EL PERSONAJE

Iahara Stolarsky: “Acá se descuidó bastante al tango”

Es una de las bailarinas uruguayas más destacadas. Campeona mundial en sus inicios, cautiva en el Baar Fun Fun y durante este año fue la coreógrafa de la compañía Telón Arriba.

Iahara Stolarsky. Foto: Darwin Borrelli
Iahara Stolarsky. Foto: Darwin Borrelli

Iahara Stolarsky no puede vivir sin bailar. Una vez, dejó por un año y sintió que perdía el equilibrio. Por eso, después de que redescubrió el tango (ya hace una década) y empezó a ensayar con una profesora que había al lado de su casa, no lo soltó más. “El tango es vicio”, dice la bailarina de 34 años. Y el tango, para ella, es un estilo de vida, una forma de concebir las relaciones humanas. Es un amor, un vínculo que se genera y dura, si se quiere, para toda la vida. Ella lo quiere. “El tango para mí es todo”, afirma.

En su casa no hay mesa ni sillas. Hay un sofá gris que cuando el momento amerita se divide en dos cuerpos y se arrincona contra paredes y ventanas. La sala de estar, pequeña, blanca, iluminada y rodeada de arte se convierte en pista de baile. Porque allí, en ese apartamento de pisos de madera y un espejo que va del piso al techo, casi todas las tardes se respiran compases de tango. Allí, donde el perro Balú ladra a cada uno que llega y desconoce, Iahara Stolarsky transmite a otros su pasión por una de las danzas más celebradas del Río de la Plata. Su casa está, siempre, en función del tango. Hasta los cuadros —algunos suyos, otros obra de su hermana Elián— hablan del abrazo de ese baile: siluetas que se entrecruzan a base de colores cálidos.

Iahara no es alta, pero la espalda recta, el pelo largo y moreno y los ojos grandes connotan una presencia fuerte, intensa. Iahara es firme y decidida, al menos eso parece cuando habla de su modo de vida y de su trabajo en el Baar Fun Fun. O de las noches que pasa en las milongas montevideanas. O del prejuicio hacia una danza que ama y defiende. O de su abuela —Rebeca Fuertes— y los tangos que escuchaba todos los domingos en la radio, que la Iahara niña aborrecía pero que ahora, adulta, añora. También habla de la falta que hace que en Uruguay se le de más cariño a esa esencia de la cultura rioplatense. O de las veces que sueña con viajar en el tiempo y bailar en las épocas doradas del tango en los clubes montevideanos.

Le gusta imaginarse lo que era bailar en el Club Uruguay o en el Sudamericano, “majestuosos”. “Para mí es increíble saber que lo que escucho hoy en las milongas a las que voy, son músicos que venían acá y tocaban en vivo, y venían seguido, era normal su presencia en esos salones inmensos. Hoy en día es hasta difícil conseguir un salón para hacer una milonga. Es muy difícil sostener milongas acá. Para mí se necesitan más espacios”.

—Desde lo público parece haber iniciativas para promover el tango. ¿Qué falta?

—En Argentina, ya desde la niñez enseñan tango. Acá también es nuestro patrimonio y se tendría que enseñar como el folclore. Creo que está ahí la clave. No todos concuerdan, porque lo ven como un baile más maduro, pero si se tomara desde lo lúdico, desde la música, la captación sería mejor.

—Has salido de Uruguay con el tango, ¿cómo ven al país respecto a este género?

—En comparación con Buenos Aires, en general no conocen Uruguay. Al tango lo conciben como argentino. Hay algunos que estudian un poco más y saben que es del Río de la Plata y vienen a curiosear, pero son muy pocos. Cuando bailo en milongas de Buenos Aires con extranjeros, me preguntan si acá hay tango. Argentina trabaja hace muchos años en la difusión. Vas a San Telmo y como el Fun Fun hay seis boliches en una manzana. Hasta en las servilletas de los bares hay tango. Acá le han puesto más cabeza al candombe, y el tango no parecería buen negocio. Se descuidó bastante. Ahora están intentando darle una inyección, pero están haciendo mucho hincapié en el tango de escenario y en el show, y la gente lo ve como un espectáculo, que es difícil y para pocos —está bueno, yo me dedico a eso y pienso que faltan más lugares todavía—, pero falta educar a la gente en el tango social, que es accesible para todos. Y eso en el resto del mundo avanza.

Su predilección por la milonga

El año 2011—-a poco de comenzar en el “dos por cuatro”— le marcó un buen augurio: ganó el campeonato de la sub sede del Mundial de Tango en la categoría Escenario y el segundo puesto en Tango Salón. Sin embargo, cuando desembarcó para competir en el país de al lado, se dio cuenta de lo lejos que estaba de ese nivel y decidió frenar y seguir estudiando. Y aunque también fue galardonada con el Premio Matos Rodríguez, hoy su gusto es otro. Hace nueve años es una especie de embajadora cultural como la bailarina del Baar Fun Fun, junto a Federico García. Bailan sin parar toda la semana, desde las 22.00 hasta la medianoche. Viernes y sábados el público es casi todo turístico.

Pasó por las últimas tres etapas del bar histórico de Montevideo: bailó en un escenario en el que apenas podía moverse y derribó unos cuantos cuadros y botellas con sus pies en el antiguo Mercado Central. Estuvo en Soriano y Convención y ahora está de regreso en el espacio designado en la sede del Banco de Desarrollo de América Latina (CAF). Acompañando a cantores u orquestas o con pista, pero siempre bajo la ley de esos boliches tangueros donde la mirada expectante del público está a centímetros de sus expresiones, leyendo su conexión con el otro, su concentración y su entrega.

Iahara Stolarsky en Fun Fun
Iahara Stolarsky en Fun Fun donde trabaja desde hace 9 años. Foto; Facebook Iahara Stolarsky

El último proyecto que tuvo este año fue crear la coreografía para la compañía residente del Solís, Telón Arriba. La compañía, dirigida por Giovanna Martinatto, es de ballet contemporáneo y conformada por ex y actuales bailarines del Ballet Nacional. El ballet es, claro, distinto al tango, pero fue un desafío que disfrutó afrontar junto a su colega Nazareno Listur.

Como bailarina está siempre que puede en todos lados, hasta en el teatro, con una pequeña incursión en la actuación a través de dos obras en las que bailó con Diego Bado. Me duele una mujer y Tu cuna fue un conventillo. Algún día, dice, le gustaría estudiar teatro para poder deslizarse en ese campo con propiedad.

También baila en los sábados de Tangos al mediodía en la sala Delmira Agustini del Teatro Solís. Y por las noches, casi todos los días después de Fun Fun, se va a las milongas, que para Iahara, son palabras mayores. “Para mí una cosa es trabajar,, que lo disfruto muchísimo. Pero después necesito aflojar, abrazarme, y eso lo logro en las milongas”.

Además, en respuesta a la polémica que sufrió el género por considerarse machista, dice: “La visión de la mujer sumisa es errada. La mujer en el tango es una mujer fuerte, que tiene mucho temperamento. Para generar el baile tiene que compartir un eje, tiene que haber actitud. La mujer es fuerte. El hombre tiene que ser seguro y decidido, porque sino la marca se vuelve confusa y para la mujer es muy incómodo bailar con un hombre confuso. Queremos abrazos de verdad, contenedores”. Y sostiene que en el tango no importa la sexualidad. En su caso, baila mucho con Natasha Lewinger, una de sus mejores amigas y lo hace, asegura, no porque sea mujer o deje de serlo, sino porque “tiene un baile alucinante”.

El abrazo en el tango

La primera vez que bailó tango tenía 15 años y fue parte de un programa de la Unesco que, en realidad, nada tenía que ver con la danza, y sí con el deporte y la juventud. Pasaron años hasta el reencuentro. Hizo salsa y antes danzas judías, hasta los 17. Para los pasos siempre tuvo facilidad. Cuando empezó a trabajar -además de bailarina, es diseñadora gráfica- dejó el baile porque no le daban los tiempos. “Eso me desestabilizó emocionalmente, porque no concibo mi vida sin el baile presente”, afirma. A su abuela, Rebeca, le hubiese gustado ser artista pero la pusieron a coser a los nueve años. Ella, es consciente, pudo decidir y, repite que al tango lo elige siempre. Pasan los años y sigue siendo su pasión.

Pero lo que más le gusta del tango es el abrazo. La entrega, el diálogo sostenido de cuerpo a cuerpo. “No importa cuántas figuras hacés. No tenés que ser bailarín, tenés que brindarte vos y dar el mejor abrazo que puedas dar y tratar con gentileza a la persona con la que estás bailando”. Ese abrazo, por lo general, tarda lo que duran cuatro tangos o tres milongas: “Es el tiempo que tenés para que la persona te conozca y generar una conexión o no, y cuando uno logra conectar con la música, con la persona que está abrazando, uno se eleva”.

Sus cosas

Diseño de Montevideo Tango por Iahara Stolarsky
El diseño

La mitad del día de Iahara se va en enseñar y bailar tango. La otra parte la dedica a diseñar, una actividad que hace desde que empezó a trabajar y hoy sus diseños son sobre todo para tangueros. Lo visual le interesa mucho, y cree que eso también está vinculado al tango y las figuras geométricas que va dibujando en el escenario.

The Fall
Las series policiales

Iahara no tiene mucho tiempo libre: cuando no está bailando está diseñando. Pero si se toma un tiempo para descansar es fanática de las series, sobre todo de los policiales. En sus vacaciones, así sea verano y la temperatura llegue a los 40 grados, se va a Buenos Aires atrás de las milongas. Porque para ella el tango es trabajo y entretenimiento al mismo tiempo.

Iahara Stolarsky. Foto: Darwin Borrelli
Su perro balú

Balú es el perro amigo de Iahara. Fue a la feria a buscar un cactus y se encontró con Balú de chiquito para dar en adopción. Le dijeron que iba a ser chiquito y creció. Hoy ladra cada vez que llega alguien a su casa, inspecciona. Su casa, igualmente, está siempre con tránsito de alumnos de tango, cuando el living se transforma en salón de clase.

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