G.V.
La cita es el jueves al mediodía. En un MovieCenter a oscuras y desierto, indiferente a las luces del shopping aledaño, se asoman dos mujeres mayores. Un empleado del cine, el único que anda por allí a esa hora, se acerca y les entrega un sobre. "¿Ya están listas?", pregunta. "Falta Andrade -dice una-. Vamos a ver si viene. Esperemos cinco minutos". No pasan ni dos cuando el hombre llega. El trío se saluda y se apresta a ingresar a una de las salas vacías. Basta que se acomoden en las butacas para que la película comience a proyectarse, sin cortos ni publicidad previa. Faltan meses para su estreno comercial, pero, como siempre, tienen que verla antes. Es que de ellos depende quiénes podrán disfrutar del film cuando esté en cartelera.
Silvia Belbuzzi, Susana Giovannini y Dardo Andrade son tres de los 60 calificadores con los que cuenta el departamento de Espectáculos Públicos del Instituto del Niño y el Adolescente (INAU) para decidir las franjas de edades en las que están permitidas las películas u obras de teatro que se exhiben en Uruguay. Es decir, son quienes deciden si un espectáculo es "apto para todo público" o, de lo contrario, "para mayores de...".
El mecanismo siempre es el mismo. Llegan en ternas a presenciar la obra en cuestión -aunque si uno falta, también están autorizados a hacerlo entre dos, no menos- y a su término deben, intercambio de opiniones mediante, llenar un formulario que luego elevarán al INAU donde envían la calificación aprobada. El dictamen puede salir por unanimidad o por mayoría.
El trabajo es honorario, no obtienen ningún tipo de remuneración, por lo que se trata de personas que conjugan gusto espectador con cierta vocación de servicio. El único requisito del organismo para integrarlos a su plantilla es que sean personas que por su actividad laboral tengan formación vinculada a la niñez y adolescencia. Por ejemplo, Belbuzzi es psicóloga y sexóloga, Andrade es profesor de historia jubilado y Giovannini fue funcionaria de INAU.
Sentados en una de las mesas del complejo cinematográfico, los tres intercambian opiniones sobre la cinta. Coinciden en que es "muy buena", aunque eso poco importa para su labor. "No somos críticos, aunque nos llevamos muy bien con ellos", señala Giovannini, mientras a su lado Andrade agrega: "Sólo tenemos que fijar la permisibilidad de la película". Puede ser excelente, pero estar restringida para mayores de 18 años, o bien ser muy mala pero estar apta para todo público. "Y eso es lo que más pasa", sonríe Giovannini.
Desde 2007, con la adaptación del nuevo Código de la Niñez y Adolescencia, las calificaciones sufrieron algunos cambios, cuenta la directora de Espectáculos Públicos de INAU, Alejandra Pacheco. "Lo que se hacía antes era restringir para determinadas edades. Con la actual reglamentación, los chicos menores de equis edad pueden concurrir con el padre, madre o tutor responsable".
Existen hoy siete franjas. Las seis primeras son: todo público, apta mayores de 6 años (AM6), de 9, de 12, de 15 y de 18. Esto significa que si un espectáculo es calificado AM15, "apta mayores de 15", por ejemplo, un chico menor de esa edad únicamente puede verlo si está acompañado por uno de los padres o el tutor legal. De lo contrario, el cine o teatro debe impedirle la entrada. La séptima franja es "restringido para mayores de 18" o "R18", esto es: prohibición total, sin condiciones. Con esa calificación salen todas las películas pornográficas, el único género que las ternas no van a ver. "No tendría sentido disponer de tres personas para calificar algo que ya sabemos que expresamente va a salir R18", explica Pacheco. Aunque es más bien excepcional, en ocasiones otros tipos de films obtienen esa restricción terminante. Tal fue el caso de la cinta de terror Hostel.
"Para mí, es `no 12`", opina Giovannini en la ronda de discusión sobre la película que acaban de ver. Los otros dos disienten. "No, yo le pondría `no 9`. Pensá en un chico de 10 u 11 años, la puede entender perfectamente", alega Andrade, en referencia al "mensaje" que deja la historia. Giovannini concede; hay acuerdo. "Esto significa que pensamos que un niño de 9 años puede verla sin que le genere conflictos", explican. Entre los tres llenan el formulario de INAU donde, entre otros items, deben puntear del 1 al 5 "argumento, guión y desarrollo del tema", "valores sociales", "valores éticos", "valores históricos nacionales o internacionales", "mensaje de la obra". Todo depende del criterio personal de los calificadores. No hay estándares específicos.
A veces sucede que el distribuidor, cine o productor (en caso de obras de teatro) no queda conforme con la etiqueta y solicita una "recalificación". En general, se debe a que la primera fue demasiado restrictiva, lo que se opone a los intereses comerciales. En tal caso, el INAU envía una nueva terna, compuesta por otros voluntarios, que pueden ratificar o rectificar el primer dictamen. "Pero son situaciones excepcionales, ocurren unas cuatro o cinco veces al año, de un total de 300 espectáculos o más", aclara Pacheco. Una de las últimas recalificaciones se realizó con Bastardos sin gloria, la película de Quentin Tarantino estrenada la semana pasada. La primera terna la había calificado como AM18, es decir, apta para mayores de 18 años. La segunda ronda bajó la permisividad a mayores de 15.
Andrade cuenta que hace ya tiempo, pero por el momento sin eco, se planteó que los calificadores tengan también la potestad de recomendar espectáculos que pueden tener una utilidad educativa. "Existen cuatro o cinco películas al año que tienen valores muy especiales a nivel técnico docente y el INAU debería promocionar de forma diferente a la comercial, para que escolares y liceales tengan facilidades de acceso a ellas". Como ejemplo, cita el film francés Entre los muros, que trata problemáticas de estudiantes y temas raciales.
La lista de calificadores "está siempre abierta"
Usted también puede ser calificador de espectáculos del INAU. La lista de voluntarios que trabajan para el organismo está abierta de forma permanente, asegura la directora de Espectáculos Públicos, Alejandra Pacheco. "Siempre tratamos de que entre más gente", añade. El requisito fundamental es que se trate de personas que por su labor estén -o hayan estado, en caso de jubilados- en contacto con niños y/o adolescentes, como docentes, psicólogos, pediatras, etc., y que estén dispuestos a ser convocados sin remuneración. Por más información: 908-3740, 908-6089 o espectaculospublicos@inau.gub.uy.
El tiempo modificó los criterios
Muchas cosas han cambiado desde que Silvia Belbuzzi, Susana Giovannini o Dardo Andrade califican espectáculos para el INAU. Las primeras llevan unos diez años de labor, mientras el docente de historia va para la segunda década. No hace falta indagar demasiado para entender que los criterios no son los mismos. "Nos hemos vuelto más permisivos", confiesa Andrade. "Hay cosas que antes se ponían AM18 (apto mayores de 18) que ahora son AM15. Algunas de sexo incluso son AM12 porque los botijas ven mucho más en la televisión".
La nueva reglamentación del INAU, que permite que un chico pueda ingresar a ver cualquier película -excepto las R18- si está acompañado por uno de sus padres o el tutor legal, es parte de ese aggiornamento. "Los adolescentes querían ver películas que estaban restringidas para su edad y los padres estaban de acuerdo con que las vieran. Entonces, el INAU pensó que nada mejor que los acompañen y la vean con ellos, pues son los que les pueden dar los lineamientos claros luego. Además, esa misma película pueden alquilarla en meses en un videoclub. Se trató de adecuar la norma a la situación actual", admite la directora de Espectáculos Públicos, Alejandra Pacheco.
Andrade recuerda que uno de los films que más discusiones generó fue Tango feroz, a principios de los 90. Querían calificarla AM18. Para los chicos de hoy, naif es poco.