvenes, que no logran moderar su consumo, sobre todo cuando salen los fines de semana.

Hasta hace poco, parecía tratarse de cuestiones independientes entre sí, pero últimamente se está constatando un incremento en el número de casos en los que se ven conjuntamente estas dos graves problemáticas. Esta peligrosa combinación propia de los tiempos que nos tocan vivir, reúne por un lado la obsesión patológica por estar y verse delgada, con el consumo excesivo de alcohol.

Si bien a primera vista pueden resultar difíciles de relacionar, es claro que ambas conductas tienen en común el objetivo de lograr la aceptación social por parte del grupo de pares, que presentan conductas similares.

Es el caso de aquellas jóvenes que toman demasiado y luego, para compensar la cantidad de calorías que han ingerido con el alcohol, restringen dramáticamente el alimento durante el día siguiente.

A esta patología se la ha denominado drunkorexia, término que proviene de la mezcla de las palabras drunk, que significa emborracharse en inglés, y anorexia. Esta denominación se popularizó a fines del año pasado, en gran parte gracias a un artículo publicado en el periódico New York Times, en donde se informaba que se trataba de un problema que estaba afectando a gran parte de las mujeres jóvenes de Estados Unidos, sobre todo, estudiantes de nivel universitario.

Pero la anorexia no es el único trastorno alimenticio que se combina con el consumo de bebidas alcohólicas en grandes cantidades. También la bulimia se observa con frecuencia.

En estos casos, muchas veces el alcohol es utilizado para "facilitar" el vómito. Pero, además, una vez vaciado el estómago, se ha visto que las jóvenes continúan tomando para alcanzar o mantener el estado de ebriedad.

Uno de los problemas más graves de la drunkorexia, es que ambos trastornos se retroalimentan entre sí, lo que vuelve muy difícil su tratamiento.

Biológicamente se ha constatado que las restricciones en el consumo de alimentos provoca un descenso en algunos neurotransmisores a nivel cerebral, lo que se manifiesta físicamente como una sensación desagradable, de malestar. Eso tiende a mejorar al consumir alcohol, lo mismo que sucede si se ingieren cierto tipo de carbohidratos, que aumentan, al menos temporalmente, los niveles de esas sustancias.

Hay que dejar en claro que para que sea considerado un verdadero trastorno, este tipo de conductas deben ser realizadas en forma sistemática, y no basta con haberlo hecho en una oportunidad para hacer el diagnóstico.

En cuanto al tratamiento, si bien es importante dejar en claro que pueden identificarse distintos grados de gravedad, lo ideal es que el manejo esté a cargo de un equipo multidisciplinario, habituado a tratar tanto los trastornos de la alimentación como los consumos adictivos de distintas sustancias.

Y, sobre todo es importante hacer especial hincapié en las medidas de prevención; desde la educación y control dentro del grupo familiar y en los centros educativos, hasta el difícil pero no imposible intento por cambiar los ejemplos a imitar, algo en donde los medios de comunicación podrían cumplir un rol fundamental.

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