Expertos defienden las ventajas del nuevo plan de estudios, mientras miles de estudiantes de bachillerato esperan los resultados del último parcial con la esperanza de evitar los exámenes de verano.
M.HERRERA | C. TAPIA
María tiene 17 años y cursa tercero de bachillerato. De las calificaciones que obtenga en los parciales, dependerá si se va a examen o no. Los miedos son muchos a la hora de hacer cálculos. El resultado de esas pruebas -que se rinden en cada una de las materias- sumado a otras que realizó al finalizar el primer semestre, conforman el 50% de su calificación; esto se promedia con la nota que se desprende de la actuación anual, que se gestó con escritos, orales y la participación en clase.
A menos de dos semanas que los parciales comenzaran, María manifestó un profundo estrés. Para tranquilizarla, sus padres decidieron pagarle un fin de semana lejos de los cuadernos. De regreso, los nervios igual la maltrataron a la hora de encarar la hoja en blanco. De lo que escribió dependerá si volverá a verles la cara a los profesores en diciembre o en febrero, o si podrá vivir el verano cerca del sol y a kilómetros de los libros que tanto la aturden.
Quizás ese sea un caso extremo. Los hay intermedios: "Con lo mínimo ya paso Sociología, no me hago drama", dice Joaquín quien cursa segundo de bachillerato. "Ahora sí -agrega- el viernes tengo matemáticas y estoy en el horno. Para no irme a diciembre o febrero tengo que sacarme por lo menos un ocho. Imposible".
Con mayor o menos responsabilidad, por estos días la gran mayoría de los 96.200 estudiantes a bachiller en todo el país (cifra que puede variar según deserciones) no pueden evitar contracturas, nervios, estrés o hasta algún llanto, situación que también rebota en sus hogares. Y tampoco logran deshacerse de los cálculos matemáticos: cuánto deben estudiar para evitar orales o escritos en diciembre, o irse directamente a febrero. Si están en el límite, nuevamente les tocará ser evaluados en unas semanas, de lo contrario adiós verano.
"Todos los docentes quisiéramos quitarle el estrés a las evaluaciones, ya que eso no es bueno", afirma la directora de Secundaria, Alex Mazzei. "Pero el antiguo plan era bastante más generador de estrés. La promoción se resolvía en un solo examen".
El estudiante tenía el año más liviano y luego se jugaba todo al finalizar el curso. El sistema nuevo apunta a distribuir el conocimiento a lo largo de los diez meses. "Es un elemento básico para mejorar la calidad de aprendizaje, ya que no es lo mismo aprenderse de memoria todo para dar un examen, que ir procesando el contenido de un curso en distintas instancias", agrega Mazzei.
No se puede tener resultados de un plan de estudio en forma inmediata, por lo que aún no se puede afirmar qué tan beneficiosas o no resultan las nuevas formas de evaluación. La intuición de la directora de Secundaria le dice que mejoró mucho la calidad de aprendizaje de los estudiantes, sus procedimientos, actitudes, también a partir de las diferentes actividades que se están desarrollando en los centros educativos.
Sin embargo, hay temas para afinar de las evaluaciones, que están puestas a consideración entre los sectores de la enseñanza involucrados. Uno tiene que ver con la deserción que se observa luego de vacaciones de julio y que quizás tenga relación con el parcial que los estudiantes enfrentan antes de esa pausa. José Olivera, miembro de la Federación Nacional de Profesores de Secundaria (Fenapes), señala que a partir de 2010 se estudia poner en marcha una resolución por la cual los parciales no tendrán el mismo peso en la promoción y la nota final de los estudiantes. "Comenzarán a tomarse como otras instancias más de evaluación. No serán definitivos para el promedio final. Se tomará en cuenta más el proceso del año".
Todos están de acuerdo en el sistema de evaluación, afirma la directora Mazzei. Lo que se discute y plantean estudiantes y docentes son los plazos, si debe hacerse el primer parcial antes o después de vacaciones de julio. "Vemos que después, muchos alumnos dejan de venir, y eso tiene relación con los resultados de las pruebas. Existe una concepción mal enfocada por parte de estudiantes, y posiblemente nosotros mismos no lo hayamos comunicado bien. Creen que si les va mal en esa prueba ya tienen el año perdido. Entonces, durante la pausa a mitad de año, deciden dejar para comenzar al año siguiente y buscar trabajo, por ejemplo. En segundo lugar, se plantea que esas pruebas (parciales) se promedien con el resultado de otras evaluaciones, que pasen a integrar una calificación más del proceso, y que no actúen como separadas, de manera que no tenga ese contenido tan traumático para algunos. Por ejemplo, compensarlo con otros trabajos -que dieron mucho resultado en algunas asignaturas-, como es la elaboración de proyectos. Esto los va acercando a otra presentación de contenidos que es importante y deseable, sobre todo en estos tiempos".
La decisión de no enfrentarse a las pruebas ante el temor de perder y por el estrés y cansancio, muchas veces es amparada por las familias de los alumnos, afirma Ana Grymbaum, quien se desempeña como psicóloga en liceos públicos de Montevideo. "A partir de julio ya se comienza a escuchar de parte de los chicos que el año está perdido, y los propios padres son los que optan por decirle al hijo que deje y que empiece el año que viene `bien`, como que en el futuro todo fuera a cambiar de forma mágica". Para Grymbaum lo que se busca es "evitar la angustia de no saber qué es lo que pasará. Por eso es que la responsabilidad está en chicos y en adultos".
José Olivera también considera que existe una irresponsabilidad adulta. "Hay problemas con los referentes, con los padres y los profesores, que debemos insistir todo el año con que este momento va a llegar".
Sobrecarga. "Existe un error de percepción generalizado en buena parte del estudiantado y sus padres", señala el profesor de Literatura Juan de Marsilio, quien explica que cualquier aprendizaje debe comenzar con el inicio del año lectivo.
"Buena parte del estrés sobrecargado en los parciales se debe a que se tolera la poca contracción al estudio durante el año. Éste debe ser de un modo más sistemático. Forzosamente, la tendencia -a veces fomentada por la mala transmisión por parte del sistema y de nosotros los profesores- es la de especular con los números", agrega.
Se trata, indica De Marsilio, de lograr una mirada educativa y que el estudiante entienda que lo que necesita aprender es para toda la vida, no para olvidárselo luego de una evaluación. "La nota viene sola, con el conocimiento", afirma. Y es categórico: "Si existe un esfuerzo mancomunado de padres y docentes para trabajar con ese criterio, en buena medida el estrés de esos períodos se convierte en teoría".
Los expertos consultados reconocen que aquello que no se estudió en ocho meses no puede asimilarse en un par de semanas, salvo excepciones. "Si el alumno hace su curso en forma correcta y se va preparando para los parciales, no tiene por qué haber una carga sobreagregada de estrés. "Y digo sobreagregada, porque es natural que frente a una evaluación se estresen; sucede en cualquier situación", dice De Marsilio.
El problema es la falta de planificación por parte del alumno, coincide José Olivera. "Hay que explicarle, a principio de año, que existen dos instancias que se llevan adelante en determinado momento y que están fijadas por reglamento. Y que se necesita cierta preparación y nivel de conocimiento para enfrentarlas. La falta de estudio diario es el gran problema para la mayoría de los estudiantes", se lamenta el docente.
A fin de año el alumno se enfrenta con una montaña de libros, repartidos y apuntes -muchas veces ajenos- que le son desconocidos. "Es increíble esa falta de proyección hacia algo que ellos saben que irremediablemente se dará", añade.
Es verdad que las instancias de pruebas ahora son mayor en número. Los parciales obligan a enfrentarse al papel, donde se debe volcar los conocimientos, dos veces al año. Y a esto, si las calificaciones no son las suficientes, se le agregan los exámenes. Aunque depende de la orientación y el año que se curse, se trata de unas diez materias. Los estudiantes deben sacarse un promedio entre siete y ocho en cada una, dependiendo cuál sea, para olvidarse de los libros por un rato.
"Pero lo mismo pasaba antes, siempre hubo exámenes obligatorios. El que trabaja en todo el curso solo tiene que ordenar los conocimientos, el otro debe ponerse a estudiar con el agravante de que no hizo nada, entonces todo se vuelve más difícil", dice Olivera.
El miembro de Fenapes reconoce que aunque es verdad que ahora las pruebas que determinan el futuro del alumno son más, también sostiene que con el nuevo plan que corre desde 2006, los alumnos tienen la posibilidad de evitar los exámenes.
El gran problema es cómo los chicos viven esas instancias, aclara Olivera. "Lamentablemente les es como una tortura por el hecho de que no estudian todos los días, de que no se organizan. Es extraño que lo que es solo una instancia de evaluación más, se viva como un castigo".
"Es más justo, estudié y tengo el verano libre"
La psicóloga Ana Grymbaum sostiene que cuando se habla de estrés, normalmente las cosas no se dan de forma pura. Y explica: "La gente padece situaciones y dentro de ese padecer trata de manipular y sacar beneficios. Hay siempre un intento por resolver las cosas de manera beneficiosa para uno".
El nerviosismo se da porque en esta época del año muchos se acuerdan que hay que ponerse a estudiar, y eso provoca que algunos se rindan ante la adversidad, dice la experta. "Siempre es más fácil decir `ya perdí, ya está`, que enfrentar la situación. Prefieren no jugar la carrera. Son pocos, además, los que van al liceo para aprender, por interés, por cultura. Para muchos es una suerte de carrera de obstáculos que se termina de definir ahora".
Florencia Hornos tiene 17 años y abandonó segundo de bachillerato luego de la primera prueba. "Me fue mal y decidí dejarlo. El año que viene voy a volver. De todos modos el plan me parece justo porque si estudias durante el año no tenés necesidad de dar exámenes".
Valeria Cereijo, de la misma edad, espera las notas de los parciales casi con la seguridad de que salvó todas las materias. "Está mucho mejor este plan, yo estudié y ahora voy a tener el verano libre". Y agrega: "Tenés más chances, porque el año se divide en dos. Antes se te acumulaba todo en el examen. Antes era injusto, además, porque quienes estudiaban hacían la misma prueba que los que no".
Fotografías. El psicólogo y docente Roberto Balaguer es categórico al afirmar que es terrible que las cosas se definan a último momento. Primero le encuentra explicación en la idiosincrasia uruguaya, pero también a las formas de evaluar que en lugar de buscar la excelencia se debaten entre sí o no al examen. "La mayoría de los estudiantes buscan estar por encima de la línea de flotación, sin aspirar a mucho. Posiblemente no sea sólo culpa de ellos, sino también de un sistema al que no le encuentran demasiado sentido, y por tanto tampoco le dedican mucha energía. Dos parciales son dos fotografías y el rendimiento del año una película de mayor duración que incluye múltiples imágenes del alumno. No creo que el problema sea cuántas fotografías, sino qué pasa con el protagonista y con la mirada del que toma las fotos".
Categorías a, b, c y d
Del resultado del parcial de estos días, que se promedia con el de mitad de año y el rendimiento en clase, se desprenderá la categoría en que el alumno se pudo colocar, según su actuación. Ésta se separa en A, B, C y D.
En tercero de Bachillerato, por ejemplo, la categoría A corresponde a un promedio de nota equivalente a 8 o más. Según la correspondencia número-calificación, con la que se maneja Secundaria, un 8 es igual a un Muy Bueno Bueno. El máximo es el 12 que equivale a Sobresaliente.
La categoría B se divide en dos. B1 es una calificación final de 8 o superior, pero el promedio del proceso del año o de los parciales es inferior a 5. B2, en tanto, corresponde a una calificación final de 7. Quienes estén en esta situación deberán dar una prueba complementaria, de 15 minutos, en el período noviembre - diciembre y será, preferentemente, oral.
La categoría C corresponde a una calificación de 4, 5 o 6. Habilita a examen de dos pruebas a partir del período noviembre - diciembre.
La categoría D habilita a examen de dos pruebas pero en el período de febrero. Y corresponde a una calificación final de 1, 2 o 3. Los estudiantes podrán tener, para ser promovidos, hasta tres asignaturas pendientes de aprobación.
Las cifras
50% De la evaluación del alumno corresponde al promedio de las notas de los dos parciales que se hacen, uno a mitad y otro a fin de año.
15 Son los minutos que dura la prueba, casi siempre oral, de quienes lograron colocarse en la categoría B, con un promedio de 7.
96.200 Son los estudiantes de bachillerato que comenzaron a cursar al inicio de las clases; muchos desertaron a mitad de año.
4 Es el mínimo de promedio que deben tener los alumnos para poder rendir el examen en diciembre, con menos se van a febrero.
8 Es el mínimo de promedio que deben tener los alumnos para colocarse en la categoría A, que les evita enfrentarse al examen.