DR. PABLO PERA PIROTTO
Dos de cada 100 personas en el mundo padecen de psoriasis. Se trata de una enfermedad que si bien no es maligna, sí es crónica y puede alcanzar en algunos casos una gravedad importante. De presentación clínica muy variable, generalmente determina zonas enrojecidas de la piel, que están cubiertas por una escama blanquecina de grosor variable.
Las áreas que se afectan con más frecuencia son los codos, las rodillas, el cuero cabelludo, el tronco, así como también los miembros y las uñas. Es característico que estas lesiones aparezcan de forma bilateral, es decir, en el mismo sitio a ambos lados del cuerpo, y que surjan en lugares que han recibido un traumatismo o herida.
En algunas personas las alteraciones cutáneas se acompañan de dolores en los huesos y articulaciones, configurando la llamada artritis psoriática.
En muchos casos, con un tratamiento adecuado, los pacientes pueden llevar una vida normal, pasando incluso períodos prolongados de tiempo con ninguna o muy pocas lesiones. Pero es de esperar que se sucedan a lo largo del tiempo empujes de la patología, favorecidos por una gran cantidad de factores como, por ejemplo, ciertas infecciones bacterianas (sobre todo las causadas por estreptococos), algunos fármacos, el HIV, e incluso episodios importantes de estrés.
En los empujes, las lesiones pueden agravarse y extenderse pudiendo en los casos más extremos llegar a cubrir gran parte de la superficie corporal.
Una de las características de la psoriasis es el fuerte impacto que causa en la esfera emocional de quienes la padecen, pudiendo llegar a condicionar de manera muy importante la vida social. Según algunas encuestas realizadas a nivel internacional, el 75% de las personas con psoriasis de grado moderado a severo perciben que su enfermedad tiene un impacto significativo en su vida diaria. De ahí la importancia que cobra el buen apoyo psicológico para quienes la padecen.
En cuanto al tratamiento, lo primero que tiene que quedar claro es que las distintas opciones terapéuticas pueden provocar una gran mejoría y llegar a "borrar" gran parte de las lesiones, pero no existe ningún tratamiento que produzca una cura definitiva de la enfermedad.
Es decir, el objetivo cuando se trata la psoriasis debe ser lograr controlarla y mantenerla en su mínima expresión la mayor cantidad de tiempo posible.
El tipo de tratamiento específico varía de acuerdo a la presentación clínica de la enfermedad, su severidad, así como también de la edad y el estado de salud del paciente.
La exposición moderada a la luz solar suele ser beneficiosa en muchos casos, lo que explica la mejoría que la mayoría experimenta durante los meses cálidos del año.
En cuanto a lo farmacológico, el médico dermatólogo es el encargado de diseñar la opción terapéutica más adecuada para cada paciente, eligiendo dentro de una amplia gama de posibilidades. Éstas pueden dividirse en: tratamientos tópicos, como por ejemplo, distintas cremas, ungüentos y lociones con corticoides que en muchos casos son suficientes para eliminar transitoriamente las lesiones o controlarlas; tratamientos sistémicos, dentro de los que se encuentran fármacos que se usan desde hacen varios años, como por ejemplo la ciclosporina y el metrotrexate, y los más nuevos, que son producto de la avanzada investigación biotecnológica; y los tratamientos basados en la radiación ultravioleta, que debe ser dosificada de manera específica. Todas estas terapias deben ser evaluadas cuidadosamente en cada caso particular, ya que siempre debe ponerse en la balanza los beneficios que producen y los efectos secundarios o indeseables que pueden determinar.