FELIPE LLAMBÍAS
Respirá hondo", advirtió Carolina Suárez, depiladora profesional, después de embadurnarme la pierna con talco y cera negra. ¡Sac!, se escuchó cuando tiró de la punta del ungüento viscoso, y dentro de mi cabeza sonó un gran "¡Aaaaaauuuchhhhh!". ¿Qué necesidad, me pregunto? Y el ardor quedó ahí por un buen rato. Claro, la primera vez duele mucho más, dicen las expertas, y el hombre no está acostumbrado desde pequeño como las mujeres a que le arranquen los pelos. Y menos a que pague por ese sufrimiento casi masoquista pergeñado por los ideales estéticos de la posmodernidad.
Pero dicen que el ser humano es un bicho de costumbres y, así como ellas lo pueden tomar como natural y cotidiano, tal vez algún día sea normal también para ellos. Ya hay numerosos clientes en casas de depilación y, contrario al imaginario colectivo, no son solo deportistas o gays. "Lo de la homosexualidad es un preconcepto infundado", afirma Analía Sánchez, de Depilarte, donde también trabaja Suárez. En ese local, la mayoría son heterosexuales y muchos son los maridos de sus clientas.
"Es como si tuvieras que ser trolo para depilarte. Y no es así", sentencia Flavia Alsina, propietaria de Beauty Center. Aunque inmediatamente reconoce que más de la mitad de los hombres que depila son gays.
Cada vez son más los heterosexuales que están dispuestos a pasar por este mal rato, en la mayoría de los casos para quitar el vello de la espalda, cuentan las profesionales.
Todavía algunos sienten pudor y es su mujer la que termina llamando para agendar la cita. "Hay muchos que llegan por iniciativa de la novia o la esposa. Ellas dicen: `Te voy a mandar a mi marido que no se anima`", señala Suárez.
Unos van por estética; otros por higiene. La mayor concurrencia masculina a estos centros de belleza se da en diciembre, previo a las vacaciones de verano. "Había hombres que no iban a la playa" por la cantidad de vello en el cuerpo, narra Sánchez. Las expertas indican, además, que aquellos muy peludos sudan mucho cuando hace calor y que cuando los vellos caen quedan en la ropa, algo que a algunos molesta. No tener pelo puede levantarles el autoestima, opina Suárez.
Además de la espalda, otras zonas que suelen depilarse los hombres son el pecho y las piernas. Pero también hay quien pide axilas, cejas, glúteos, testículos o ano, estos últimos solo en determinados locales.
Las técnicas más comunes son la cera negra, cera común, glucosa o el láser, que sirve para quitar el vello de forma definitiva.
Si bien no hay un cliente tipo de estos servicios, ya que van desde adolescentes de 15 años a señores de 60, un gran número se ubica entre los 20 y los 30. En Depilarte, dos de cada diez personas que atienden son hombres. En Beauty Center merma la demanda en invierno más que en las mujeres, pero en verano llegan a ser la mitad de los que pasan por la camilla y la cera.
El ingreso del sexo masculino en estos ámbitos provocó el rechazo o la incomodidad en algunas, no todas, las clientas habituales. "Hay mujeres que todavía desconocen el tema o creen que es solo para determinados hombres y no para todo el mundo. O no comparten la idea de que se depilen", afirma Alsina, quien agrega que no tuvo quejas pero sí debió pedir silencio en varias ocasiones porque comenzaban "a murmurar y decir cosas".
Suárez y Sánchez decidieron atender al sexo masculino desde que abrieron hace tres años, aunque antes era un número reducido. "Cuando arrancamos atendíamos extranjeros en su mayoría. Había un español que decía `no entiendo a estos uruguayos cómo no se depilan, ¡y las mujeres se lo bancan así!`", cuenta Suárez.
El caso de Beauty Center fue distinto. Cuando abrió en 2006 estaba pensado solo para el sexo femenino, pero debido a la insistencia de un hombre que quería ser atendido incursionó en el tema. "Era un mono; le sacaba pelos de todos lados", recuerda Alsina. Debió atenderlo en dos sesiones, una de tres horas y otra de dos, en la segunda oportunidad con la ayuda de una amiga. Según aseguran, hay que hacer más fuerza para quitar el vello masculino que el femenino porque es más grueso y, normalmente, no viene siendo depilado por años.
El tiempo que insume tampoco es igual al de la mujer. Es, por lo menos, el doble, afirma Sánchez. Por esto y por la mayor cantidad de cera o producto que deben usar, el precio que le cobran a ellos es significativamente mayor; puede llegar a un 40% o 50% más. Depilar una espalda va desde los $ 300 a los $ 600, dependiendo del local. El trabajo en el pecho vale hasta $ 700 y en las piernas pueden costar unos $ 750.
Pero claro, no es solo lo que pueda doler en la billetera, sino -sobre todo- lo que se sufre en la piel. "Son re llorones algunos, pero tienen motivos, pobres, porque el pelo es mucho más abundante, más grueso", indica Alsina. Afirma, sin embargo, que ese sufrimiento no es demostrado durante el proceso. "Creo que su hombría no se los permite. Está el que de repente aprieta la boca, o el que está inmóvil y ni pestañea, para que otros no crean que está sufriendo como loco. Había uno que se tapaba la cara con una camiseta; me imagino que la estaría mordiendo del dolor", añade entre risas.
Así es. La depilación masculina se ha transformado en un sacrificio del siglo XXI y según las expertas será cada vez más común. Por mi parte, ahora entenderé más a las mujeres que demoran días o semanas en agendar su cita con esta tortura estética.
El dato
Los futbolistas y sus cuidados de estética
Desde hace un buen tiempo es normal ver a los ciclistas o nadadores profesionales depilados. Pero en los últimos años también incursionaron en esta experiencia los futbolistas. Paulina Zew, médica dermatóloga y especialista en depilación definitiva en la clínica Depilife, tiene como paciente en Argentina a Fabián "Poroto" Cubero, el jugador de Vélez Sarsfield. De acuerdo a Zew, "hay cuestiones sexuales, estéticas y de comodidad, que es lo que está apareciendo más". La depilación láser lleva, en promedio, ocho sesiones de media hora, una por mes. La eficacia es del 95%, asegura la doctora. El costo de este tratamiento en la espalda, por ejemplo, es de unos $ 2.500 por sesión en Depilife.