"En ningún ambiente de trabajo existe igualdad absoluta entre hombres y mujeres, siempre hay un componente de discriminación", (politóloga Constanza Moreira). | sin pautas
MAGDALENA HERRERA
Vivía la discriminación de niña y adolescente pero no me daba cuenta que lo era: jugaba truco solo si faltaba un varón. Luego, siendo dirigente estudiantil de la Asociación de Estudiantes de Medicina, en 1968, fui en votación secreta elegida para integrar el Comité de movilizaciones. Cuando ingresé a la reunión, uno de los compañeros dijo que se retiraba porque en un organismo de ese tipo no podía haber una mujer, porque no sabían mantener secretos. Si bien no me fui, me resultó bastante fuerte", recuerda Carmen Beramendi, directora del Instituto Nacional de la Mujer, del Ministerio de Desarrollo Social.
En el Día Internacional de la Mujer, ocho uruguayas, representantes de las más diversas áreas, hablan de equidad, o no, de "techo de cristal", de sus propias experiencias. La compositora e intérprete Laura Canoura, la empresaria Laetitia D`Arenberg, la directora del Instituto de la Mujer Carmen Beramendi, la artista plástica Cecilia Mattos, la diputada Sandra Echeverry, la politóloga Constanza Moreira, la conductora y actriz Claudia Fernández y la senadora Margarita Percovich recorren temas que importan al género, y se animan a aconsejar políticas de Estado que deberían existir en ese camino hacia la igualdad.
Antes, vale recordar sin demasiado orgullo algunas cifras nacionales: de 99 parlamentarios uruguayos, 14 son mujeres (10.7%), cuando el electorado femenino representa el 52%. En el período anterior de gobierno había 15 representantes mujeres en las cámaras. Se dio un paso atrás en el Legislativo, mientras que el Ejecutivo caminó hacia adelante con respecto a sus antecesores: un 33% de los ministerios está liderado por mujeres. La Suprema Corte de Justicia cuenta con cinco miembros: todos hombres. Cero avance.
De una encuesta realizada por El País Digital durante toda la semana que precedió se desprende, además, que un 83 % de los lectores opina que en Uruguay no existe igualdad de género en el área laboral, ya sea en remuneración, acceso a cargos o reconocimiento público. Un 17% señaló que hay avances o que sí existe equidad (ver recuadro).
Ni tanto, ni tan poco. Se puede y no se puede, para algunas es más fácil, para otras no, depende también del medio en que la mujer se desarrolle, se desprende de las reflexiones de las entrevistadas. De todos modos, a nivel general investigaciones de la Facultad de Ciencias Sociales y de la de Ciencias Políticas hablan de importantes brechas, que se agudizan según nivel socioeconómico y educativo.
OBSTÁCULOS. ¿Techo de cristal? Esa barrera muy difícil de atravesar para la mujer a la hora de acceder a puestos medios o altos, sea en los ámbitos públicos o privados. La invisibilidad de la misma se da porque, obviamente, no existe ley, regla, norma, que establezca ese "techo". Es una realidad tácita y cultural y, por lo tanto, invisible.
¿En los salarios femeninos en Uruguay existe un techo de cristal? Un estudio realizado en 2004 por Marisa Bucheli y Graciela Sanromán, del Departamento de Economía de la Facultad de Ciencias Sociales, sugiere que sí.
A igual trabajo, distinta remuneración. Y cuánto más alto es el cargo de la mujer, mayor es la brecha. "Las diferencias más agudas se dan en el grupo con mayor nivel educativo, con más de 13 años de instrucción, ganan el 69% de lo que perciben sus colegas varones. En términos globales, las mujeres ganan por hora el 90% del salario masculino", señala Carmen Beramendi.
Otras cifras que oscurecen: sólo el 33% de la carga total de tareas que desempeña la mujer son pagas, mientras el 67% no es remunerada. En el caso de los hombres, ese porcentaje es justamente el inverso.
"El 67% es ese trabajo invisible, que nadie reconoce, no remunerado, que agota, que desaparece en un segundo, que lleva horas hacer pero luego se esfuma como sino hubiera existido esfuerzo detrás de él, lo que es un gran aporte para la sociedad productiva", ha repetido Beramendi en sus conferencias, así como que el "50% de la labor femenina pasa por trabajos precarios o servicio doméstico".
"En ningún ambiente de trabajo existe igualdad absoluta entre hombres y mujeres -afirma la politóloga Constanza Moreira- siempre hay un componente de discriminación de género".
El área en que se desarrolla Moreira, la ciencia política, se dedica a estudiar la política, una actividad muy masculinizada. "Baste ver los porcentajes de mujeres en cargos electivos. Ello repercute también en la actividad. La mejor manera de combatir la discriminación -dado que los cambios culturales son los más difíciles de lograr- es introduciendo reglas que obliguen a la igualdad. Un ejemplo se encuentra en mi propia Facultad en los llamados que se hacen a estudiantes para hacer un `bolsón` de trabajo. Ellos se presentan sólo con su curriculum y notas. Cuando se aplicó este sistema, empezaron a entrar muchas más mujeres que antes, y más mujeres que hombres", señala la politóloga, aunque indica que en el área de reconocimiento público existen mayores déficits.
"Se prefiere llamar a un seminario, a una presentación, a alguien `conocido`, y los `conocidos` son hombres, no mujeres. También, muchos aspectos de mi profesión están reñidos con los compromisos familiares que atan a las mujeres: viajes al exterior, jornadas nocturnas, etcétera. La discriminación sólo se frena con reglas que luchen contra ella: lo `natural` (lo dado) en las instituciones, y en la sociedad, es la desigualdad. La igualdad sólo se produce a través de las leyes".
El ambiente de Laura Canoura es bastante particular. Sin embargo, la artista tiene la intuición, -"esas cosas no están demostradas claramente"- que los líderes de grupos de hombres cobran más que las mujeres. "Es difícil de comprobar si existe una cuestión sexista o no, porque siempre se puede aducir popularidad, calidad, fama, lo que sea. Ahora, desde el punto de vista interno, de los colegas, no hay discriminación. Soy mujer liderando un grupo. Mis músicos, sean hombres o mujeres, ganan lo mismo".
En arenas políticas, la diputada Sandra Echeverry señala que no existen diferencias salariales, ya que legisladores -mujeres u hombres- perciben igual salario. "El debe se encuentra en el porcentaje de participación de la mujer. No es que ella no trabaje políticamente sino que no se le está dando el espacio que corresponde", indica.
La senadora Margarita Percovich, por su parte, afirma: "El sistema político fue construido en su lógica, discursos y estilos de trabajo por los hombres a través de la historia del Estado. Las mujeres recién nos integramos a sus institucionalidades y organismos. Que nos reconozcan como iguales es algo que comenzó hace muy poco, y por lo tanto llevará mucho tiempo porque implica un cambio cultural muy profundo".
Equidad. Cecilia Mattos no duda que actualmente exista igual acceso a cargos y reconocimiento en el ambiente plástico nacional. "Quien tiene la última palabra es la obra del artista y esto no se puede tapar con un dedo. Una carrera coherente siempre obtiene reconocimiento. Hubo mujeres importantes en las artes uruguayas, pero fueron necesarios años para reconocer sus trayectorias. Hizo falta la presencia de críticas, curadoras y gestoras mujeres que cuestionaran los cánones sensibles masculinos. Viene a mi memoria la poeta Nancy Bacelo, que siempre tenía la palabra `Maestra` para hacer honor a quienes admiraba. Lamentablemente ese título se sigue utilizando acá sólo para los hombres", reflexiona Mattos.
La carrera que eligió Claudia Fernández no tiene los clásicos obstáculos. "Existe igualdad en todos los sentidos. Incluso, la mujer en este medio puede ganar un poco más. Ahora, por ejemplo, voy a conducir un programa en el 10 que se llama El Garage, y es para hombres. Eso muestra que la mujer tomó otro lugar, desde hace años tiene otro protagonismo. Estaría bueno que alguna mujer se lanzara a la presidencia en Uruguay ¿por qué no? Yo la votaría: la mujer tiene otra sensibilidad para ver las cosas. Claro... a veces somos las mismas mujeres las que nos discriminamos", dice Fernández.
En el ambiente empresarial en el que se mueve la Princesa Laetita D`Arenberg existe igualdad, "sobre todo entre chicos y chicas jóvenes", según aclara. "La remuneración es un reconocimiento y va de la mano tanto para las mujeres como para los hombres. Indudablemente en el campo me encuentro con más problemas. No por mi culpa, sino por una lamentable cuestión de educación". (Producción: María Inés Lorenzo.)
El siglo de lo femenino
Lic. Verónica Massonier
Las mujeres al poder? De ninguna manera. Más bien, estamos hablando del poder que van adquiriendo ciertos rasgos que han sido tradicionalmente asociados a lo femenino. Para muchos analistas, el siglo XXI marca la revalorización de algunos atributos que, presentes en hombres y mujeres, han sido la "marca" de la mujer.
¿Un ejemplo? La capacidad de realizar varias tareas al mismo tiempo, la "atención distribuida" ha sido patrimonio especial de lo femenino a través de la historia. Ante la concentración extrema del guerrero, que "sale a cazar" con un único frente de atención en la mira, la mujer se ha caracterizado históricamente por conciliar varios frentes: lo familiar se une con lo laboral, con el tejido de las redes sociales y afectivas. Y en este siglo que estamos comenzando, la capacidad de atender simultáneamente varios campos es una capacidad fundamental, que se va desarrollando en los niños y jóvenes de manera espontánea y señala un perfil adaptativo.
También se ha destacado a través de la historia la mayor facilidad de la mujer para entrar en conexión con su área afectiva. ¿Los hombres no lloran? Actualmente estas fronteras se van desdibujando, y el hombre va reivindicando la necesidad de una más nítida expresión de lo emocional. Se abandona la valoración de la "dureza". El ser humano (hombre o mujer) sensible, capaz de tomar contacto con lo que siente y expresarlo, representa un ideal a lograr. La imagen del padre está cada vez menos alejada de la imagen de la madre.
En ese mismo sentido aparece el cuidado del entorno. El discurso social se va apropiando del modelo "ecológico", menos agresivo y más "delicado". Podríamos decir que el "guerrero tradicional" va dejando lugar al "ecoguerrero" que lleva a cabo la lucha de la supervivencia intentando minimizar los daños que ocasiona a su paso. ¿Todavía lejos de lo masivo? Si, pero cada vez más cerca.
La articulación de la "vida privada" con la actividad exterior al hogar también crece en nuestra era. El nuevo modelo valoriza la capacidad de no descuidar el área familiar en aras de lo laboral, valoriza tener multiplicidad de intereses: hoy no deseamos una vida destinada solamente al éxito laboral o material, sino una vida balanceada. Y esto, las mujeres lo han sabido intuitivamente desde siempre. Simplemente, hoy pasa a ser una expectativa generalizada.
Por otro lado, lo femenino estuvo históricamente asociado al cuidado de la estética, al esmero por lograr que, tanto el propio cuerpo como el entorno, cultivaran la belleza y la armonía visual. Y bien, este aspecto toma especial relevancia en el siglo XXI. Ya no asociado a lo femenino sino como una expectativa universal: en un mundo cada vez más visual, la belleza y el cuidado estético se constituyen en inquietudes generales y compartidas.
Por último, la capacidad de conciliar: está comprobado que las sociedades esperan de una mujer una actitud más conciliadora y menos agresiva, más articuladora y diplomática, con un polo que apunta más a la seducción (Venus) y menos a la agresividad (Marte). Claro que no todas las mujeres responden a este modelo. Pero sin duda, el futuro del planeta también va a depender de la capacidad de potenciar estos rasgos tanto en el hombre como en la mujer. Algunos hablan del "imaginario de alianza", la disposición a integrar más que dividir.
El futuro está relacionado entonces con la capacidad de tener una mirada integradora, una "visión periférica" que amplíe el campo. Esta mirada es clave para lidiar con lo complejo y para ser capaces de "cuidar" a la vez que de "hacer". Por eso hablamos del siglo de lo femenino. Por eso no hablamos de "las mujeres al poder": no se trata del antiguo modelo de "poder" sino del crecimiento de los nuevos modelos.
Las cifras
8 de Marzo: Día Internacional de la Mujer que se celebra oficialmente en todo el planeta desde el año 1975.
10.7% Porcentaje de mujeres con participación política en las cámaras. Catorce legisladoras en un total de 99 miembros.
50% De la labor femenina pasa por servicios precarios o doméstico. El 67% del trabajo de mujeres es no remunerado.
69% Porcentaje del sueldo del hombre al que acceden como máximo las mujeres de mayor nivel educativo.
18 Total de servicios especializados en violencia doméstica, siete instalados ya en diferentes departamentos y once en proceso de apertura.