¿El fin de la buena letra?

| Las nuevas tecnologías están desterrando la caligrafía. Ya casi no se escribe a mano. Pero la escuela garantiza su supervivencia.

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JUAN CRUZ*

Los alemanes dieron el grito de alarma: la caligrafía que alimentó la poesía de (Rainer Maria) Rilke perece a mano de las computadoras y los teléfonos inteligentes. Un estudio que citaba el diario Bild afirmaba que "uno de cada tres adultos no ha escrito nada a mano en los últimos seis meses". A la pereza manual contribuye que 79% de los hogares alemanes dispone de computadora y que la venta de celulares ya es una estadística imparable.

Escribir a mano es bueno para el cerebro, dicen los expertos. En medio de aquella alarma alemana, un eminente psiquiatra, Manfred Pitzer, comentó que "la escritura es fundamental para fomentar la coordinación y las habilidades manuales". Y su ejercicio periódico resulta esencial para la actividad cerebral.

Al tiempo que se producía esa alarma en Alemania, un periodista, Luis Martín, de El País de Madrid, realizaba una curiosa encuesta entre los seleccionados españoles que disputaban la Eurocopa. Entre las preguntas, Martín inquiría a cada uno de los futbolistas qué tal andaban de caligrafía. Extrañaba la pregunta, en un universo que cada vez se aleja más de la escritura básica, sustituida en todo el mundo por la amañada perfección de la industria. Luis incluyó esa pregunta en su excéntrico cuestionario porque su abuelo, el zapatero José Martín Díaz de Losada, solía decirle: "Tú que tienes buena letra, vete a comprar el vino".

Todos los seleccionados serían capaces, a los ojos de este abuelo, de ir a comprar el vino. El periodista, que cubre el Barca, da fe. "Iniesta tiene una letra de trazo largo, como su juego, escribe bien... Xavi tiene una letra redondita, buenísima. Pedrito es muy legible, su letra es chiquita. Y la de Piqué es alargada, como él".

Fuera del fútbol, ¿hay motivo para alarmarse en España? ¿Estamos tan secuestrados por las computadoras como para decir que la caligrafía se muere? José Manuel Pérez Carrera, catedrático de instituto, fundador de la Asociación de Profesores de Español, apacigua las alarmas. Los niños siguen practicando la escritura a mano en las escuelas y no es cierto que todo esté dominado por el lenguaje sincopado de la red digital y los celulares. Los adolescentes que ya han accedido a esos instrumentos "aprendieron a escribir de pequeños".

Cuando los chicos empiezan a escribir en computadoras o en teléfonos móviles "ya tienen 12 años y dominan la escritura; así que cuando tienen que hacer un examen procuran una escritura legible. El que aprendió bien a escribir sigue escribiendo bien".

¿Así que no hay riesgo de que la caligrafía descarrile? "La computadora es una tentación muy grande; te permite corregir automáticamente y te produce la sensación de que está bien lo que has hecho. Pero la caligrafía es, para los adultos, un signo de distinción; es como la presentación de tu personalidad".

Pero sí se pierde la escritura a mano, aunque cuando se ejerza sea legible e incluso elegante. "Ahora han venido mis nietos de un campamento de inglés", dice Pérez Carrera, "y me han contado que en ese sitio solo se recibió una carta manuscrita en 15 días. Y fue una carta de la bisabuela de mis nietos. Cincuenta chicos, ni una carta".

La escritura era el espejo del alma. Y es el reflejo de la personalidad, dice el académico Francisco Rico, que ha buceado en la caligrafía de Cervantes o de Petrarca. "Pero no es tan significativa, no te creas. Hay grupos que escriben con la misma letra que aprendieron juntos en el colegio. Yo he podido recibir cartas que he atribuido a mi mujer pero que eran de otra porque todas las que estudiaron en el Sagrado Corazón de Jesús tienen la misma caligrafía". En los tiempos de la escritura tecnológica, por otra parte, se pierde la necesidad de la mano y esta puede ser cada vez más torpe, concede el profesor Rico. "Yo empiezo a no saber escribir o escribir cada vez peor materialmente".

La caligrafía queda más reservada a borradores, notas, apuntes, "una obra literaria se pasa directamente a la computadora. La caligrafía se usa, denuncia el estudioso del Quijote, "para firmar cheques y tarjetas de crédito, así que es evidente la decadencia de la caligrafía, algo que supone en cierto modo una difuminación de la identidad". Su colega, el también académico Salvador Gutiérrez, ve síntomas de descuido. "Estamos sustituyendo la escritura manual por el dedo pulgar. ¿Las consecuencias? No son previsibles. Lo importante es que se siga usando la mano en las primeras fases de la edad. Lo cierto es que la buena caligrafía refleja orden, y no sólo en la escritura, sino orden para resolver los problemas de la vida. Una buena escritura manual augura un mejor porvenir. Y por supuesto, el orden de la escritura evita el caos. La caligrafía es el orden en la página, la letra triunfa en la lucha entre el orden y el caos".

Frente a esa decadencia surge con fuerza la tipografía; "las fuentes tipográficas suplen con su diversidad el uso de una determinada caligrafía". Rico se distingue por el uso de la Courier, y explica con un chiste su desdén por la Tahoma: "Llega la Tahoma a un bar, y le dice el camarero: `Aquí no servimos a tipos como usted...".

Pero la caligrafía sobrevivirá, al menos como memoria, "porque siempre se aprenderá a leer y a escribir con lo manual".

Decían los viejos que despacio se escribe la buena letra. El refrán ya sirve para el pasado. Pero el diseñador Manuel Estrada cree que habrá una resurrección de la caligrafía. "Ahora parece que si no abrevias no estás en la modernidad. Y volverá la escritura a mano como expresión de la personalidad. Produce placer y comunica quién eres. Yo no dejo de escribir a mano. Todos aprendemos a dibujar, y el dibujo es escritura. Si no sabes escribir no sabes dibujar, y las conexiones neuronales reclaman el uso de la mano para dibujar, para escribir, para pensar. Que una civilización pierda la capacidad de escribir a mano no es un signo de modernidad sino de decadencia".

La escritura manual distingue a la gente, como su palabra o como su ropa. El Nobel portugués José Saramago escribió a finales de los años `70 un libro, Manual de pintura y caligrafía, que tiene una curiosa historia escolar. La cuenta su viuda, Pilar del Río: "Tanto él como su editorial portuguesa se sorprendieron por el volumen de libros solicitados por países africanos (Angola, Mozambique) de un autor entonces desconocido. ¡Los libros habían sido repartidos por escuelas como cuadernos de aprendizaje de la buena letra!"

En realidad, la historia de ese Manual es la de un pintor mediocre "que descubre que necesita palabras para llegar adonde no llega con la pintura...". Él tenía muy buena letra, por cierto. "Era una letra cuidada, redonda, legible, perfecta: cuidar el diseño de las letras era tal vez el primer paso para cuidar las palabras, la expresión de las ideas".

Es lo que piensa Andrés Trapiello, escritor y bibliógrafo, que mira entre las letras para descubrir tesoros. "En escribir", dice, "hay algo de musical. Sobre el teclado, parecemos un pájaro carpintero, percutiendo las letras; con la pluma, el bolígrafo o el lápiz, parece que el papel respirase, se le oye como un aliento". Como editor que ha sido ha visto de todo. ¿Cuenta tanto la escritura de un manuscrito a la hora de empezar a evaluarlo? "El secreto de todo, a mi modo de ver, es no afectarse: ni presumir de desaliñado, ni de pendolista. Aunque, qué duda cabe, nuestra letra dice mucho de cada uno de nosotros, pero a menudo engaña. Así que es mejor no sacar conclusiones, como tampoco de los zapatos que llevamos puestos. Nuestra letra es como los zapatos, lo importante es que sean cómodos y nos lleven lejos. Si pueden ser bonitos y estar limpios además, mejor; pero si no, tampoco importa. Y, por cierto, la letra, como los zapatos, acaba llenándose de bultos, ¿y por eso vamos a cambiarla, cuando más cómoda nos resulta?". Trapiello cree que "importa el pie, no el zapato, y el espíritu de la letra, no la letra".

Vladimir Nabokov veía en las letras colores diferentes. Ahora la escritura avanza hacia la igualación; el cerebro se queja, dicen los expertos, porque se ha adiestrado en recibir mensajes de la mano cuando esta avanza en silencio sobre el papel. Pero no hay que preocuparse, dice Rico. "Siempre veremos a Cristo escribiendo con el dedo sobre la arena. Esa escritura manual es insustituible y lo será siempre. Y la seguirán aprendiendo los chicos en la escuela". Ya no se borra. *El País de Madrid

LA VOZ DE UNA EXPERTA

"Sólo detrás de la palabra escrita está la persona real"

Para la perita grafóloga uruguaya Carmen Borbonet (foto), la computadora y el celular son "esos bichitos digitales tan necesarios como deformadores". Ella los utiliza, claro, pero es consciente de las consecuencias. Ahora, ante la pregunta de si la tecnología y la digitalización van a hacer desaparecer la caligrafía, Borbonet se muestra firme: "Pienso que no". Según la experta, la tabla de salvación es la formación escolar, donde a los niños todavía se les enseña a escribir a mano. "No va a desaparecer porque para poder usar el soporte digital precisamos tener el conocimiento base, tenemos que saber el alfabeto, los números y los símbolos para poder mandar un mensaje de texto o escribir en la computadora", explica. Y agrega: "Es lo mismo que le pasó a Gutenberg cuando inventó la imprenta en 1450".

Además, sostiene que la escritura es como la huella digital: parte de una identidad que nadie puede copiar. "Cuando alguien quiere mantener un vínculo con un amigo cercano que se fue a vivir lejos recurre a la escritura, porque lo escrito guarda la intimidad, da seguridad, permite sentir que esto es mío y de nadie más. Detrás de la letra escrita está la persona real mientras que en la computadora la persona se esconde y no muestra su verdadera identidad".

Borbonet define la caligrafía como "el arte de escribir con letra bella y correctamente formada" y la distingue de la "escritura caligráfica", que es aquella que "no perdió el modelo escolar". Aquí es donde la experta encuentra el dilema de la modernidad: "Este molde es el que se va a romper después de los 12 años, cuando el niño ya está escribiendo hace mucho tiempo y es capaz de chatear, mandar mails y navegar por Internet".

Entre los cambios más radicales que produce la era digital, la experta -especializada en recursos humanos, docente y asesora de empresas- enumera la pérdida de la capacidad de razonar, la ausencia de comunicación e incluso la falta de estabilidad emocional. "La no práctica de la caligrafía aumenta la ansiedad, porque en la computadora todo viene rápido, perfecto, incluso corregido".

Sin embargo, no pierde el optimismo. Asegura que suele haber un reencuentro con la escritura en la edad adulta: "Se debe volver a la caligrafía de los ratos muertos, de la divagación, de los apuntes de clase, de los garabatos, que son importantes y que nos permitieron ser nosotros mismos", concluye la experta.

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