EL PERSONAJE

Gonzalo Baz: "Haber sido elegido por Granta me motiva a seguir escribiendo"

El escritor uruguayo recientemente distinguido por la prestigiosa revista literaria Granta habla sobre sus comienzos, sus predilecciones y las ratas como metáfora.

Gonzalo Baz
Foto: Francisco Flores.

El primer compilado de cuentos de Gonzalo Baz (Montevideo, 1985) se llama Animales que vuelven, y fue publicado en 2017 por su propia editorial, Pez en el hielo, que fundó junto a su pareja Dani Olivar. Es un libro de algo más de 100 páginas y fabricado a mano por él y su socia en el emprendimiento (puede que amigos hayan metido mano, también). Testigo de esa identidad artesanal que, como él mismo dice, “ya se ha perdido”, son los hilos de lana roja que se ven entre algunas páginas.

Dedicada a “Mis amigos, los exhaustos”, la compilación fue prologada por el escritor Horacio Cavallo: “Algo está a punto de derrumbarse, de ser consumido por el fuego, o arrastrado por la inundación (...) Todo se lo lleva el agua. El agua que corre entre dos países, que cae sobre las calles de São Paulo y las de Montevideo, que limpia y arrasa”.

Cavallo cuenta también que conoció la escritura de Baz cuando este leyó una primera versión de uno de los cuentos del compilado, Tieté. Dicho cuento narra varias historias: la de un vínculo amoroso, la de una relación madre e hija y también la de un ambiente laboral llamado “Área 16”.

Ciencia ficción

Si ese nombre le remite a la ciencia ficción, no está tan mal. No es que Baz se haya propuesto escribir dentro de las coordenadas de ese género. Pero hay algunos pasajes en sus escrituras que a veces transmiten la misma sensación que esa veta de la ciencia ficción que no se sustenta ni en la presencia de tecnologías futuristas, ni en las hipótesis más o menos científicas sobre el porvenir.

Más bien, predomina una ligera e inasible sensación de distanciamiento y extrañeza, como si lo que ocurre fuese parte no de un futuro lejano, sino uno cercano pero con algo de distorsión. Como, por ejemplo, la atmósfera que transmiten películas como "Niños del hombre" (dirigida por Alfonso Cuarón) o "El rascacielos" (dirigida por Ben Wheatley y basada en una novela de J.G. Ballard). Que ambas películas sean distópicas tal vez sea una coincidencia, aunque parece improbable.

En esa atmósfera, el narrador o los personajes intercalan reflexiones que la sacuden: “Cuando uno naturaliza una práctica privada y la incorpora a su rutina laboral, los límites de lo embarazoso empiezan a desdibujarse y en ese momento, la persona empieza a descuidar la cualidad silente de lo que hace”. O “La felicidad de formar parte de algo: créame, esa es la única felicidad posible, lo demás es deseo de fuga, un camino florido hacia la muerte”, o “Una fuga siempre significó para mí, mucho más que un acto de cobardía y negación”.

Incentivos

La relación de Baz con la literatura empezó bien temprano. De niño, siempre había un libro entre sus regalos. Eso, recuerda ahora, lo incentivaba a leer. Pero fue en la adolescencia que la lectura se tornó compulsiva. En esa época, Baz le sacó mucho provecho a la biblioteca de su abuela, profesora de literatura, y empezó a leer un libro tras otro. Los primeros autores que lo impactaron fueron rioplatenses, como Julio Cortázar, Juan Carlos Onetti y Jorge Luis Borges. Actualmente, las lecturas de Baz lo llevan entre otros lugares a Europa del este, gracias a autores como la húngara Agota Kristof o el rumano Mircea Cartarescu.

Ya más grande, se puso en pareja con una paulista que vivía en Montevideo y cuando ella quiso hacer una maestría en su ciudad natal, él la acompañó. “Viví en San Pablo desde fines de 2013 hasta 2016. Luego me separé y volví a Uruguay. En esos años viví cosas que luego pasaron a mis escrituras”. La metrópolis brasileña aparece en cuentos de "Animales que vuelven" y también en la novela "Los pasajes comunes".

tapa libro Los pasajes comunes
La primera novela de Gonzalo Baz.

Baz cree que hay un proceso de escritura que quedó inconcluso y que, por algún motivo, terminó infiltrado en su escritura. De esos años, relata, le quedó mucha literatura brasileña. “Cuando viví allá, casi que exclusivamente leía autores contemporáneos brasileños. Y cuando pusimos la editorial con mi compañera sacamos una antología de literatura contemporánea brasileña llamada 'La paz es cosa de niños'” (en esa compilación figuran autores como Ana Paula Maia, Michel Laub, Paula Fábrio y Santiago Nazarian).

—¿Por qué fundaste una editorial?

—Siempre me interesó. Cuando vivía en San Pablo iba mucho a ferias de ediciones literarias independientes, donde había mucha cosa artesanal y me encantaba. Cuando regresé a Uruguay, empezamos a hablar con Dani y lo hicimos. Entre varias razones, porque nos interesa el libro como objeto: aprender el proceso de hacerlo. Por otra parte, era publicarnos a nosotros y a nuestros amigos. Y la forma que veíamos era esa. No se nos ocurrió ir a las editoriales a ver si estaban interesadas. Ni se nos pasó por la cabeza.

Ahora, agrega, editar libros y escribir es su actividad profesional principal, porque hace poco renunció a su trabajo en una librería. Se la jugó. “Fue una decisión difícil de tomar. Empecé a trabajar en Escaramuza casi que cuando arrancó y tenía una relación afectiva con mis compañeros de trabajo, además de que era una seguridad económica. Pero sentía que era un paso que tenía que dar para hacer lo que me gusta, que es editar y escribir”.

En realidad, acota inmediatamente, lo que más le gusta es leer, y tanto escribir como publicar libros es una manera de estar siempre leyendo. Codirigir Pez en el hielo lo obliga a hacer lo que más le gusta y se califica a sí mismo como “muy curioso”. Siempre está buscando autores y editoriales nuevas.

Y siempre, también, está escribiendo. Escribe un diario personal y de esas escrituras es que empiezan a brotar ideas para sus relatos, como la novela publicada el año pasado por Criatura. "Los pasajes comunes" está ambientada en un complejo habitacional que parece encapsulado en su propio tiempo y espacio. Ahí, entre construcciones grandes y poco amigables, fruto de una arquitectura impulsada por militares, unos amigos viven y sobreviven como pueden, bautizando a ciertos lugares del complejo de acuerdo a vivencias que han tenido, como “Diluvio” o “Infinito”. Fue parte de esa novela y algunos cuentos de la compilación Animales... que la gente de la revista Granta leyó y motivó que lo incluyeran en la lista de "los 25 mejores narradores en español menores de 35 años".

“Es un mundo que no existe pero que tiene que ver con recuerdos míos de la adolescencia, viviendo en Euskal Erría y la crisis de 2002. Es la historia de un lugar, y de cómo ese lugar, su arquitectura, fue calando en la subjetividad de los personajes”, dice Baz y aclara que no se trata de una novela autobiográfica.

Estructurada de forma similar a un diario personal, la novela es corta en extensión (menos de 100 páginas) pero intensa y extensa en su depurado estilo. Ahí aparece también San Pablo, a donde se va el narrador, y las ratas, animales que ya estaban presentes en alguno de sus primeros cuentos.

—¿Te fascinan las ratas?

—(Se ríe). En realidad no, pero tienen un componente de algo que subyace, algo que está ahí pero no podemos ver. Y eso tiene mucho que ver con lo que escribo: lo subterráno. Esto lo estoy pensando ahora mientras te hablo, pero creo que va por ahí. Uno sabe que están ahí, pero cuando aparecen es como un shock.

Baz se encuentra, como muchas veces los personajes de la novela, en un intersticio, entre una cosa y la otra. Renunció a un ingreso estable pero tiene el espaldarazo de un reconocimiento relevante. ¿Qué sigue? “Que me hayan elegido es una motivación para seguir escribiendo. No lo siento como una responsabilidad, como si fuese una presión”, dice y sin proponérselo vuelve al incentivo —como ocurría en su infancia cuando le regalaban libros— como un motor que impulsa sus pasiones, la lectura y la escritura. Será cuestión de esperar para ver qué surge de lo que él va plasmando en su diario personal.

Sus cosas

un/a escritor/a
Agota Kristof
Agota Kristof
"Si tengo que elegir solo a una, te diría Agota Kristof. La conocí hace un par de años y vuelvo a ella cada tanto. Todavía me quedan libros por leer y sé que están por venir a Uruguay. Me parece impresionante su forma de escribir sobre los traumas de la guerra. Pero también te tendría que decir que Mariana Enríquez, Roberto Bolaño y Rubem Fonseca son muy importantes. Imposible no mencionarlos".

un artista plástico
Alberto Giacometti
Alberto Giacometti
"En mis dos libros aparecen bastante las artes plásticas. El surrealismo de Giacometti y De Chirico me nutrió mucho para cuentos como Tieté, Sobre nosotros y también para Los pasajes comunes. También las fotografías de Miguel Rio Branco y su idea de Maldicidade, una mirada bastante tenebrosa sobre los bordes de las grandes ciudades".
un barrio
barrio Jacinto Vera
Jacinto Vera
"Vivo ahí desde hace 4 años y me siento muy cómodo. Me encantan sus calles, sus árboles, sus plazas. La sensación de cercanía con los vecinos y la vida cultural del barrio".
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