Oprah y el culto a la honestidad

| Catalogada como la afroamericana más rica e influyente del mundo, fue la creadora de un estilo televisivo confesional que sigue vigente.

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GABRIELA VAZ

La mujer más influyente de su generación. La afroamericana más rica del mundo. La fémina más poderosa de los Estados Unidos. Cualquiera de estas etiquetas recayeron en algún momento sobre Oprah Winfrey, la comunicadora que tuvo una infancia tan pobre que llegó a vestirse con bolsas de arpillera, pero cuya adultez parece estar signada por lo más cercano a superpoderes mágicos en el plano terrenal. Su apoyo puede arrimarle cientos de miles de votos a un candidato a presidente de su país. Su recomendación puede colocar al libro de un desconocido en la lista de best-sellers. Su consejo en elecciones de consumo puede hacer que un mercado gane o pierda millones de dólares. Su pregunta puede lograr que un famoso realice la confesión más insospechada.

Si usted, estimado lector rioplatense, nunca escuchó hablar de esta mujer, imagine a una Susana Giménez multiplicada por diez en fortuna, éxito, formación, astucia, reconocimiento y adoración por parte del público, y tal vez se acerque a lo que esta "diva" y presentadora de televisión -hoy, por sobre todo, empresaria- representa en su país, Estados Unidos.

Desde enero, conduce Oprah`s Next Chapter (El próximo capítulo de Oprah), un programa de entrevistas en su propia cadena de televisión por cable, OWN (Oprah Winfrey Network), por donde ya han pasado algunas de las figuras más esquivas del espectáculo a la hora de realizar confesiones, como la hija de Michael Jackson, Paris; la hija de Whitney Houston, Bobby Kristina; o la cantante Lady Gaga.

Pero lo verdaderamente importante es lo que sucedió antes. El año pasado, Oprah puso punto final a su ciclo The Oprah Winfrey Show, el talk show más visto en la historia de la televisión norteamericana, que estuvo 25 años ininterrumpidos al aire y que fue escenario de episodios históricos. De acuerdo a un estudio de la Universidad de Yale, su programa transformó al género, rompió con tabúes del siglo XX y permitió que el colectivo LGTB (lesbianas, gays y transexuales) "ingresara al sistema". Si bien en sus inicios tuvo un enfoque sensacionalista, con el paso de las temporadas ella lo centró en temas más amplios, abordando desde salud hasta geopolítica, e invitando en cada envío a celebridades para que hablaran de asuntos en los que estaban involucrados, como cáncer, obras de caridad o adicción a las drogas. En uno de sus programas, dedicado a tratar el abuso sexual, confesó que ella misma había sido una víctima en su infancia. Y con empatía, logró que sus invitados, anónimos o estrellas, terminaran contando cosas que nunca imaginaron contar.

Tal fue el fenómeno que, así como hoy los medios hablan de "Tinellización" para referirse a la frivolización de la tele, The Wall Street Journal acuñó el término "Oprahfication" para definir a la confesión pública como forma de terapia. Los observadores notaron que su estilo llegó incluso a los debates políticos y señalaron al expresidente Bill Clinton como el ejemplo vivo de ese fenómeno, al tener que declarar públicamente detalles de su vida íntima. La revista Time le dio el crédito a Winfrey por haber creado una nueva forma de comunicación conocida como rapport talk ("relación hablada") y Newsweek apuntó que creó un "culto de la confesión".

Con empatía, lágrimas, "humor robusto" y una honestidad brutal que partía de sí misma para luego contagiar a su invitado de turno, su programa fue creciendo en audiencia y su conductora aumentando en influencia. El peso de sus opiniones y su poder sobre la opinión pública se conoce como "El efecto Oprah". En 1996, introdujo en su show un segmento llamado El club de libros de Oprah. Se volvió tan popular que cada vez que la conductora agregaba un título a su selección, instantáneamente lo convertía en best-seller. Ser reconocido por Oprah en general le sumaba un millón de ventas al autor en cuestión. También se estima que su apoyo público a Barack Obama le arrimó más de un millón de votos en las primarias del Partido Demócrata en 2008.

Al influjo de semejante poder, Winfrey se fue convirtiendo en un personaje frente al que todas las estrellas y poderosos políticos querían estar. Así logró entrevistas históricas, como la que le otorgó Michael Jackson en 1993, que quedó en los anales de la comunicación como el cuarto evento más visto en la historia de la televisión estadounidense, con 36,5 millones de espectadores. También fue en su sillón que la presentadora Ellen DeGeneres declaró su homosexualidad y que el actor Tom Cruise se puso a saltar como un desquiciado gritando que amaba a Katie Holmes. "Los famosos van a lo de Oprah para expulsar sus demonios o confesar su amor", apuntó entonces la prensa.

Por supuesto que semejante éxito se tradujo en una fortuna considerable, que hoy se estima en 2.700 millones de dólares. Su programa retribuía tal rédito económico que, en 2004, Oprah le obsequió, a cada uno de los 274 miembros del público que ese día estaban presentes en su estudio, un auto Pontiac, cuyo precio rondaba los 28.400 dólares, y en otro programa llevó a 302 de sus fans de viaje con ella a Australia. Con regalos despampanantes del estilo y abultadas donaciones -un millón de dólares a una escuela, 250 mil a un paciente de cáncer, 10 millones a Texas tras el huracán Katrina, entre otros- Winfrey fue rankeada también como una de las 50 filántropas más generosas del mundo, habiendo donado hasta 2007 más de 300 millones de dólares.

POBREZA, ABUSO Y MENTIRAS. La historia de Oprah Winfrey es el ideal del "sueño americano". Su madre, una chica de 19 años soltera y empleada doméstica llamada Vernita Lee, viajó poco después de dar a luz, en 1954, por lo que Oprah se crió con su abuela, Hattie Mae Lee. Según ha contado la propia Winfrey, la pobreza en la que vivían era tal que muchas veces se vestía con bolsas de arpillera. Su abuela era ruda al punto de castigarla con un látigo si ella no se comportaba como quería, pero sin embargo le reconoce el haberle enseñado a leer. A los seis años pasó a vivir con su madre y a los 11 la enviaron con su padre, Vernon Winfrey, quien años después descubriría que no era su progenitor biológico. Desde los 9 años, relató públicamente, sufrió abuso sexual por su primo, su tío y un amigo de la familia, y a los 14 quedó embarazada de un niño que murió poco después de nacer. Su padre era estricto pero alentador y la apuntaló en los estudios, por lo que obtuvo una beca completa para cursar Comunicación en la universidad.

La biógrafa Kitty Kelley, quien lanzó un libro sobre Oprah en 2010, asegura que la presentadora ha inventado algunos de los aspectos trágicos de su vida para ganar audiencia y hacerse más querida. Según Kelley, ni vivió tanta pobreza ni fue víctima de abuso sexual. Poco le puede importar eso a los cientos de miles que se han sentido "inspirados" por la fuerza y el discurso de esta mujer quien, como sea, llegó a una cúspide casi inalcanzable.

26 años en pareja y muchos rumores

"La gente me pone en una caja, sabes. Me definen por quien es ella, y ella es una persona maravillosa y una mujer genial, pero... yo no soy Oprah". No debe ser fácil para un hombre pasar 26 años de su vida siendo conocido sólo como "el novio de". Y si no que le pregunten al empresario Stedman Graham, quien carga con esa etiqueta desde que, en 1986, comenzó a salir con Oprah Winfrey. En una entrevista que concedió hace dos meses al programa Esta manaña, de la CBS, insistió asegurando: "Ella no soy yo". Allí se sentó para promocionar el proyecto Identidad: tu pasaporte al éxito, un libro donde vuelca sus experiencias para ayudar a otros "a tomar el control de sus vidas". Graham y Winfrey son una pareja pública desde sus inicios. En 1992 incluso se comprometieron, pero el casamiento nunca llegó; declararon que prefieren mantener una "unión espiritual". En el interín, infinidad de veces se ha dudado de la orientación sexual de Oprah y los rumores de un romance con su amiga Gayle King frecuentan las páginas de espectáculos. En una biografía no autorizada publicada en 2010, Kitty Kelley juega con el tema y devela una supuesta atracción de la diva por la presentadora de televisión Diane Sawyer. En tanto, Oprah lo ha negado: "No soy lesbiana... Ni siquiera soy un poco lesbiana. Y esas afirmaciones me enervan porque implican que puedo estar mintiendo. ¿Por qué iba a esconderlo? Yo no vivo mi vida de ese modo".

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