El Personaje

Juan Pablo Tosar: "La ciencia es el trabajo de todos los días"

El científico uruguayo fue destacado por la revista Nature debido a una investigación biológica que puede tener una proyección decisiva en la salud humana en años venideros.

"Vengo estudiando el tema desde 2012 cuando empecé el doctorado", dice Juan Pablo Tosar.
"Vengo estudiando el tema desde 2012 cuando empecé el doctorado", dice Juan Pablo Tosar.

Siempre recordará a su abuelo como un hombre grave y entregado a la mayor pasión de su vida, la música. Si para la cultura uruguaya una figura como la de Héctor Tosar es enorme y de caladura universal, para un nieto puede parecer hasta abrumadora. Pero no lo es para Juan Pablo Tosar (35) que lo recuerda con cariño e incluso se permite bromear con “qué diría” si supiera de su gusto por el rock.

Lo cierto es que Tosar, Juan Pablo, adquirió notoriedad internacional no por sus gustos musicales. Ni por su parentesco con el notable músico, docente e investigador académico fallecido en 2002. La prestigiosa revista Nature puso sus ojos en este joven doctor en bioquímica, investigador del Instituto Pasteur y docente de Facultad de Ciencias debido a las investigaciones que lleva a cabo con su equipo.

“Lo que hace mucho tiempo que venimos estudiando es el ARN extracelular, ¿qué es? El ARN extracelular son pequeñas moléculas químicamente parecidas al ADN pero que terminando qué genes se prenden y qué genes no se prenden, tienen un rol activo en regular muchos procesos moleculares”, explica en forma muy resumida y general Tosar su trabajo.

Comprender a fondo estos procesos podría permitir, por ejemplo, convertir en más certeros y tempranos los diagnósticos sobre enfermedades como el cáncer. Pero como todo científico sabe que el proceso podría llevar aún años de investigación.

La parte más increíble de esta historia es que estos descubrimientos se llevaron a cabo en las modestas instalaciones -modestas si se piensa en los laboratorios del Primer Mundo- de un laboratorio uruguayo. Ese pequeño país que ahora se enorgullece de haber salido airoso del primer round con el virus más devastador de la historia reciente. Y en ello los científicos tuvieron un papel central. Y Juan Pablo Tosar está, precisamente, entre los más destacados.

MACRO Y MICRO. Juan Pablo es el mayor de cinco hermanos. Si de chico le hubiesen preguntado qué quería ser de grande lo más probable es que hubiera respondido que astrónomo. Le encantaba observar las estrellas; de hecho, llegó a tener un telescopio de bastante alcance con el que pasaba horas.

“Mi madre seguramente algo vio en mí, ya de chico me compró un microscopio. A los ocho años me interesé por la astronomía, me compré un telescopio”, cuenta. Claro que cuando se iban de vacaciones en el auto familiar no había espacio para semejante artilugio y la observación astronómica quedaba relegada.

Cuando empezó el liceo tenía la vaga idea de que seguiría los pasos de su padre y terminaría en Ingeniería. Las matemáticas se le daban bastante bien, pero sentía una especial inclinación por la biología y por la química. Cursaba el sexto año cuando su profesor de química le comentó al pasar que también daba clases de bioquímica en la Facultad de Ciencias. “Me acuerdo que eso me marcó, fue como música para mis oídos porque yo no sabía que había una carrera de bioquímica”, recuerda.

Pero cuando planteó en su casa que se iba a anotar en la Facultad de Ciencias sus padres lo miraron algo perplejos. “Lo veían como si estuviera planteando que quería ser astronauta, sobre todo mi padre que como ingeniero era una persona muy estructurada”, recuerda.

La decisión estaba tomada y así comenzó la carrera. Juan Pablo no le echa en cara a sus padres la falta de comprensión, de hecho nadie veía un futuro en las carreras científicas por entonces. Algo que solo recientemente comenzó a cambiar en el buen sentido.

Entre 2004 y 2008 completó la licenciatura, pero de inmediato inició la maestría y luego el doctorado en bioquímica que completó en 2012. En ese período inició su estrecha relación con el Institut Pasteur; desde entonces cruza constantemente del instituto al enorme complejo de la Facultad de Ciencias para repartir tiempos entre docencia e investigación.

A diferencia de algunos de sus destacados colegas que completaron estudios en el exterior en prestigiosas universidades, su carrera fue netamente desarrollada en la Universidad de la República.

“Hice la maestría, hice el doctorado, toda mi formación académica la hice en Uruguay. En realidad siempre pensé que iba a hacer parte de la carrera en el exterior, lo vi como algo positivo. Entonces después, por distintos motivos personales tanto en la maestría como en el doctorado terminé optando por hacerlo acá, fui como postergando esa ida al exterior”.

"Las nuevas generaciones son más pragmáticas", observa Tosar.
"Las nuevas generaciones son más pragmáticas", observa Tosar.

RECONOCIMIENTO. La revista Nature es una de las publicaciones científicas más prestigiosas del mundo. Fundada en la segunda mitad del siglo XIX esta publicación británica tiene corresponsales en casi todas las capitales y goza del reconocimiento de las academias. Publicar un trabajo en Nature es considerado como uno de los mayores méritos en el mundo de las ciencias por el rigor y calidad de sus trabajos.

Gracias a la publicación en un sitio especializado de los primeros resultados de la investigación realizada por Tosar y su equipo Nature se interesó en el tema y lo publicó como uno de los hallazgos más prometedores de los últimos tiempos.

Juan Pablo recibió con sorpresa y alegría la publicación, sabe que de algún modo significa un reconocimiento a su trabajo aunque los resultados aún no sean definitivos. Sin embargo, para un científico es valioso saber que va por el buen rumbo después de años de trabajo.

“Yo vengo estudiando este tema de los ARN extracelulares desde que empecé el doctorado en el año 2012, venimos trabajando con Alfonso Cayota y todo el equipo, ya son como ocho años”, señala.

Pero más allá del trabajo de laboratorio la otra pasión de Tosar es la docencia. Y sobre todo despertar esa misma pasión por el conocimiento científico en los jóvenes que llegan al primer año de la licenciatura en Ciencias Biológicas. “La docencia me gusta mucho, es como un cable a tierra y es también una forma de devolver y mantener un ciclo andando, uno recibió mucho”, cuenta.

En el otro extremo también trabaja con los estudiantes de posgrado, una forma de docencia que se parece más a la discusión entre pares. Tosar cree que, por fortuna, el reconocimiento hacia las ciencias es mayor ahora en la sociedad. Sin embargo, ve a las nuevas generaciones más preocupadas por cuestiones prácticas que por el conocimiento en sí. “Lo que me da un poco más de temor es que las nuevas generaciones son mucho más pragmáticas y piensan en su futuro laboral, creo que nosotros éramos un poco más románticos, idealistas”, apunta.

Y algo semejante, cree, está pasando con la percepción que tiene la sociedad en general con las ciencias. Si bien la pandemia demostró el valor que tiene este conocimiento para hacer frente a una crisis de esta naturaleza, Tosar teme que esa misma percepción se tiña demasiado de rasgos utilitaristas e inmediatos.

“Siento que el rol que me toca como docente es insistir en que la ciencia es muy importante no solo por la solución que puede brindar a los problemas. Creo que sería incompleto el cuadro si comenzamos a entender que la ciencia es importante porque cuando hay una pandemia hay capacidad de respuesta rápida, pero si nos quedamos en eso pareciera que todo lo que hacemos cuando no hay una pandemia no tiene valor. Yo no veo a la ciencia como a un cuartel que se está preparando para el caso de que tenga que salir al combate, sino que es el trabajo del día a día, que produce resultados mucho más lentos, a largo plazo, es igualmente importante. Es más difícil de explicar, porque es más fácil ver lo que produce”, explica el científico.

Un trabajo silencioso y árido, que se realiza prácticamente sin pausa por investigadores que se entregan cada día a una nueva fase en sus experimentos. Para Tosar en poco tiempo más podrá presentar los frutos de un trabajo de años que podría tener un valor decisivo en la salud humana.

Sus cosas

Rock. Desde muy joven fue, como tantos de sus pares, un fanático de las bandas uruguayas de rock. Y en ese sentido sus gustos no han cambiado. “No sé si lo perdonaría mi abuelo”, bromea. Lo cierto es que la música tiene un papel importante en su vida y la influencia de su abuelo tal vez se haga sentir después de todo.
​La costa. Juan Pablo es un enamorado de la costa de Rocha, donde solía veranear. Sin embargo, últimamente lo hace con su esposa Paty y sus dos hijos Juan Francisco (4) y Clementina (1) en el balneario Solís, en la casa de su abuela donde la figura del maestro Tosar fallecido en 2002 es omnipresente.
​Los pequeños. El tiempo con sus hijos es el cable a tierra luego de horas y horas de trabajo de laboratorio. “A veces me cuesta mucho desconectarme de lo que estoy haciendo, pero me obligo a estar con ellos, jugar y disfrutarlos”, dice. Clementina, la más pequeña, se lleva buena parte de su atención aunque Juan Francisco no va en zaga.

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