Nuestra pasión

IGNACIO ÁLVAREZ

Qué bronca! Qué calentura, qué impotencia. Otra vez afuera del Mundial. ¿Y qué querés? ¡Si no les podemos ganar a estos muertos! Daba ganas de entrar a la cancha a agarrarlos a patadas. Otra vez viendo cómo se burlan de nuestra desesperación. Otra vez sin jugar a nada. Otra vez comprobando que metiendo no alcanza. Otra vez sufriendo la humillación. Agarrás a piñazos las paredes. Puteás en arameo. Sentís una angustia profunda en el medio del pecho. No querés hablar con nadie. Sufrís como pocas veces. Sufrís como tantas veces.

No sé qué pasó ayer contra Perú, pero es lo que siento hoy jueves, al escribir esta columna después del partido de básquetbol entre Uruguay y Panamá por el Pre-Mundial. Quizás el domingo todos sintamos lo mismo. O quizás estemos radiantes, festejando esperanzados la victoria de visitante en tierras incaicas. Gritando "¡Uruguay nomá!" con todas nuestras fuerzas. Quedando roncos de gol. Saltando como energúmenos frente al televisor. Abriendo la ventana para compartir con el mundo la alegría que nos desborda. Como tantas veces.

Seguramente éstas sean de las sensaciones más fuertes que experimentamos los uruguayos, y lo irónico es que ni ganar ni perder afecta en algo nuestras vidas. Sin embargo nos apasionamos con 22 tipos corriendo atrás de una pelota, o con diez gigantes que tratan de embocar la naranja en un aro; y nos amargamos o nos alegramos según como les vaya a ellos (¿o a nosotros?).

Lo que me pregunto es qué tan común es que depositemos la razón de nuestros humores en el afuera. Cuán frecuentemente vivimos nuestras vidas a través de otros o en función de realidades ajenas. Y en última instancia, si a pesar de las derrotas no es la fácil dejar que otros jueguen por uno.

En estos meses que corren, otra de las pasiones es la política. El domingo pasado, Mujica advirtió que es "dramático" lo que está en juego en esta elección, ya que se trata de "una batalla para que el pueblo no quede en la calle y que no entre la motosierra". La afirmación es grosera y subestima la inteligencia de los uruguayos. Pero seguro muchos la comparten, así como otros tantos sienten que sólo con Lacalle el país podrá evitar caer por el despeñadero de un gobierno de izquierda, que nos sumergirá en un decadente régimen cuasi socialista al estilo Chávez. Otro exceso sin asidero.

No cabe duda de que esta elección plantea un escenario altamente polarizado, donde se enfrentan dos extremos que generan importantes niveles de rechazo: por un candidato, por el otro, o por ambos. Daiana, la empleada que trabaja en casa, acaba de decirme que no entiende "cómo la gente le cree a Lacalle"; pero enseguida acotó que "un tipo como Mujica no puede ser Presidente". Conozco empresarios y universitarios que piensan igual que ella. Como dice Kesman, es lo que hay, valor. Y quizás eso sea lo "dramático": tener que elegir entre uno u otro. Aunque recordemos que fuimos nosotros los que así lo quisimos.

Pero también en la política, como en el fútbol, puede aplicarse el efecto realidad de la pasión: si bien es evidente que las decisiones de un gobierno van a afectar directa o indirectamente nuestras vidas, ¿hasta dónde podemos decir que nuestra felicidad depende de esas medidas? ¿Qué tanto inciden las políticas económicas en nuestros bolsillos? ¿Qué margen de maniobra tiene un gobierno en los tiempos que corren?

También en esta materia solemos exigir mucho a los demás y esperar que nos lluevan los triunfos, mientras evitamos transpirar la camiseta. Mucho más que las medidas que implementen Mujica o Lacalle desde el poder, será nuestra entrega, nuestra inteligencia y nuestra osadía, las que nos acercarán a las mieles de la victoria; que esa sí será bien nuestra. Ese es el drama que debemos protagonizar; el del día a día, en casa y en el trabajo. El drama con el que deberíamos apasionarnos de verdad. Porque si es por el drama que interpretan nuestros candidatos en el escenario eleccionario o nuestros jugadores en la cancha, la política y el fútbol son pasiones que por estos tiempos hacen honor a su etimología griega: la pasión del padecer.

igalvar71@hotmail.com

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