LIBROS

Horacio Quiroga en folletines

Un ambicioso proyecto permitió el rescate de las novelas breves que el autor salteño escribió a principios del siglo XX con el seudónimo de S. Fragoso Lima, un tesoro recuperado.

Horacio Quiroga
Horacio Quiroga. Foto: Archivo General de la Nación Argentina.

Hasta el último día de su vida trágica, el gran Horacio Quiroga negó la autoría de aquellos folletines. Tal vez porque era demasiado consciente de haber escrito aquellas páginas con el mero afán de supervivencia. Sin embargo perviven en esas historias algunos de los mejores rasgos de uno de los mayores cuentistas latinoamericanos.

Martín Bentancor y Alejandro Ferrari son los editores responsables del rescate de esta colección de relatos firmados bajo el seudónimo de S. Fragoso Lima por Quiroga a principios del siglo XX. En una primorosa edición que conserva el formato original del folletín, así como las hermosas ilustraciones con las que se publicaba en las legendarias revistas "Caras y Caretas" y "Fray Mocho".

La colección de seis novelas breves recorren los principales hitos de la literatura popular de la época, desde la aventura, a la ciencia ficción, pasando por el misterio y los casos policiales a los remotos ecos del Imperio Romano. En estas obras, que hoy bien podrían consumirse en series a través de plataformas como Netflix, se adivina la influencia de algunos de los grandes autores de los que Quiroga se sentía deudor. Edgar Allan Poe, Honoré de Balzac, Rudyard Kipling, Robert Louis Stevenson, Fedor Dostoievski entre los más notables, pero también Emilio Salgari y Eugéne Sue entre los más populares frecuentadores del folletín entre fines del siglo XIX y principios del siglo XX.

Este rescate literario que hoy llega a los lectores, gracias al apoyo de los Fondos Concursables del Ministerio de Educación y Cultura (MEC), es posible por el trabajo que durante años han hecho los editores en el proyecto +Quiroga.

Al rescate de Fragoso Lima

“La publicación surgió casi de forma natural. Desde hace cinco años venimos llevando adelante el proyecto +Quiroga junto a Martín Bentancor. Y varias veces habíamos conversado sobre la posibilidad de publicar a Quiroga”, cuenta Alejandro Ferrari a "Revista Domingo". “Yo había tenido ya la posibilidad el año pasado de preparar una edición conmemorativa de Cuentos de la selva. Existiendo los Fondos concursables del MEC, con una categoría para proyectos editoriales, preparamos una propuesta que consistía en editar las novelas brevees que Quiroga publicó entre 1908 y 1913 con el pseudónimo S. Fragoso Lima y en entregas semanales de folletín. Y agregarle algunos estudios que ayudaran a leerlas desde el presente. Un día nos enteramos que habíamos ganado y pusimos manos a la obra”, cuenta Ferrari.

Lo cierto es que la producción de estas obras de folletín está, de algún modo, profundamente ligada a la biografía del autor salteño. Su pasión por las letras se había despertado muy temprano y después de una juventud bastante alocada, el joven Quiroga se fue a conocer la cuna del arte y la bohemia, el París del 900, del que dio cuenta en su precoz diario y que tal vez estimulara la creación de su primer libro, más cercano a la poesía que a su narrativa característica, "Los arrecifes de coral".

Ese peregrinaje lo lleva a Buenos Aires y allí a conocer al escritor Leopoldo Lugones, quien en 1903 lo lleva en un viaje a Misiones. Quiroga participa del viaje como fotógrafo, y sucumbe a los encantos de la selva misionera. Por esos años tiene lugar la muerte de su mejor amigo, el poeta Federico Ferrando, víctima de un disparo accidental cuando Quiroga manipulaba un arma.

Los relatos que publicó entre 1908 y 1913 en las mencionadas revistas culturales y que firmó como Fragoso Lima pertenecen a un Quiroga que comenzaba a consolidarse como notable escritor pero cuya fama aún no había alcanzado los niveles que lo convertirían en figura indiscutible, sobre todo a partir de la publicación de Cuentos de amor de locura y de muerte. Sobrevivía en la selva, con su esposa y sus dos hijos chicos, y cobraba por estas historias casi como único ingreso legítimo.

“Entre esos años, a Quiroga le pasó de todo. Construye su casa hasta trasladarse a Misiones, se casa con Ana María Cires, abandona la docencia y ejerce con poca dedicación su cargo de juez de paz y oficial del registro civil en la jurisdicción de San Ignacio, dedica gran parte del tiempo a sus emprendimientos y nacen sus hijos Eglé y Darío”, cuenta Ferrari.

En paralelo a esta obra “menor” comienza a gestarse lo mejor de Quiroga, y se afianza en un estilo que lo hará único y lo volverá un clásico. “En 1908, por ejemplo, publica su nouvelle "Los perseguidos" y la novela "Historia de un amor turbio". Al año siguiente, su cuento más conocido: "La gallina degollada". Pero inicia también su camino de realismo y objetividad con el cuento La insolación. Y en el medio se van colando los folletines, como una literatura de transición”, explica Ferrari.

Ferrari y Bentancor rastrean, asimismo, las influencias literarias de Quiroga, aquellos autores que dieron forma a su literatura mayor. “Quiroga era un lector voraz y atento y, además, informado sobre las novedades del mercado editorial, especialmente de lo que al Plata llegaba desde otros países y también de lo que se editaba en Buenos Aires. En los textos de S. Fragoso Lima se pueden rastrear referencias a Emilio Salgari, Julio Verne, Arthur Conan Doyle, Jack London y R. L. Stevenson, por nombrar las más obvias, que tienen que ver con las ambientaciones, los giros, la construcción de los personajes”, señala Ferrari.

El editor hace notar, asimismo, que todos esos autores solían publicar regularmente en folletín buena parte de su obra. Tradición que, por otra parte, recogía lo mejor de las letras angolsajonas. Hay que recordar que el mismo Charles Dickens publicaba algunas de sus mejores novelas en este formato por entregas, por no hablar de todos los relatos de Sherlock Holmes, que Arthur Conan Doyle solía publicar en el periódico The Strand, acompañados de las ilustraciones que hicieron popular la gorra de caza y la pipa del inmortal detective.

La colección de S. Fragoso Lima es parte de un proyecto mayor en el que los editores Ferrari y Bentancor buscarán el rescate de otras obras menos conocidas del autor. “Ya se han editado sus obras completas, hay muchas recopilaciones, de todo tipo y color, pero tenemos una idea de ir editando próximamente selecciones que tengan que ver con lecturas temáticas. Por ejemplo, textos narrativos y ensayísticos de Quiroga sobre la educación o sobre la problemática social o de tema bélico”, señala Ferrari.

Para sus fieles lectores, un tesoro. Para los nuevos que comiencen a conocer la obra de este escritor que “siempre está de regreso”, una inmejorable oportunidad.

Martín Bentancor (Canelones, 1979), es escritor y su obra narrativa ha merecido varias distinciones, incluyendo el premio Narradores de Banda Oriental y el Premio Nacional de Literatura, en la categoría inéditos. Su novela El inglés fue elegido mejor libro de 2015. Alejandro Ferrari es cineasta, investigador, docente y colaborador regular de El País Cultural. Ha publicado diversos artículos sobre la vida y obra de Horacio Quiroga. Entre otras realizaciones hizo el documental Lo que quedó en el tintero, sobre Dámaso A. Larrañaga.

Los títulos de la serie

Colección Horacio Quiroga Fragoso Lima
Colección Horacio Quiroga Fragoso Lima

La colección incluye siete volúmenes. El primero reúne cinco estudios críticos sobre Horacio Quiroga y su obra, en particular la que publicó bajo seudónimo. Luego las novelas breves publicadas como folletín en las revistas Caras y Caretas, y Fray Mocho: "Las fieras cómplices" (1908); "El mono que asesinó" (1909); "El hombre artificial" (1910); "El devorador de hombres" (1911); "El remate del Imperio Romano" (1912) y "La cacería humana en África" (1913).

Según afirmó el propio Quiroga, cobraba 400 pesos por cada novela firmada como S. Fragoso Lima.

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