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Santiago de Chile: urbanismo y un entorno natural de montañas

Una capital llena de historia, rascacielos, barrios bohemios y cerros desde los que se puede contemplar su inmensidad.

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En los alrededores de Santiago de Chile

Llegar a una capital es algo que predispone a soportar el caos, la urbe, el ruido excesivo, los edificios y la contaminación. Santiago de Chile, a pesar de tener mucho de esto, también tiene una belleza particular, tiene orden, prolijidad y limpieza que impactan al visitante.

Santiago se ubica en el centro de este alargado y extenso país. Por todas partes hay plazas y grandes áreas verdes que funcionan como verdaderos pulmones para contrarrestar la fuerte contaminación. Hay una neblina constante en el aire, la que se conoce con el nombre de smog. Se debe a que la ciudad está construida en un valle entre las montañas y queda encapsulado; esto no permite ver la cordillera y convierte la visión en algo grisáceo. El smog se siente a cada paso a pesar de que el cielo está casi siempre de color celeste.

Cómo arrancar

En nuestra América podemos decir que todo recorrido siempre empieza en la Plaza de Armas o por la Plaza Central. Pero en Santiago de Chile se empieza por el Palacio de la Moneda. Este es, quizás, el edificio con más historia contemporánea del que todos hemos escuchado hablar, ya sea porque es la sede de la Presidencia o por ser el lugar donde se dio el golpe de Estado del General Augusto Pinochet en 1973, dando comienzo a una de las dictaduras más sangrientas en nuestro continente.

El edificio nació, como dice su nombre, como lugar para acuñar monedas. Su construcción data de entre 1785 y 1812 y sus muros son de gran grosor. Esto explica que haya sido superviviente de los fuertes terremotos que sacuden el suelo chileno.

Aunque haya sobrevivido a la fuerza de la naturaleza, salió muy mal herido de los acontecimientos del año 1973. Durante el golpe de Estado que derrocó a Salvador Allende, el edificio fue bombardeado por el Ejército y por aviones.

Desde el Palacio de la Moneda se puede seguir el recorrido por un lugar más pintoresco; uno que viene bien si se quiere aprovechar para comer algo: el Mercado Central. Fue fundado en 1872 y su estructura de hierro es muy similar a la del Mercado del Puerto de Montevideo.

En Santiago hay de todo para hacer y para visitar: el centro histórico, la Plaza Central, la calle Pío Nono y los Cerros de Santa Lucía y San Cristóbal.

Pero hay dos perlas hermosas imprescindibles: el museo de la Memoria y el de Violeta Parra.

El primero repasa toda la historia de Chile desde el negro 11 de septiembre de 1973, con la toma de La Moneda por parte de las fuerzas militares, hasta las prácticas represivas y todos los crímenes cometidos hasta 1990. El museo absorbe al visitante y lo deja impactado en cada explicación de lo sucedido. Es recomendable ver la parte referida a las acciones de la resistencia del pueblo chileno. Creado en 2009, tiene por objetivo acercar a la gente la violencia, los abusos, secuestros y asesinatos perpetrados por el gobierno militar. Cumple muy bien con la finalidad de generar conciencia, siendo un lugar con una abrumadora carga emocional.

También cuenta con un sector en torno a la memoria y la lucha de los pueblos mapuches. Es una institución que invita a quedarse todo el día y es de entrada gratuita.

El otro museo mencionado homenajea a un icono de la cultura popular chilena: Violeta Parra. Se centra en su trabajo de arpilleras y telas, pero igualmente muestra su faceta artística integral. Es pequeño, se recorre rápidamente y es altamente disfrutable. También es un paseo de entrada libre.

Esta zona de la ciudad es la que queda a los pies del Cerro Cristóbal. Es la zona bohemia, universitaria y de bares. Las calles son coloridas y tienen mucho movimiento todo el día. Es el barrio donde se encuentra una de las casas de Pablo Neruda: La Chascona, construida para Matilde Urrutia, su amor secreto.

Santiago es cosmopolita y tiene un fuerte componente artístico. Mezcla edificios modernos y una arquitectura aristocrática. Muy cerca de allí, sin embargo, se encuentra el silencio y la sencillez de la cordillera de los Andes.

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Santiago de Chile, una ciudad que atrapa,

Naturaleza viva

A pocos minutos de Santiago, aquellos que tengan el impulso de hacer senderos, sentir las montañas y quieran sentirse invadidos por el sol y el viento, pueden visitar el Cajón del Maipo. Es un cañón cordillerano rodeado de cerros, macizos y farellones con importantes ríos. Una frase que se escucha es: “Los Andes mayormente no están domesticados”. Las montañas aquí son salvajes aunque reciben a todos amablemente, por lo que no es necesario acudir a un tour.

Tras un viaje en un metro y un bus se llega a la capital de la región: San José del Maipo, que es el lugar ideal para comenzar a conocer la zona. Esta fue fundada como una pequeña villa por orden del gobernador de Chile, Ambrosio O'Higgins (padre de Bernardo O'Higgins, Libertador de Chile) en 1792.

Aquí hay dos grandes objetivos: visitar el embalse El Yeso y subir el Monumento Natural El Morado en Baños Morales, muy cerca de la frontera con Argentina. Los lugareños dicen que es imposible cumplir con ambos cuando hay mucha nieve porque los carabineros solo dejan pasar a los vecinos.

Para llegar a El Yeso hay que atravesar el túnel El Tinoco; esto se debe hacer a pie y la oscuridad es total. Son menos de 10 minutos de caminata pero el frío, la humedad y la ausencia de luz, una experiencia que atemoriza a cualquiera y hace que uno se pregunte para qué se metió allí.

Por este aterrador túnel pasaba hace uno cuantos años el ferrocarril. Fue inaugurado en 1914 y funcionó hasta 1985. El Túnel Tinoco formaba parte de un sistema ferroviario que unía la localidad Puente Alto y el poblado El Volcán. Si bien su distancia no es mucha, su curvilíneo trayecto no permite tener la visión del final. Al salir está la llamada “animita de Willy”, una especie de altar con fotos y velas que recuerda a un joven que se suicidó en el túnel. Toda la región está repleta de leyendas y de testimonios.

Antes de llegar a El Yeso hay un refugio llamado “Las Cáscaras”, construcciones en forma de bóveda que sirvieron para dar cobijo a los trabajadores del embalse en las décadas de 1950 y 1960.

El lugar es una postal perfecta: el agua está quieta y las montañas se reflejan en ella. Con suerte, algún cóndor andino pasará por encima. El embalse está a 3.000 metros sobre el nivel del mar.

En Baños Morales está el Monumento Natural El Morado, un área protegida. Es un espectacular camino en ascenso por la montaña nevada que lleva hasta los glaciales (el glaciar San Francisco está a 4.320 metros de altura) y hasta la laguna El Morado (a 5.060 metros). Vale ampliamente la pena.

En este paisaje se entiende lo que creían los pueblos precolombinos: la cordillera es un ente sobrehumano que vive, mira, observa y respira.

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