Opinión | Maldita política

"Las campañas electorales son el examen de sangre"

Washington Abdala
Cabeza de Turco.

En este enorme territorio de la vida, la política se erige como una protagonista inevitable, esa diva demanda atención y nos atormenta con sus dramas y conflictos interminables. Siempre ha sido así, nada para sorprendernos al creer que esta contemporaneidad en el mundo es la “más compleja de todas”. Todas las épocas son intensas si sentimos la vocinglería del día. No es así, pero lo oímos a diario en el planeta a semejante talante. Una cosa es la verdadera política y otra muy distinta la manipulación de esta. De eso me ocupo en mi último libro que andará naciendo en estos días denominado igual al título de esta nota.

Jean Paul Sartre esgrimía “el infierno son los otros” y, claro, la frase cae estupenda para la política, llena de diálogos pocos conocidos, de movimientos estratágicos, de iras y enojos nunca muy explícitos, o sí, en fin, no siempre la sinceridad es la reina. Es que la búsqueda del poder siempre es un asunto delicado que requiere de enorme templanza para no caer en el lodazal.

“Todos los mundos son un escenario y los hombres y mujeres meramente actores”, decía el genial Shakespeare y es una verdad grande como una casa, y para los políticos más, y en estos tiempos -donde deben representar su rol ante el ojo escrutador de millones de celulares- solo se salva el que es él mismo. La autenticidad es el asunto, allí se despegan los que serán los más aptos (no necesariamente, los mejores). La “autenticidad” verdadera, no la interpretación de esta. Ojo al piojo.

¿Cuál es entonces el desafío de la política en nuestra sociedad? Para los mortales es procurar entender mejor a la gente que nos conduce, por eso las sociedades tienen el rostro de ellos y los conductores tienen el rostro de sus sociedades (tesis discutible para muchos, no para este servidor que defiende esa visión hace décadas con evidencia empírica). Desde la política se habilita a las sociedades al cambio y a la innovación. En los países de punta en estos asuntos, la política no obstruye, no detiene, sino que habilita y ambienta a crear. ¿Es poco eso? ¡Es muchísimo!

Por eso las campañas electorales son tan relevantes para la política y la democracia: es el examen de sangre que no siempre nos queremos hacer pero que una vez realizado nos dice si todo está en orden o si los valores están complicados.

En el libro (que se lee rápido y no posee ambiciones de erudición) abordo con espíritu crítico estos asuntos, advierto patrones de comportamiento que hay que tener en cuenta y evalúo “focos” temáticos que suelen hacerse presentes en el barullo electoral y que el ciudadano no siempre advierte. Y observo desde un observatorio planetario, lo que ayuda un poco más a no errarle al bizcochazo.

Está escrito con respeto por la política, con sentido de responsabilidad para con la misma, no es un libro que aplauda todo de ella, pero sí está concebido pensando que, sin ella y sin democracia, la cosa es horrible. Más de un tercio del planeta está en autocracias y es una verdadera tragedia.

La política está en condiciones de reflejar lo mejor y lo peor de la naturaleza humana. Será siempre el espejo que nos devuelve nuestra propia imagen, desgarrada por el pasaje del tiempo y aderezada con sabidurías que también el tiempo condensó. Por eso los anti política se sirven de la ella para llegar a destino. ¿Qué sería de nosotros si no tuviéramos a la política día a día?

Maldita Política, mi último libro, no la blasfema, busca entenderla en estos tiempos electorales del planeta. Ojalá les resulte interesante.

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