El científico que cambió la historia del cáncer ahora quiere derrotar al tumor más letal

Tras cambiar la biología del cáncer en los 80, el español Mariano Barbacid busca ahora alterar la estadística del cáncer de páncreas.

Mariano Barbacid, investigador del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO). Foto: EFE
Mariano Barbacid, investigador del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO). Foto: EFE<br/><br/>

Cuando la mayoría de los científicos ya piensan en el legado, Mariano Barbacid sigue hablando en presente. “Ahora nuestro objetivo es curar el cáncer de páncreas en pacientes, y cuanto antes, mejor”, dijo recientemente en una entrevista con Saber Vivir.

No es una frase más: su equipo ha logrado eliminar completamente tumores de páncreas en ratones, un avance que ha devuelto a la primera línea a quien hace décadas ya había cambiado la historia de la oncología al descubrir el primer oncogén humano.

El anuncio -recogido por medios en todo el mundo- ha despertado esperanza y cautela a partes iguales: lo que funciona en ratones no siempre se replica en humanos.

El propio Barbacid lo sabe mejor que nadie. Pero a sus 76 años, el fundador del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) de España vuelve a situarse en el centro de la conversación científica mundial.

El niño curioso.

Mucho antes de convertirse en referencia internacional, Barbacid fue un niño criado en el madrileño barrio de Chamberí, hijo único de una familia humilde.

Según reconstruyó El Mundo, creció en una cultura del estudio y el esfuerzo, con una curiosidad temprana por entender cómo funcionaban las cosas. Sacaba buenas notas y, cuando no estaba con los libros, jugaba al fútbol soñando con vestir la camiseta del Real Madrid, una pasión que todavía conserva.

Hubo una figura decisiva en esa vocación científica precoz: Carmen Michelena, madre de un compañero de clase y profesora, que decidió darle clases particulares gratuitas. Con ella se adentró en conceptos tan complejos como la estructura del ADN o el principio de indeterminación de Heisenberg cuando apenas era un adolescente. No se consideraba un prodigio, pero sí alguien con una enorme capacidad de trabajo y una curiosidad difícil de saciar.

Estudió Ciencias Químicas en la Universidad Complutense de Madrid, donde se doctoró en 1974. Ese mismo año obtuvo una beca Fulbright que cambiaría su destino. Se instaló en Estados Unidos para realizar una estancia postdoctoral en el Instituto Nacional del Cáncer. Llegó con un inglés precario, pero pronto se integró en un entorno altamente competitivo. Durante años lideró equipos dedicados a estudiar la biología molecular de los virus asociados a tumores.

En 1982 firmó el hallazgo que lo convertiría en una referencia mundial: el descubrimiento del primer oncogén humano, publicado en la revista Nature. Por primera vez se identificaba un gen mutado capaz de desencadenar cáncer en humanos, un avance que transformó la manera de entender la enfermedad. El cáncer dejaba de ser una entidad abstracta para convertirse en una patología con bases moleculares concretas.

Tras casi dos décadas en Estados Unidos -con etapas también en Princeton y colaboraciones académicas de primer nivel- regresó a España con una idea clara: demostrar que en su país podía hacerse ciencia de frontera. En los años 90 fundó el CNIO y lo dirigió hasta convertirlo en uno de los centros de investigación oncológica más relevantes de Europa.

En el plano personal, estuvo casado con Mónica López Barahona, experta en Bioquímica y Biología Molecular, con quien tuvo dos hijas.

Barbacid ha dicho en algunas entrevistas que ellas son una de sus grandes motivaciones: insiste en que, si se invierte lo suficiente en investigación, podrán llegar a vivir en un mundo en el que el cáncer -incluso el de páncreas- tenga solución. “Por ellas y por todas las personas que lo han padecido, lo padecen o lo padecerán, quiero dedicar parte de mi legado a financiar lo único que realmente puede acabar con él: la investigación”, contaba en su momento, según recogía ABC en 2024.

Páncreas
Páncreas.
Foto: Freepik.

La eminencia mundial.

Pero si el oncogén marcó el inicio de su prestigio global, el cáncer de páncreas se ha convertido en su gran obsesión científica en los últimos años. Es uno de los tumores más agresivos y con peor pronóstico. A finales de enero de 2026 presentó los resultados con los que su equipo logró, por primera vez, la regresión completa de tumores pancreáticos en modelos animales.

“En los ratones, el tumor desaparece y no vuelve”, señaló Barbacid. “No sabemos muchas cosas, pero sabemos qué pasa. No se había conseguido hasta ahora”, agregó. El avance abre una vía de investigación que ahora deberá validarse en ensayos clínicos.

Barbacid insiste en la prudencia. Sabe que muchas terapias que funcionan en ratones no siempre lo hacen en humanos. La frontera entre la esperanza y la evidencia es estrecha. Pero también sabe que cada paso cuenta. Aun así, el avance ha reavivado campañas ciudadanas que piden para él el Premio Nobel de Medicina.

En entrevistas recientes ha reclamado una mayor cultura científica en España. En Marca comparaba la pasión por el deporte con el escaso reconocimiento social hacia la investigación. En Expansión señalaba la necesidad de financiación estable y planificación a largo plazo.

No habla desde la queja, sino desde la experiencia de quien ha visto funcionar sistemas científicos robustos en otros países.

“Este cáncer lo conocemos muy bien, pero no podemos hacer nada más allá de la quimioterapia. Y la quimioterapia no es el futuro”, explicó.

Para que esta triple terapia pueda llegar a un ensayo clínico en humanos se necesitarán al menos tres años. Primero, deberán generarse moléculas con mejores propiedades farmacológicas, un proceso que podría llevar aproximadamente un año. Después comenzará el recorrido regulatorio necesario para autorizar su uso en pacientes. Y, además, se necesitan fondos: “En total, unos 30 millones de euros solo para poder empezar”, apuntó, para lamentar que “en España se invierte sobre todo en ladrillo”.

Su carrera puede leerse como un arco coherente: del niño curioso de Chamberí al investigador que descifró un gen clave del cáncer; del científico emigrado al fundador de una institución puntera; del descubridor del primer oncogén humano al investigador que hoy intenta derrotar uno de los tumores más letales.

A sus 76 años no habla de retirarse. Habla de pacientes. De tiempos clínicos. De resultados medibles. “Curar el cáncer de páncreas en pacientes, y cuanto antes, mejor”, repite. Después de haber cambiado la biología del cáncer, su desafío ya no es comprender la enfermedad, sino alterar su desenlace.

APOYO DE ANTONIO BANDERAS

La investigación que lidera Mariano Barbacid no solo avanza en el laboratorio: también libra una batalla paralela por la financiación. Tras publicar en Proceedings of the National Academy of Sciences los resultados que demostraron la eliminación completa de tumores pancreáticos en ratones, el equipo advirtió que el siguiente paso exige recursos millonarios y varios años de trabajo.

Ante ese llamado, el actor Antonio Banderas anunció públicamente su apoyo. A través de su fundación Lágrimas y Favores, se comprometió a aportar fondos. En redes sociales, Banderas destacó el esfuerzo “con empeño, fe y constancia” del equipo científico y lanzó un mensaje directo: “Hay que ayudar y lo vamos a hacer”.

El respaldo del actor no es solo simbólico. En un contexto en el que Barbacid estima que se necesitan alrededor de 30 millones de euros para iniciar el proceso clínico, el apoyo público busca movilizar donaciones privadas y acelerar el tránsito del laboratorio a los pacientes.

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