Los que aún tienen vocación

Cada año se reciben unos 300 maestros menos de los que son necesarios. Hoy 6.320 alumnos están anotados para una carrera dura y mal remunerada.

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LEONEL GARCÍA

Cuando Irupé Buzzetti estudiaba Magisterio, las "3M" eran bien conocidas: Marido de Maestra, Mantenido. "El sueldo permitía vivir, y vivir bien, trabajando en un solo lugar", recuerda la hoy consejera de Primaria. Esa situación, asegura, se perdió durante la dictadura y jamás se volvió a recuperar. Cuatro décadas después, Ana Godoy (30), a nueve materias de recibirse, no olvida el "aliento" recibido ocho años atrás cuando se anotó en los Institutos Normales (IINN) de Montevideo: "¿Vas a estudiar eso?, ¿con la miseria que pagan?".

Marzo repite la misma historia en los últimos años: número insuficiente de maestros, necesidad de permitir el doble turno y de llamar a docentes jubilados, bajo nivel de formación y -sobre todo- poco interés en la carrera por sueldos bajos y de una crisis de vocación.

En el trienio 2009-2011 se han recibido unos 670 maestros cada año. "Ese número hace que estemos en una situación de alerta", señala la directora del Consejo de Formación en Educación, Edith Moraes, para quien hacen falta unos "mil egresos anuales para satisfacer el sistema educativo". La perspectiva de un sueldo que no entusiasma a nadie ($ 13 mil para un recién egresado por turno) y que llevará necesariamente al docente a buscar otro turno (u otro trabajo) y vivir a las corridas, casi sin tiempo para preparar las clases, más una carga horaria de la carrera considerada excesiva y con un contacto tardío con los niños, sumada a la tan mentada crisis vocacional, son las hipótesis de la consejera Buzzetti para explicar esta situación.

Con este mar de fondo, los alumnos de Magisterio comienzan mañana las clases: 6.360 potenciales maestros anotados en los cuatro años de la carrera. Y en base a datos oficiales, hoy por cada 100 alumnos que ingresan por año se reciben unos 35.

CAMBIAR. "Además de vocación, esta carrera requiere mucha esperanza", enfatiza Natalia Rosa (34), lista para comenzar tercero, casada y madre de dos nenas de 10 y 8 años, vecina de Melilla, y con la camiseta de la causa bien puesta. "Yo me levanto a las 5.40; a las 6.20 estoy en viaje al Centro; entro a las 7.30, hasta las 12 hago el curso teórico, y de una a cinco de la tarde la práctica en la Escuela 17 (en Pocitos) que, por supuesto, no es paga. Llego a casa a las 19.30. Si vos de antemano pensás en los bajos sueldos o que la figura del maestro ya no es respetada como antes, no hacés nada de esto. Pero vos tenés esperanza en los chiquilines y tenés ganas de aportar a que las cosas cambien". Ella no trabaja en otro lado, le sería humanamente imposible.

"Creo que estoy acá por algo que se llama vocación". Claudio Umpiérrez (33) -estudiante de cuarto, viviendo en pareja, exencargado de un comercio y hoy empleado en un call center, representante de una minoría masculina en una carrera donde el 80% son mujeres- comienza en la respuesta más común y prosigue en la más militante. "Prefería profesorado por eso tan idealista de cambiar el mundo. Pero creo que eso se empieza desde más chiquitos. `Desde el pie`, como cantaba Zitarrosa". Y el "cambio" también está presente en las motivaciones de Luciana Rojas (30), casada y con una hija de cinco años, ya trabajando en un jardín de infantes y con dos materias para recibirse: "Tu aporte a la sociedad, de valores, de educación, es a través de la docencia".

Cristina Hernández, directora de los IINN de Montevideo, defiende el nivel docente del centro y rechaza de forma tajante que haya crisis vocacional. "Hubo sí un decrecimiento importante entre 2005 y 2006 y ahora estamos en una tendencia estacionaria. Este año, en pleno auge económico y bajo desempleo, se anotaron aquí unos 450 nuevos alumnos. Si conociendo los sueldos aún hay estudiantes que ingresan, eso quiere decir que aún hay vocación", razona. "Pasa que eso la prensa no lo recoge". Después de la crítica, sostiene que lo que sí hay es un problema de rezago.

"Una de las cuestiones que nos plantean nuestros alumnos constantemente, es que no tienen tiempo para vivir". El plan 2008 habla de una carrera con 4.510 horas reloj (o 188 días completos de corrido). "No digo que abandonen, sino que terminan a los seis o siete años".

Algunos necesitan más: Luciana entró en 2002 y desde 2005 ha hecho una o dos materias por año. "Es una carrera complicada en horarios para los que trabajan. Yo tenía la práctica de 8 a 12, luego me iba corriendo a laburar hasta las seis de la tarde, y luego cursaba de 19 a 23.30, no quedaba mucho tiempo para estudiar", cuenta. Y en una población de sectores medios o medios bajos, estudiar y trabajar es más una necesidad que una opción.

Distintas "complicaciones" hicieron que Ana, que hoy también trabaja en un jardín de infantes, postergara sus estudios por tres años. "Volví por vocación". Son las 19.30 y ella lleva más de dos horas esperando para anotarse en unas materias. "Hay gente que se termina hartando del sistema". La voluntad, hasta ahora, es más fuerte. "A varios esta carrera se les hace eterna, ir a una escuela sin cobrar nada, trabajar, estudiar de noche... otros se dan cuenta que su lugar no es dentro de una escuela". La verdadera vocación suele surgir al enfrentarse a los niños en las prácticas.

BRONCA. Un estudio de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la República, divulgado en 2010, señalaba que un alto porcentaje de alumnos con mediocre escolaridad liceal optaban por la docencia. En otras palabras: los buenos alumnos a las facultades, los flojos para Magisterio o Profesorado. Natalia no oculta su dolor por esa conclusión. "Yo vengo de la Facultad de Derecho, a los 22 años hacía quinto. Me di cuenta que no tenía vocación para la abogacía y me dediqué a formar mi familia. Pero casi era Procuradora. ¡Eso es para que veas que no es cierto que a los que estudiamos acá no nos da la cabeza para otra cosa! Eso da bronca".

"Entre mis compañeros hay de todo", matiza Ana. Lo mismo dice de los docentes. "En pedagogía todos son muy exigentes. Luego hay otros más accesibles. Yo exoneré una materia (no la nombra) y creo que por faltas... bueno, no daba. También está eso de que `bueno, vienen de noche, vamos a no complicársela`. Pero también da bronca, porque hay gente que encara y estudia, que se preocupa más que otras; ¡también está en vos ponerte a leer, informarte, formarte!". Claudio, por su lado, reconoce no haber sido un buen estudiante en el liceo; de hecho, lo terminó a los veinte largos. "Yo no sentía el compromiso de estudiar, no me lo transmitieron. Y eso repercute en tu vocación. Si sentís que no fuiste bien enseñado eso tal vez alimente tus ganas de ser docente. Quiero ser maestro para que a los niños a mi cargo no les pase lo que a mí".

Para Buzzetti, quien se recibe y termina en las aulas ha demostrado sobradamente tener un postgrado en vocación y compromiso. "Ahora, hay que hacer que se queden en el sistema", enfatiza. Las autoridades saben que hay muchos maestros recibidos que no están trabajando en Primaria. "Es gente que habla bien y escribe y, si tuvo la suerte de haber aprendido inglés, puede conseguir un trabajo en Zona Franca por 22 mil pesos". Es que el necesario compromiso y la necesidad de parar la olla suelen provocar un duro choque de intereses. Hace poco esta consejera, exdocente en los IINN, se encontró con una antigua alumna, ya recibida, en un local del Banco República; era la cajera. "Vos y yo podemos discutir hasta mañana si ella tenía vocación o no".

BUSCANDO RESPUESTAS

¿Por qué elegir la carrera de Magisterio? ¿Por qué abandonarla? ¿Por qué el rezago? Y quien se recibe, ¿por qué no está trabajando en Primaria? "Nosotros encomendamos un estudio a la empresa Cifra, tras una licitación, para responder a todas estas interrogantes", afirma a Revista Domingo Edith Moraes, directora del Consejo de Formación en Educación, unidad ejecutora que ella define como "de transición" hacia el ansiado Instituto Universitario de Educación (IUDE, que le daría rango universitario a la docencia). "El resultado, previsto para mayo o junio de este año, nos va a permitir a nosotros, con una base segura de diagnóstico, direccionar las nuevas políticas educativas", agrega.

PERFIL ESTUDIANTIL

Sectores medios o medio bajo

Montevideo es el departamento donde egresan más maestros y, al mismo tiempo, donde hacen más falta. Es que si en muy pocos departamentos del Interior hay ofertas universitarias, en todos hay un instituto de Magisterio.

Los Institutos Normales de Montevideo, que en 2012 cumplen 130 años, inician mañana sus actividades en su recuperada sede de calle Soriano con 1.600 alumnos. Es el centro de formación de maestros más grande del país. Según la directora Cristina Hernández, el perfil del egresado es una mujer de unos 25 años. "Por un lado porque es tradicional, y por otro porque aún se mantiene eso de que el hombre debe tener el mejor sueldo de la casa".

La enorme mayoría de los estudiantes provienen de sectores sociales medios, medios-bajos o bajos. "No tenemos alumnos de clase media alta", asegura.

Hernández no oculta su disgusto cuando le hablan de crisis del magisterio. "El gobierno debería agradecerle cada 15 días a los maestros que están en la escuela por su enorme compromiso". Para la clase gobernante, y en materia de educación, deja un concepto bien a su estilo: "Puede y debe mejorar más".

LAS CIFRAS

6.360

Cantidad de inscriptos en Magisterio hoy para los cuatro años de carrera. En primero hay 2.088 anotados; esto último, según Moraes, es 23% más que en 2011 (unos 1.700).

4.510

Horas reloj lleva la carrera de Magisterio, incluyendo 1.720 de práctica docente. Un profesor de Educación Media (1° a 3° de liceo) requiere 3.300 horas de formación.

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