El sexo se paga también con salud

| Muchas jóvenes llegan a policlínicas para sacar la libreta para ejercer la prostitución y no saben siquiera qué es sífilis, cuando en Uruguay es una grave infección de transmisión sexual en sensible aumento. Uno de cada 5 trabajadores masculinos y travestis tiene HIV positivo, pero no acuden al sistema de salud. Más de 8.000 personas venden sexo por dinero en las calles. No sólo presentan males venéreos sino también angustias y depresión.

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El País

GABRIELA VAZ | MAGDALENA HERRERA

La Policlínica de Profilaxis de Infecciones de Transmisión Sexual no parece del Tercer Mundo, está más abajo: hay quejas de los trabajadores sexuales sobre eso.

Sólo las puertas de hierro ofrecen una pequeña señal de que no se trata de una casona vieja más del Montevideo céntrico. Apenas se toca timbre, un muchacho que oficia de seguridad la entreabre con cara interrogante. Una vez adentro, a unos pasos a la izquierda, se encuentra la clientela masculina que ya a las 11 de la mañana suma gente en la whisquería. Cerca de una docena de parroquianos -muchos no parecen recién bañados- están instalados en diferentes mesas altas. Las luces son muy tenues en tonos rojos, la humareda es obvia a la vista y el olfato. En la barra se ubica la encargada expendiendo bebidas, y controlando el ajetreo de las habitaciones, un piso más arriba. Dos televisores con imágenes pornográficas amenizan a los espectadores, además, por supuesto, de chicas, ataviadas con bikinis colaless de lentejuelas, pequeñísimos shorts de encaje rojo y lencería erótica negra.

En uno de los cuartos del primer piso, visiblemente aseado, algunas de las trabajadoras sexuales hablan sobre sí mismas, los cuidados sanitarios que toman para no contraer infecciones de transmisión sexual u otras enfermedades, las depresiones que padecen, y la fantasías de los clientes. En ocho horas y media de trabajo pueden atender hasta catorce hombres y sacar un promedio de $ 1.000 en un buen día. "Solicitan todas las fantasías que puedas imaginar, cualquiera", cuenta Yamila que, con 22 años, ya tiene tres de prostitución, cuatro hijos pequeños y segundo de liceo sin terminar. Es la que se muestra más a la defensiva: "Yo nunca contraje nada, pero es algo reservado, no es para andar contándolo".

La mayoría de los hombres no quiere utilizar preservativo cuando paga por sexo, coinciden trabajadores sexuales, dueños de prostíbulos, e incluso médicos. "Nos llegan a ofrecer hasta 800 dólares por hacerlo sin condón. Igual, no son ellos los que se tienen que cuidar, sino nosotras. En esta casa nos exigen la libreta que proporciona la Policlínica de Profilaxis, con controles mensuales. Hay que entenderle la cabeza a los hombres: se nota un incremento de mujeres que trabajan en la calle y se drogan. Esas mujeres no tienen control ninguno. Apenas se bañan, ¡mirá si se van a controlar! Pero se venden más baratas y no usan condón. Está en esos hombres, que parece que no tienen media neurona, comprar a esas mujeres. Claro que debe haber miles de casos de sífilis. De sífilis, y de mil enfermedades más", opina Valeria, 24 años, madre de tres niñas, con varios años de oficio y apenas escuela terminada. La joven puede tener algo de razón. Uno de cada cinco hombres y travestis que ofrecen sexo en las calles de Montevideo es VIH positivo.

Por otro lado, una de las infecciones de transmisión sexual más graves, la sífilis, se encuentra en sensible crecimiento. En el primer semestre de 2009 fueron notificados a Vigilancia Epidemiológica del Ministerio de Salud Pública (MSP) 1.087 casos en la población general, encontrándose los trabajadores sexuales entre los grupos más vulnerables a contraerla.

PUERTAS ADENTRO. El propietario de otra whisquería, llamada Divas y más conocida como "Yaguarón 1414", cuenta que en su negocio cada habitación tiene un cartel que señala el uso del preservativo obligatorio. "Pero lo que sucede puertas adentro, nunca se sabe", confiesa Mauricio, que también por experiencia señala que el 90% de los clientes piden sexo sin condón aunque les cueste más dinero.

"Ahí entra el cuidado de cada chica, sus necesidades económicas o incluso su codicia de ganar unos pesos. En nuestra casa insistimos que los utilicen pero sabemos de otros lugares de la competencia, que como llamador o en la desesperación utilizan como eslogan que allí no se usan preservativos, y hasta se lo exigen a sus chicas".

El propietario de Divas se pregunta muchas veces cómo hacen esos otros prostíbulos para seguir trabajando, ya que él recibe por lo menos dos inspecciones mensuales del Departamento de Orden Público de la Policía, del INAU casi todas las semanas y de la comuna capitalina varias veces al mes. "Y muchas veces llegan jóvenes que trabajaron en otras casas o en la calle y cuando les pido la libreta de Profilaxis no saben lo que es, ni nunca se la habían sacado antes".

Se estima que 3.135 mujeres ejercen la prostitución callejera a nivel nacional, según el Censo Trabajadoras Sexuales Femeninas, realizado en 2006 por el Programa Prioritario ITS/Sida del Ministerio de Salud Pública y la Asociación de Meretrices Profesionales del Uruguay (Amepu). El mismo sondeo, pero confeccionado conjuntamente con la Asociación Trans del Uruguay (ATRU), evaluó en 4.378 la cantidad de trabajadores masculinos y trans que recorren las avenidas de las principales ciudades -Montevideo a la cabeza- en busca de dinero a través del sexo.

"Yo ni siquiera doy besos en la boca -dice Valeria- pero no por ese cuento de que las prostitutas no los dan. No lo hago por mis hijas, por respeto a ellas, que cuando llego a casa me abrazan y besan".

-Yo doy picos- interviene Yamila.

-Pero los hombres no te piden picos, te piden besos de lengua. A mi me da un asco tremendo- le refuta Valeria.

Yamila transa en los besos, que se pagan $ 100 adicionales al servicio. Pero asegura que no negocia con el preservativo.

Tanto Valeria, Yamila, como muchas de sus colegas de whisquerías, prostíbulos y casas de masajes con cierta reputación en el ambiente son las que más se cuidan, observan las médicas de la Policlínica Profilaxis de Infecciones de Transmisión Sexual (ITS), dependiente del Hospital Maciel. Allí concurren todos los trabajadores sexuales de Montevideo que necesitan obtener o mantener en regla la libreta que, por ley, se les exige para ejercer la prostitución.

Subpoblación. Si fuera por quienes transitan por la Policlínica de Profilaxis de ITS, sólo habría 500 trabajadores sexuales habilitados para ejercer al mes en Montevideo. Pero se sabe que son miles. "El archivo cuenta con más de 5.000 fichas. Pero es rotativo, dejan de venir, luego reaparecen a los seis meses o a los dos años", indica la encargada del lugar, María Josefina Nicola, especialista en dermovenereología.

Conjuntamente con sus colegas, las médicas Diana Curbelo y Celia Maedo, y la licenciada en psicología Catherine Wild, aseguran que la sífilis es la enfermedad que más se detecta, seguida de gonorrea, vaginosis, papilomas y HIV. "No pasa como en otros centros, donde se presenta una gran explosión de sífilis. Las que ya están trabajando no la tienen. Se ve en las primerizas. Llegan muchas de 18 años que aseguran haber comenzado a trabajar dos meses antes, pero uno se da cuenta que ya llevan tiempo en eso", indica Diana Curbelo.

Allí mismo se les realizan los exámenes y, en caso de detectarse enfermedades venéreas, se pautan los tratamientos. Luego, se controla la evolución. Las expertas indican que quienes menos utilizan el preservativo -y por lo tanto contraen más enfermedades- son las más jóvenes, por falta de conocimiento, y las de mayor edad, como forma de atraer al cliente frente a una dura competencia. Y están de acuerdo, según les han transmitido las pacientes, que la gran mayoría de los hombres pagan por sexo sin preservativo. Sin embargo, desde la Policlínica se otorgan condones en forma gratuita a quien lo solicite, aunque los brindados por el Ministerio de Salud Pública no alcanzan para cubrir las necesidades totales. Las ONG vinculadas colaboran en ese aspecto. Tanto Amepu, como ATRU y la Red Uruguaya de Trabajadores Sexuales Trabajando en Sida (Utasextrasida), que agremian distintos grupos relacionados a la prostitución, asesoran, ayudan y/o reparten preservativos entre sus asociados y todo aquel que se los pida. La socióloga María Luz Osimani, directora del Programa Prioritario ITS/Sida del MSP, admite que a la hora de prevenir, los activistas son figuras fundamentales. "Trabajar entre pares es lo más indicado y eficaz", explica. Por ello más de una vez estas ONG han colaborado para realizar estudios sobre esta población.

La ex meretriz Magdalena Carrere es la presidenta de la Red Utasexatrasida, asociación que nació hace tres años con la idea de tratar la discriminación de las trabajadores sexuales que son VIH positivo. Todavía están en busca de sede y tienen grandes problemas de financiación, pero se las arreglan para llevar canastas a los hospitales y brindar talleres educativos. Aunque, para ellas, hoy en día "no hay tanta ignorancia, todo el mundo sabe qué es un preservativo".

Sin embargo, no es tan así. Se nota desconocimiento, sobre todo en las primerizas, que en su gran mayoría no saben casi nada de las infecciones de transmisión sexual, según los expertos. "Desde el punto de vista médico, les enseñamos lo que deben mirar para saber si la persona con la que tendrán sexo tiene alguna patología notoria como el chancro sifilítico, por ejemplo. Muchas veces no saben si el hombre se puso preservativo o no, dicen que no se dan cuenta si se lo sacan. Hay que enseñarles", ilustra Nicola.

Problemas. Hay quejas de las trabajadoras sexuales acerca de cómo se las trata en Profilaxis. "Como si fuéramos ciudadanas de segunda; las enfermeras nos destratan y nos pinchan dejándonos unos machucones bárbaros", dice Yamila, mientras Valeria alega que quienes las revisan no son ginecólogos y que el lugar no cuenta con personas de esa especialización.

También los travestis tienen sus reproches. "Algunas enfermeras son muy respetuosas, pero otras gritan tu nombre (de varón) en el consultorio, sabiendo que te van a incomodar", sostiene Gloria Álvez, presidenta de ATRU, aunque concede: "Es verdad que no todas `las chicas` son santas. Algunas llegan alcoholizadas a sacarse sangre".

Lo cierto es que a simple vista, la policlínica -paradójicamente destinada a prevenir infecciones- no parece del Tercer Mundo sino de lo que viene por debajo de éste. Las humedades cubren todas las paredes que se caen a pedazos, el baño es bastante aterrador, no existe el papel higiénico ni el jabón y, si no alcanzan los preservativos, las camillas son insuficientes o están en mal estado, mucho menos se puede pensar en contar con una computadora. Por lo tanto, esos 500 trabajadores sexuales que mensualmente transitan por allí deben esperar que manualmente se lleven todos los registros en cuadernos y planillas, luego de realizados los análisis pertinentes. El trámite lleva su tiempo y las prostitutas muchas veces se ponen nerviosas, se defienden las médicas. "Algunas veces vienen pasaditas de droga o alcohol. O sin droga, que es otro problema. Aquí nadie se pelea con nadie, salvo una época en que no había marihuana en el mercado y estaban completamente descontroladas. Pero los líos eran entre ellas, hasta rompieron un vidrio. Pero con nosotras, los médicos, jamás tuvieron algún tipo de discusión. Intentamos que no se junten en la sala, justamente para eso", indica la doctora Maedo.

También es cierto, reconocen, que no hay ginecólogo cuando en otras épocas lo había. "Pero los especialistas en el tratamiento de esas enfermedades son los dermatólogos", aclaran. "No van a encontrar alguien que las atienda mejor en todo el Uruguay que las doctoras Curbelo y Maedo. Así te lo digo", sentencia Nicola, y agrega que aún fuera de su área, las revisan de arriba a abajo, y las derivan al Pereira Rossell si encuentran algún problema. "Más de un cáncer de cuello de útero se ha detectado aquí".

Claro, al concurrir a Profilaxis, muchas veces las trabajadoras quieren respuestas sobre anticoncepción, entre otras interrogantes. "Tienen razón en cuanto a que a veces tienen algún problema ginecológico que no le podemos solucionar, y las derivamos", asume Maedo.

También se reconocen ciertos roces con las enfermeras, pero fundamentalmente por los tiempos de espera. Nicola explica que se trata de análisis de sangre y exámenes de muchísimo rigor y cuidado, en los que nadie puede equivocarse. "Imagínese que se le diga a alguien que es VIH positivo, y esa sangre es de otro paciente. Es difícil encontrar personal de enfermería, y fundamentalmente que trabaje en forma tan minuciosa y bien. Puede ser que ellas sientan que se demora, y se pongan nerviosas. Pero el planillado, escribir todo en los cuadernos, entre las otras tareas administrativas, lleva su tiempo", aclara Nicola.

Angustias y depresión. Se menciona poco y nada, pero es una de las grandes patologías de esta población. Las médicas de Profilaxis lo notan en su trabajo diario: la depresión atañe a gran parte de los trabajadores sexuales. Algunas de las protagonistas lo reconocen. "Yo llego a mi casa y no me falta nada. Tengo todo lo material. Lo que me piden mis hijas, se los doy. Pero me falta otra cosa, capaz es tiempo para disfrutar lo que tengo", reflexiona Valeria, quien asegura que tanto ella como todas sus compañeras tienen días de bajón.

En la policlínica del Maciel intentan dar contención en este aspecto. "Trato de estar en la sala de espera, conversando con ellas y luego, si quieren, continúo viéndolas", dice la psicóloga Catherine Wild.

Los mayores problemas psicológicos se observan cuando las familias de las trabajadoras jóvenes se enteran de lo que están haciendo, o cuando tienen problemas con sus hijos. "Ellas separan muy bien su trabajo de su familia. Consultan por sus temas personales, no por el hecho de trabajar; lo tienen bien tapadito".

Para muchos transexuales, la angustia también es un viejo conocido, pero no obedece a la prostitución en sí, sino a que suelen acarrear con un largo historial de discriminación y rechazo. "Si te deprimís es porque tu familia o tu grupo no te acepta, y es muy doloroso. Pero no por dedicarte al trabajo sexual. Cuando lo hacés, ves que es redituable; sacás para comer, para vestirte, para pagarte un techo, podés darte gustos. Es cuando vienen las cuentas y no tenés el dinero, cuando tenés problemas", opina Álvez.

Gladys Duré, actual integrante de la Red Utasextrasida y quien se dedicó a la prostitución durante muchos años, coincide: "Una se bajonea cuando no tiene un peso para llevar a la casa. Eso es lo peor. Pasarte toda una noche parada, llegar a tu casa y no tener para comprarte un litro de leche".

"La educación sexual es un desastre"

El aumento de la sífilis es uno de los temas que más preocupa hoy en Salud Pública. Tal es el incremento que desde fines de 2008 se resolvió la notificación obligatoria de esa enfermedad. En lo que va de 2009 se registraron 1.087 casos en la población. No se ha cuantificado qué tanto afecta a los trabajadores sexuales. De hecho, la encargada de la Policlínica de Profilaxis de ITS, María Josefina Nicola, dice que no notaron un aumento tan explosivo de sífilis en ese grupo específico. "Se ha mantenido. Tampoco desapareció como hace 50 años pensábamos que iba a pasar con la penicilina. La sífilis posnatal es gravísima. Acá no llega porque (en general quienes la padecen) son menores".

Por eso, Roberto Sergio, jefe de la Sala de Maternidad Adolescente del Hospital Pereira Rossell, está más que empapado en el tema. El médico no trata con trabajadoras sexuales -aunque ha atestiguado situaciones de todo tipo, como que una paciente de 14 años se vaya a vivir con un hombre de 65 porque le da un techo y luego se embarace, o que otra chica haya sido vendida a un hombre por su madre por un cajón de verduras- pero atribuye el incremento de la sífilis "al descontrol sexual sin preservativo" y es muy crítico con el sistema educativo. "Es un desastre la educación sexual. Entre las menores que tengo acá, el 85% no pasó sexto año de escuela. Entonces, ¿dónde se van a educar? (...) Respeto mucho a los maestros del Codicen, pero ¿qué sabe (la directora de Secundaria Alex) Mazzei sobre educación sexual? Fui tres veces y nunca me atendió. Tengo pacientes que llegan con sífilis, se las cura y a los dos meses vuelven al control de embarazo con sífilis. Nunca había visto una sepsis por sífilis en recién nacidos como ahora". Y agrega: "Todos saben lo que es el condón, pero lo usan mal (...) Les pregunto si usaron, su pareja les dijo que sí pero ellas no se dieron cuenta. Entonces, sacá tus conclusiones sobre el tipo de sexualidad que tienen".

Las cifras

3.135 Cantidad de mujeres que ejercen la prostitución callejera en todo el país, según censo de 2006. No incluye trabajadoras de prostíbulos.

500 Precio por hora que cobran las whisquerías del Centro. Los besos se pagan aparte a la trabajadora. Promedio, ganan $1.000 por día.

4.378 Cantidad de hombres y "trans" (travestis) que ejercen prostitución callejera en todo el país, según el mismo censo, realizado en 2006.

19,3% Porcentaje de trabajadores sexuales hombres y travestis con VIH en Montevideo y el Área Metropolitana, según estudio de 2008.

5% Prevalencia de VIH en grupos de mayor vulnerabilidad, como los trabajadores sexuales. En la población general, la cifra es de 0,42%.

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