Es curioso como la vida hace que uno cambie de opinión sobre personas, formas de ser, qué sé yo. Supongo que con el transcurrir del tiempo uno se vuelve más abierto, menos dogmático y se aleja de las imbecilidades. No estoy proclamando el “relativismo filosófico” que es un vano refugio para la cobardía. Al contrario, no creo que el “justo medio” sea camino, eso es mediocridad eterna, pero la vida hace que uno se abra el cráneo y piense más en el lugar del otro y no creyendo que siempre tiene razón. Eso es crecer. Supongo. No tener vergüenza en reconocer que el otro te puede estar diciendo algo mejor con su pensamiento, no pensar que tu visión es “la visión” y aprender de los demás lo mejor. Fácil de decir, pero complicado de producir, porque el inconsciente autoritario nos juega malas pasadas. En mi caso, procuro estar en introspección activa, o sea, no salirme de adentro mío demasiado y mirarme de afuera para ver si no estoy macaneando.
Al lector le debe suceder como a mí, que conoce a alguien y le cae más o menos, y luego, la vida ubica a cada uno en su justo lugar y uno aprende. No hablo de pavadas, hablo de asuntos que hacen a valores de fondo: amistad, lealtad, afecto y sentido de la vida. Cada una de esas dimensiones es un mundo y por cada ventana hay historias, dolores, amores, recuerdos. A lo que voy es que no siempre las impresiones son traducibles, el tiempo mejora o sedimenta lo que corresponde. Hay una publicidad de una cerveza que evoca un poco este asunto, nadie sabe si lo que está viviendo es real o ficción. (Es “real” lector amigo, es real, no se deje engrupir por los publicistas que son genios de la manipulación).
¿Uno se debe parecer a los amigos? Sí, en emoción, en conexión y en disfrute del tiempo, pero la gracia está en saborear la diversidad del otro, no comulgar con replicantes iguales a uno que recitan el mismo xalmo y que corren por la misma vereda. Aburrido eso, necio, además. Y soberbio sin siquiera darse cuenta. Un embole.
Yo no aconsejo nada, no estoy en condiciones, solo comparto: lo mejor de la vida siempre está en lo que el otro te ofrece como regalo de tiempo y de valores. Y la vida está llena de verdades concomitantes, dicho en español, de valores de otros que nos hacen bien y hay que asimilar para estar mejor. En general, se aprende más de vidas que son ejemplo, de personas que uno respeta y de trayectorias que uno considera de entrega a causas nobles. Claro, las “causas nobles” son distintas para cada viajero y tienen límites también para cada uno. El mío siempre fue la paz, nunca la violencia. Jamás de los jamases.
Parece complicado, pero es un clic entender esto. Hay que hacerlo en la mente y luego el viaje empieza y se puede seguir adelante sin problemas. Se trata de salir de la caja y pensar afuera de ella. Eso es todo. Y rajar de la zona de confort. Rajar a mil por hora.
Y despojado de ropas vanas, sin camisa, se aprende de los demás montones de cosas y sin mucho complejo de nada. Capaz que por ser docente toda la vida tengo asimilado que cualquier estudiante siempre me podía dar la lección inteligente con una pregunta o una observación. ¡Me pasó tantas veces! Es que no se termina de aprender nunca, y esa es la gracia del asunto. Seguir pedaleando feliz. Y seguirse abriendo la cabeza a los otros y creciendo un poco cada jornada.
Al final, este asunto solo se trata de sentir y hacerle sentir a los demás lo mejor posible. Buen domingo.