Se cumplió el sueño hippie

Comunidad de 20 jóvenes de varios países se instala en Sierras de Rocha; viven de la huerta, construyen en barro y aprontan centro cultural y un restaurante.

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Ricardo Figueredo

MIGUEL BARDESIO

La primera nave intergaláctica del Uruguay no bajó del cielo sino que se hizo de la tierra en las Sierras de Rocha. Los responsables son 20 jóvenes que pasaron estos días excavando tierra arcillosa y juntando bosta para preparar los 10.000 ladrillos de adobe que componen la flamante cúpula acústica. Inaugurada el sábado, le dicen "nave" por el aspecto y porque de veras parece algo de otro mundo: es la primera construcción de una comunidad en vías de ser autosustentable y amigable con el medio ambiente.

"Entre varios amigos de diferentes países germinó la idea de llevar una vida de naturaleza y arte", dice Jimmy, uno de los 20 emprendedores. Él tiene 31 años, es uruguayo pero se crió en Argentina e hizo un viaje de seis años por toda América, por tierra. Lleva el pelo a lo rasta. Es músico y fabrica instrumentos.

"El Colo" es argentino y ordeña las vacas, Cristian se inclina por la orfebrería y las plantaciones de olivo y Lucy, austríaca, doma caballos con el habla.

Pedro, se encarga de las abejas y saca la miel. Así, cada uno toma una tarea a lo interno de la comunidad. Para afuera, hacen artesanías o música étnica y espectáculos de circo con malabares o fuego. Son conocidos en las playas rochenses por sus presentaciones, aunque de ahora en más, ellos sientan cabeza y esperan ser locatarios en las sierras, abriendo el espacio experimental creativo naturaleza".

La cúpula servirá para conciertos, cursos y otras actividades y en otra casona habrá un restaurante de comidas naturales de su misma huerta orgánica. "El Tucu" es el especialista en cocina y en el grupo, la mayoría es vegetariano.

En naturaleza, cada uno irá armando su hogar con técnicas de bioconstrucción como el barro y los techos verdes que no son otra cosa que azoteas de pasto. Mientras tanto, duermen en carpas indígenas (tipies) o en la estancia vecina La Tahona, de la madre de Jimmy. Un pueblo ecológico como soñaron muchos hippies de los 60 y que cumplen otros en 2007. Y está abierto al que quiera sumarse a una vida natural por la web www.naturalezarte.com

BARRO. El viernes, la estructura de adobe de la cúpula quedó pronta. Unos pisan barro y bosta para el piso y otros ponen pasto al techo. A mediodía, "el Tucu" hace sonar una concha marina y llama a almorzar.

Van los 20 y otros que participan de un curso de bioconstrucción en la obra. El arquitecto alemán Gernot Minke da las clases y dirige el proyecto convocado por la comunidad. "Nunca vi tanto entusiasmo en una obra", dice. Ninguno de los jóvenes se dedica a construir, pero con la ayuda del alemán, de otra arquitecta y un albañil, terminan en 10 días la cúpula de ocho metros, una de las más grande del mundo en su tipo.

"El Tucu" hizo polenta con ensalada verde y un ingrediente especial: gladiolo, flor que sí se come y tiene un sabor fresco. Otro secreto: Cristian cura los olivos con tabaco y ajo.

Unos demoran porque cayó un anillo en el barro y lo buscan con las manos. ¿Cómo se siente? "Genial, trabajar con tierra es fácil y sano, da energía, pueden estar los niños", dice uno. Y por ahí juega Ambar, beba de un año a la que le están creciendo las rastas, según bromean. Más vienen en camino con tres chicas del grupo embarazadas. Los niños irán a la escuela rural de la zona, ahora de 4 alumnos.

Los cursos son otro objetivo. En marzo comienza el de permacultura: ciencia para diseñar formas de vivir y producir en armonía con la naturaleza, lo que viene como anillo al dedo.

A propósito, el otro anillo se declara perdido y su dueña no lo lamenta: "quedará en la cúpula".

Construcción en barro

La bioarquitectura está en crecimiento en el mundo como opción limpia y sana de vivienda. En Uruguay, por lo menos hay 30 construcciones en adobe (barro) y techos de pasto, según dice la arquitecta Kareen Herzfeld.

Todo empieza por conseguir greda (tierra con arcilla), se mezcla con agua y se pisa para descomprimir las moléculas. Luego, agregar bosta de vaca o caballo y va a moldes para hacer los ladrillos que deben secar unos 10 días. (No preocuparse que no queda el olor a bosta).

Para el cemento que pegará los ladrillos, se agrega arena gruesa a la mezcla previa al ladrillo. El material del revoque, en tanto, se obtiene de barro, bosta y arena fina. Adicionando piedra, resulta una pasta que sirve para los pisos que quedan de un color amarillento; todos los materiales de la misma greda.

El alemán Gernot Minke, especialista en la materia, asegura que el adobe es el material que mejor regula humedad y temperatura.

El techo de pasto se puede implementar en cualquier azotea. Sobre ella va una lona impermeable, luego la tierra con ladrillo picado y encima, los panes de pasto. La misma vegetación actúa como aislante. No debe cortarse porque la capa de tierra no permitirá que crezca.

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